Carola Rackete, la capitana coraje que desafía al capitán

Cuando Carola Rackete, harta de pedir autorización a Italia para desembarcar en uno de sus puertos, desafío la legislación italiana y entró en sus aguas territoriales, el diario progresista «La Repubblica» tituló: «Fuerza capitana». La polémica pasó a convertirse en una disputa entre «la capitana» y el «capitano», como llaman al ministro del Interior y viceprimer ministro, Matteo Salvini, sus colaboradores más cercanos. Joven, mujer, extranjera, osada y perteneciente a una ONG, Rackete era la némesis perfecta contra Salvini. El propio viceprimer ministro se encargó de llevar el asunto al terreno de lo personal, al afirmar que se trataba de una «niña pija» que estaba dando vía libre a sus caprichos sin ser consciente de sus obligaciones legales. La respuesta de ella fue que no tenía tiempo de escuchar a Salvini.

La propia capitana había reconocido unos días antes también en «La Repubblica» que había tenido una vida sencilla. «Soy blanca, alemana, nacida en un país rico y con el pasaporte adecuado», dijo. Y explicó que cuando fue consciente de ello sintió la obligación «de ayudar a quienes no tienen las mismas oportunidades». En 2011 se embarcó en un rompehielos alemán, en una expedición por el Polo Norte; más tarde, se enroló en Greenpeace; y desde 2016, en plena crisis de los refugiados, colabora con la alemana Sea Watch, salvando vidas en el Mediterráneo. Carola nació hace 31 años en un pequeño pueblo de la Baja Sajonia, en Alemania. Estudió Ciencias Náuticas en una universidad de la misma región y más tarde cursó un máster en Conservación ambiental en Reino Unido. Maneja cinco idiomas y se considera una activista contra el cambio climático, que sólo modificó su orientación cuando la crisis humana en el Mediterráneo se hizo demasiado acuciante. Su familia, que ha sido contactada por los medios italianos estos días, afirma que está tranquila, ya que la joven ha recorrido toda Latinoamérica haciendo autoestop y que un choque de este tipo en Italia no será nada.

Aun así, se enfrenta a una acusación por favorecer la inmigración ilegal que podría comportar más de diez años de cárcel. Para unos, es sólo una irresponsable, que no comprende los problemas de los italianos, como dice Salvini; mientras que, para otros, se ha convertido una heroína, como demuestran las más de 100.000 firmas de apoyo que ha recabado en distintas plataformas digitales. Acostumbrado a calificar de «radical chic» a todo opositor, Salvini ya tiene una nueva archienemiga.