El «trumpismo» no acalla a Liz Cheney

La congresista reitera sus críticas al ex presidente pese a los intentos de purgarla del grupo republicano en el Congreso

Liz Cheney se unió a los demócratas para condenar a Trump por el asalto al Capitolio
Liz Cheney se unió a los demócratas para condenar a Trump por el asalto al Capitolio FOTO: POOL REUTERS

A la congresista Liz Cheney los partidarios del ex presidente Donald Trump, mayoritarios o, al menos, más ruidosos, no le perdonan que caminara a su antojo. Fue una de los pocos republicanos que unieron su voto al de los demócratas para condenar al ex mandatario por alentar el asalto al Congreso. Los otros nombres marcados eran los de Mitt Romney, Pat Toomey, Susan Collins, Lisa Murkowski, Ben Sasse, Richard Burr y Bill Cassidy… Pero nadie creó más animadversión ni enfado que la hija de Dick Cheney, uno de los hombres fuertes de otro ex presidente, George W. Bush, igualmente repudiado por Trump y los suyos.

Ahora avanza imparable la iniciativa para quitarle a Cheney las importantes responsabilidades que tiene en el grupo republicano en el Congreso. Ya no se escuchan voces como la de el senador por Carolina del Sur, Lindsey Graham, que todavía en febrero declaró que Cheney era «una de las voces conservadoras más fuertes y confiables del Partido Republicano, una conservadora fiscal y social, y nadie trabaja más duro para asegurar que nuestro Ejército esté bien preparado».

También resuena el silencio de Mitch McConnell, que fue el líder de la mayoría republicana en el Senado y que hace apenas tres meses, en un comunicado a la cadena CNN, explicó que la hoy proscrita era «una líder importante para nuestro partido y nuestra nación». «Estoy agradecido por sus servicios y espero continuar trabajando con ella en los problemas cruciales que enfrenta nuestro país».

Lejos de amilanarse, Cheney ha contraatacado esta semana con un artículo en el «Washington Post». Entre otras cosas, la congresista recuerda que esta misma semana Trump «ha repetido sus afirmaciones de que las elecciones de 2020 fueron un fraude» y que sigue siendo «el presidente legítimo y el presidente Biden, ilegítimo».

En su opinión, «Trump repite estas palabras ahora con pleno conocimiento de que exactamente este tipo de lenguaje provocó violencia el 6 de enero. Y, como han sugerido el Departamento de Justicia y varios jueces federales, hay buenas razones para creer que el lenguaje de Trump puede provocar violencia de nuevo».

Para Cheney mensajes así corroen la estructura constitucional y el buen funcionamiento de la democracia, fragilizados frente a los ataques que minan «la confianza en el resultado de las elecciones y el Estado de derecho». «El Partido Republicano», advierte, «se encuentra en un punto de inflexión y los republicanos deben decidir si vamos a optar por la verdad y la fidelidad a la Constitución».

Cheney es la heredera del trono de los neocón que durante años alimentó su padre, una figura todavía respetada entre los conservadores. Si en el algún momento el Partido Republicano decidiera regresar a sus orígenes y pasar página de la era Trump, sería posible que la congresista aspire a la nominación de su partido a la Casa Blanca. Lo cierto es que el caso Liz Cheney ha vuelto a poner sobre la mesa el debate interno sobre el futuro de los republicanos.