Estados Unidos recela del gobierno talibán

El secretario de Estado de EEUU, Anthony Blinken, se encuentra en Doha y emite que “preocupan las afiliaciones y los antecedentes de algunas de las personas”

Estos terroristas conocidos a nivel internacional no han sido los únicos que han vuelto a Afganistán por la puerta grande tras la retirada de las tropas estadounidense
Estos terroristas conocidos a nivel internacional no han sido los únicos que han vuelto a Afganistán por la puerta grande tras la retirada de las tropas estadounidenseGraeme Jennings / POOLEFE

Estados Unidos no se fía de los talibanes y se ha mostrado reticente, por ahora, a reconocer su poder impuesto en la capital afgana. Pero, mientras tanto, los insurgentes anunciaron un nuevo gobierno provisional el martes de esta semana, en un paso hacia adelante por restablecer y consolidar el control del Emirato Islámico de Afganistán.

Para dar ese paso, los talibanes han contado con el apoyo incondicional de algunos insurgentes del movimiento conocidos en la década de 1990. Después de semanas de promesas por parte del grupo islámico de ofrecer una imagen más moderna, inclusiva y moderada, la mayoría de los nuevos nombramientos de cargos oficiales se han otorgado a figuras públicas de alto nivel que tenían posiciones similares hace más de dos décadas, dejando al descubierto las pocas opciones de cambio a las que se habían comprometido previamente de manera verbal.

“Les aseguro a todos nuestros compatriotas que estos funcionarios trabajarán duro para mantener las reglas islámicas y la ley islámica”, anunció el jeque Haibatullah Akhundzada en una declaración escrita entregada a los medios afganos. “El Emirato Islámico necesita el apoyo continuo de su gente para reconstruir juntos el país en ruinas”, añadió el líder supremo de los talibanes.

El núcleo más conservador y teocrático del grupo islámico formará parte del nuevo gobierno talibán pero, además, la situación ha escalado a nivel global por el perfil de algunos de los nuevos nombramientos, entre los que figuran algunos rostros conocidos de terroristas internacionales.

Entre ellos, destacan cinco comandantes talibanes detenidos en Guantánamo, que el ex presidente de EEUU, Barak Obama, puso en libertad al intercambiarlos por el sargento estadounidense Bowe Bergdahl, retenido por los talibanes desde 2009. Los presos talibanes fueron trasladados en 2014 a Qatar, país intermediario que ayudó a negociar el trato.

Yihadistas experimentados, los denominados “Cinco Gitmo” habían servido en diversos roles militares y de inteligencia, y ayudaron a dirigir las operaciones en el Afganistán anterior a la guerra con Estados Unidos, previo al fatídico 11 de septiembre de 2001. Los talibanes buscaron durante mucho tiempo su libertad, hasta que consiguieron utilizar al sargento Bergdahl como moneda de cambio bajo el mandato de Obama.

De los cinco, considerados de alto riesgo para Estados Unidos y sus aliados por la Fuerza de Tarea Conjunta Guantánamo (JTF-GTMO, por sus siglas en inglés), al menos dos estaban buscados por la ONU por crímenes de guerra, según los archivos de Guantánamo.

Pero estos terroristas conocidos a nivel internacional no han sido los únicos que han vuelto a Afganistán por la puerta grande tras la retirada de las tropas estadounidenses. El jefe de seguridad de Osama Bin Laden, Amin al Haq, ha regresado de manera triunfal a su ciudad natal de Afganistán tras la toma de control de los talibanes.

El que fue la mano derecha de Osama Bin Laden como jefe de seguridad en la batalla de Tora Bora, tras haber sido liberado por Pakistán hace más de una década pero habiendo estado ausente de su país bajo el gobierno afgano. El video de su regreso muestra a un ex jefe de la Guardia Negra de Bin Laden triunfante, estrechando la mano y tomándose selfies con una pequeña multitud al atravesar el puesto de control de la provincia de Nangarhar en un gran convoy de combatientes talibanes fuertemente armados.

Las imágenes de su regreso muestran la evidencia de la confianza con la que se mueven por Afganistán comandantes de Al Qaeda, suficientemente seguros de la garantía de comodidad con la que pueden aparecer en público bajo el dominio talibán.

El secretario de Estado de EEUU, Anthony Blinken, se encuentra de viaje oficial en Doha esta semana evaluando, entre otras cosas, los nombramientos del nuevo gobierno afgano anunciado por los talibanes. “Observamos que la lista de nombres anunciada consiste exclusivamente en personas que son miembros de los talibanes o sus asociados cercanos y no mujeres”, emitió en comunicado del Departamento de Estado. “También nos preocupan las afiliaciones y los antecedentes de algunas de las personas”, añadió la declaración.

En una entrevista con TOLO News, el secretario de Estado dijo que la legitimidad internacional y el apoyo internacional que buscan los talibanes “dependerá completamente de los que hagan, no sólo de lo que digan”. “Los talibanes han asumido una serie de compromisos, pública y privada, incluso con respecto a la libertad de viajar, con respecto a la lucha contra el terrorismo y a no permitir que Afganistán sea utilizado como punto de lanzamiento para el terrorismo dirigido contra nosotros o contra cualquier otra persona, así como defender bien los derechos básicos del pueblo afgano, incluir mujeres, niñas y minorías”, agregó Blinken.

Aunque falta por ver qué postura tomarán los talibanes durante las próximas semanas, mientras tanto han adelantado que efectuarán más nombramientos de su gobierno, extendiendo un proceso que se ha prolongado desde que tomaron el control absoluto del país afgano.

El ex presidente Ashraf Ghani, que abandonó Afganistán ante la llegada de los talibán a Kabul a mediados de agosto, ha pedido perdón públicamente a los afganos por no haber evitado que su mandato terminase en “tragedia” y, aunque no ha dado a conocer los detalles de su huída, ha asegurado ser “categóricamente falso” que huyese con dinero oculto.

Y en las calles de la capital afgana el ambiente es cada vez más desolador. Aumenta la tensión en forma de violencia como respuesta de los talibanes a la última manifestación de la capital afgana, que incluyó la participación de cientos de mujeres en Kabul. Otra señal clara de que los insurgentes no aceptarán la disidencia pacífica en Afganistán.