Política

El despertar político global

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Por sus propios regateos y desesperados juegos de póquer entre Rusia y la UE, a la Ucrania de Yanukovich se le ha aguado la fiesta con la que pretendía culminar su Presidencia de la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE). Lo que quedará en la memoria serán las revueltas en las calles de la capital ucraniana. La sensación de que las organizaciones multilaterales, constreñidas por ataduras gubernamentales y pautas de otra era, van por un lado mientras que los cambios geopolíticos y sociales van por otro, sin marco institucional que los regule y encauce.

Y es que lo que ocurre en las agitadas calles de Kiev es quizá sintomático de lo que el gurú americano Zbigniew Brzezinski califica como despertar político global, en la era de la sociedad hiperconectada y con información 24/7. Un despertar que puede explotar con la autoinmolación de un humillado mercader en Túnez, en 2011. O con una torpeza más de las autoridades ucranianas, que infravaloran el hastío popular ante sus corruptelas y la crisis económica. Un despertar político que pone en vilo a los poderes establecidos y hace tambalearse el orden geopolítico, pero que, sin embargo, puede ser fagocitado por sus propias incoherencias, o ser aplastado por la realidad de intereses y extremismos.

Este despertar político global pone de relieve los problemas de nuestras instituciones de seguridad, ya sean la UE, la OTAN, la OSCE o la ONU, para adaptarse a estos tiempos de poder rápido y masas globales pero localistas. Tiempos donde vale más adaptarse a circunstancias cambiantes que la coherencia diplomática. No es un mundo de grandes poderes: todos los bloques pueden venirse abajo en un mal día de bolsa o un ataque cibernético, y su influencia es relativa, como le ha pasado a Rusia con sus presiones a Kiev.

Las certidumbres de la Guerra Fría y su epílogo se han acabado. Europa, para sobrevivir geopolíticamente, tendrá que aprender las nuevas reglas del juego, en vez de inercias tecnocráticas, bienintencionadas pero inadecuadas a este contexto anárquico, donde el desorden es el sistema. Y deberá aprender a actuar eficazmente en distintas regiones, con diplomacia global y local, interviniendo en crisis prioritarias y gestionando a duras penas otras. Pues son más preocupantes para la seguridad inmediata de Europa las crisis del cinturón de inestabilidad, desde el Sahel al Cuerno de África, que los problemas de Yanukovich y sus adláteres.

*Director adjunto del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores (ECFR)