Johnson pierde su magnetismo con los británicos: “Un golpe más y está fuera”

La derrota cosechada ayer en el distrito de North Shropshire, un escaño que durante casi 200 años ha estado en manos de los conservadores, atesta un enorme golpe a un liderazgo cada vez más cuestionado

La sensación generalizada es que en el Número 10 se ve luz, pero no parece que haya nadie dentro
La sensación generalizada es que en el Número 10 se ve luz, pero no parece que haya nadie dentro FOTO: Jessica Taylor AP

Boris Johnson siempre había representado una especie de universo paralelo. Uno en el que no existían reglas y en el que incluso en los momentos más desastrosos él podía desafiar a la gravedad. Pero en política, cualquiera que sea el universo, hay dos reglas básicas: tener el apoyo de la mayoría de los ciudadanos y la confianza de tu partido para poder gobernar. Y el primer ministro ha perdido ahora lo uno y lo otro. Por lo tanto, por mucho que se considere un “outsider”, el inquilino de Downing Street está ahora en serios problemas.

La derrota cosechada ayer en el distrito de North Shropshire, un escaño que durante casi 200 años ha estado en manos de los conservadores, atesta un enorme golpe a un liderazgo cada vez más cuestionado. “Asumo plenamente la responsabilidad y entiendo totalmente las frustraciones de la gente. Con toda humildad, tengo que aceptar el veredicto”, explicó Johnson ante los medios. “Entiendo lo que los votantes quieren y es que el Gobierno se centre en sus prioridades”, destacó cuando le preguntaron los periodistas sobre las voces que ya piden su dimisión.

La sensación generalizada es que en el Número 10 se ve luz, pero no parece que haya nadie dentro. Y eso podría suponer el principio del fin para un político que justo ahora hace dos años se coronaba cual emperador en unas elecciones generales donde conseguía una aplastante mayoría absoluta no vista desde los tiempos de Thatcher.

Los comicios menores de North Shropshire, una circunscripción rural del noroeste de Inglaterra que abogó mayoritariamente por el Brexit, tenían lugar en un momento especialmente delicado para el primer ministro. La polémica por las fiestas celebradas en Downing Street las navidades pasadas en plenas restricciones sociales no para de crecer. Cada día salen nuevos datos y, según The Guardian, tanto Johnson como el personal del Número 10 también violaron las normas en mayo de 2020.

Asimismo, la pandemia atraviesa uno de sus peores picos por la amenaza de Ómicron que está duplicando los casos en menos de dos días. El Gobierno ha impuesto nuevas medidas, pero éstas solo han salido adelante gracias al apoyo de la oposición, porque un centenar de tories votaban en contra el pasado martes, en lo que supuso la mayor rebelión contra Johnson en todo su mandato.

La derrota en North Shropshire, por tanto, evidencia un gran descontento. En las generales de 2019, el tory Owen Paterson -quien dimitió por un escándalo de corrupción- ganó por una amplia mayoría de 23.000 votos. Sin embargo, los liberal demócratas arrebataron ayer este escaño clave a la formación del Gobierno, en lo que suponía uno de los mayores “swing” (cambios de votos) desde la II Guerra Mundial. “Boris, la fiesta ha terminado”, aseguraba la candidata ganadora, Helen Morgan. “Tu Gobierno se ha basado en mentiras y fanfarroneo, y se le exigirán responsabilidades. Será escrutado y desafiado y puede ser derrotado”, añadía.

Por su parte, el veterano diputado tory Roger Gale, se mostraba especialmente crítico con Johnson. “Estas elecciones deben verse como un referéndum a su gestión. Tiene suerte de que ahora empiecen las vacaciones en Westminster y el partido tenga tiempo para pensar”, aseguraba. “Pero un golpe más y está fuera”, añadía.

Desde el Partido Conservador defienden que este tipo de elecciones menores siempre se utilizan para castigar al Gobierno y que el electorado volverá al redil en los próximos comicios generales. Pero lo cierto es que la frustración entre las filas va en aumento. Las diferentes tribus que componen la formación y que en la mayoría de ocasiones no se soportan entre sí coinciden ahora en que hay un verdadero problema.

Para forzar una moción de no confianza ante el líder, el 15% de los diputados debe enviar una carta de solicitud formal al presidente del Comité 1922, un poderoso grupo que aúna a los tories sin cartera. Ahora se necesitarían 54. De momento, el número de cartas que ya han sido mandadas no se sabe con exactitud. Según fuentes del partido, es una cifra importante, pero está lejos aún de pulsar el botón rojo. Con todo, muchos diputados se están planteando mandar su misiva durante estas Navidades. En su momento, Theresa May o la propia Margaret Thatcher sobrevivieron al desafío. Pero aquello marcó el principio del fin de sus carreras políticas.

Ahora existe gran preocupación ante cómo están funcionando las cosas dentro de Downing Street. Dicen que parece un parque temático de evasión de toma de decisiones cuando los tories no quieren un recinto ferial, sino un campamento militar con disciplina férrea.

Para forzar un cambio de líder, lo más importante es decidir quién puede ser el sucesor y cómo y cuándo se ejecuta el golpe. Y parece que aún no se ha llegado a esa fase. Con la pandemia y la economía débil no hay demasiado apetito de empezar guerras civiles.  En este sentido, Johnson tiene esperanzas de que la tormenta amaine durante las navidades para poder remontar.

Con todo, ya hay nombres de los posibles candidatos que comienzan a escucharse en caso de que las cosas no mejoren: Rishi Sunak (ministro Tesoros), Liz Truss (Exteriores), Savid Javid (Sanidad) y Michael Gove (Gabinete). Aunque también hay nombres más desconocidos como Steve Baker (en su día líder del núcleo duro euroescéptico) o Tom Tugendhat (presidente del comité de asuntos exteriores y muy crítico con Johnson).

En definitiva, por mucho que Johnson quiera vivir en su mundo paralelo, hay dos reglas que debe cumplir. Y si no recupera el apoyo entre el electorado y la confianza en los suyos, está fuera.