“Me estaba muriendo”. Una joven de dieciocho años relata cómo tuvo que luchar por la vida tras la picadura de una araña

La picadura apenas le dolía al principio, pero poco a poco se fue agrandado y quedándose sin poder mover el brazo

Al ir al hospital, los médicos le dijeron que tenían que operar porque esa picadura había sido de una araña venenosa. EFE
Al ir al hospital, los médicos le dijeron que tenían que operar porque esa picadura había sido de una araña venenosa. EFEJeffrey ArguedasEFE

Abby Tannetta, una joven de dieciocho años de Gales, estaba celebrando que había terminado la universidad con una amiga cuando le sucedió algo que le haría luchar por su vida en el hospital. Las jóvenes estaban en la caravana de los padres de Abby cuando esta fuera mordida por una araña que resultó ser una viuda falsa.

“Tengo mucho miedo a las arañas, pero después de esto, estoy demasiado asustada de volver a la caravana. La vista de cualquier araña diminuta me hace sentir enferma y aterrorizada”. Abby comenta que muchas veces antes había estado en la caravana, y nunca se había encontrado con ninguno de estos arácnidos. Relata que se despertó con un dolor agudo en el brazo y nada más abrir los ojos, vio a a araña encima de la cama. “Salí huyendo, solo quería gritar y no volví a dormir ahí”.

Poco a poco, la picadura fue empeorando y cada vez le dolía más. Ella tomó antihistamínicos para evitar cualquier infección relacionada con la picadura, pero esta se hizo más grande y apenas podía mover el brazo ni dormir de lado. Al ir al hospital, los médicos le dijeron que tenían que operar porque esa picadura había sido de una araña venenosa. “Me dijeron que podía convertirse en sepsis si esperábamos demasiado. De todos modos, no tenía otra opción. Estaba hirviendo, sudando, temblando y deshidratado. No podía respirar”.

A Abby se le administró anestesia general para la cirugía, en la que los médicos drenaron el área infectada y extrajeron el bulto. La cirugía fue un éxito. Regresó a casa al día siguiente y una enfermera la asistía todos los días para que la volvieran a parchear la herida. “Era una herida muy profunda, tenía unos cuatro centímetros de profundidad”.

La joven investigó y se llevó la sorpresa de que muchas personas en Gales habían sido mordidas por arañas de la misma especie. Curiosamente, también en el mismo lugar. “La gente siempre dice que las arañas no te harán daño, pero no crees que te va a pasar algo hasta que te sucede”.