Alarma en Bruselas por la dimisión del negociador del Brexit

La ministra británica de Exteriores, Liz Truss, se hará cargo del puesto de Frost

La ministra de Exteriores Liz Truss
La ministra de Exteriores Liz Truss FOTO: Alberto Pezzali AP

La dimisión del negociador británico del Brexit, David Frost, vuelve a sumir de incertidumbre las difíciles relaciones post- divorcio entre Reino Unido y sus antiguos socios. Frost decidió presentar este fin de semana su carta de renuncia debido a sus diferencias irreconciliables con el primer ministro, Boris Johnson, en ámbitos como las nuevas restricciones para luchar contra el coronavirus y la presión fiscal.

Su retirada de las negociaciones suscita muchas dudas. En las cancillerías europeas nadie le echará demasiado de menos, pero algunos temen que un Boris Johnson más débil que nunca y asediado por múltiples crisis, que incluso ponen en peligro su permanencia en Downing Street, elija un perfil duro que haga aún más difícil llegar a acuerdos.

Durante los últimos meses, Frost se había distinguido por una postura beligerante a la hora de exigir la renegociación del Protocolo de Irlanda y había amenazado una y otra vez con activar el artículo 16, lo que podría conllevar serias represalias comerciales por parte de Reino Unido a sus antiguos socios. Lejos de amilanarse antes estas advertencias, los Estados miembros pidieron al Ejecutivo comunitario que preparase medidas recíprocas para devolver el golpe. Una estrategia que surtió efecto, ya que aunque algunos temían que Londres pulsase el botón nuclear antes de las Navidades, en las últimas semanas las aguas se habían calmado. Este viernes, las dos partes anunciaron una tregua para continuar con las negociaciones en 2022. El digital Político asegura que este giro pragmático ha sido obra del ministro de Hacienda Rishi Sunak. En las últimas semanas también se había especulado con una postura más flexible por parte de Reino Unido sobre el papel del Tribunal de Justicia de la UE en el territorio de Irlanda del Norte.

La retirada de Frost, si bien puede constituir una oportunidad, también es vista como un posible regreso a la línea dura. Los leves avances de las últimas semanas pueden saltar por los aires. La prensa británica barajaba los nombres de Iain Duncan Smith (ex ministro de Trabajo) y David Davies (antiguo negociador del Brexit) como sustitutos, lo que a priori no serían buenas noticias. Finalmente, Downing Street informó ayer que será la ministra de Exteriores, Liz Truss, quien se hará cargo de las negociaciones con la UE. Truss retiene su cargo de Exteriores y, al mismo tiempo, encabezará las negociaciones con Bruselas sobre el polémico Protocolo para Irlanda del Norte, acordado para evitar levantar una frontera física en la isla de Irlanda a fin de no perjudicar el acuerdo de paz (1998).

Tras el portazo británico, la división entre las dos Irlandas que separa la provincia británica de la República de Irlanda se convierte en la única frontera terrestre –junto con Gibraltar– entre Reino Unido y la UE y la que blinda la integridad del mercado común. La negativa británica a seguir formando parte de la unión aduanera tras consumar el divorcio, amenazaba con volver a levantar una frontera dura en el Ulster que pusiera en peligro los Acuerdos de Viernes Santo de 1998.

La negativa de Reino Unido a seguir formando parte de la unión aduanera tras consumar el divorcio, amenazaba con volver a levantar una frontera dura en el Ulster que pusiera en peligro los Acuerdos de Viernes Santo de 1998 que consiguieron la paz entre católicos  y protestantes tras décadas de terrorismo por parte del IRA.

Para evitarlo, la UE y Reino Unido acordaron una imaginativa solución por la que que la provincia de Irlanda del Norte no forma parte desde el punto de vista formal de la unión aduanera europea, pero el territorio sí queda sujeto a una serie limitada de normas de la UE. Esto desplaza los controles fronterizos de mercancías a la frontera del mar de Irlanda, con el fin de preservar el mercado común europeo. Durante estos meses, Reino Unido ha sido incapaz de cumplir con lo acordado. A mediados de octubre, la Comisión Europea propuso una series de cambios burocráticos para reducir en un 80% estos controles fronterizos y hacer más fácil su aplicación. A pesar de esto, Bruselas se sigue negando a que al Tribunal de Justicia de la UE deje de tener jurisdicción sobre el territorio de Irlanda del Norte. Además, también prosiguen las negociaciones entre España y Reino Unido sobre el territorio de Gibraltar.

La comisaria de servicios Financieros, la irlandesa Mairead McGuinness, le había pedido al «premier» británico que no se dejara llevar por las «maquinaciones» de su partido a la hora de elegir al sucesor de Frost. En los últimos días la estrella de Johnson se ha ido apagando: al escándalo sobre la celebración de fiestas en Downing Street en pleno confinamiento, se le suma la revuelta en sus propias filas por las medidas contra el coronavirus y la derrota en la circunscripción de North Shropshire, bastión de los conservadores.

Otra polémica fotografía durante un confinamiento

Ayer tampoco fue un buen día para Johnson. El periódico «The Guardian» publicó una fotografía del primer ministro junto a más de una docena de personas bebiendo vino en el jardín de su residencia de Downing Street que, según dijo, fue tomada durante uno de los confinamientos contra la COVID-19 en mayo de 2020. En respuesta, su oficina aseveró que ese día había reuniones de personal en el jardín.