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Elecciones en el Congo: el conflicto de Kivu como clave electoral

Este miércoles se celebrarán elecciones presidenciales en República Democrática del Congo y la guerra de Kivu es un factor fundamental

Algunos residentes de Kimbumba escapan de la violencia de su ciudad, en la República Democrática del Congo.
Algunos residentes de Kimbumba escapan de la violencia de su ciudad, en la República Democrática del Congo.EFE/Archivo

Mbokani tiene veintidós años y sólo ha conocido un mundo en guerra. Ahora forma parte de las milicias Wazalendo que protegen el norte de la ciudad de Goma (República Democrática del Congo) de la ofensiva de una guerrilla financiada por Ruanda conocida como el M23. Y opina, debatiéndose en el tono de su voz entre el estoicismo y la resignación, que “la guerra nunca termina para nosotros”. Que tampoco termina para los muertos que se pudren desde hace décadas en las fosas comunes. Que no terminó para su abuelo, ya fallecido, ni para su padre, ya anciano, y tampoco terminará para su hijo recién nacido en cuanto le llegue el turno de defenderse.

El miliciano se lanza al combate como lo hicieron sus antepasados: agarrando el machete con la mano derecha y protegido por un embrujo gri-gri que evitará que las armas del enemigo alcancen a traspasarle. A la hora de explicar quién es ese enemigo al que se enfrenta, tanto Mbokani como sus compañeros contestan que el enemigo es un hombre llamado Paul Kagame y que hace más de 20 años que ejerce como presidente de Ruanda. El financiador del M23. El mismo que hace décadas que, con la excusa de que Ruanda necesita una suerte de “espacio vital” para protegerse de la amenaza que suponen República Democrática del Congo y sus espirales de violencia, ha financiado guerrillas y participado de forma activa en conflictos previos que aquejaron esta región congoleña donde, a fuerza de repetirse las guerras, a fuerza de concatenarse las fotografías deleznables de gente sufriendo, el mundo ha deslizado sus dramas fuera del mapa para centrarse en otros acontecimientos más periodísticos o exclusivos, más comercializables. Casi todos en Kivu le odian. El M23 también es su enemigo, como es lógico, pero consideran que la existencia de la guerrilla es obra de Kagame y que, sin éste, desaparecería.

Igual que el presidente ruandés procura desde comienzos de siglo hacerse con un espacio vital que permita crecer en tamaño a su diminuto país, un proyecto que algunos denominan “Imperio hima-tutsi” en referencia al origen étnico de quienes lo impulsan (Kagame es tutsi de nacimiento), la zona es extraordinariamente rica en materias primas. Aquí pueden encontrarse cobalto, oro, plata, cobre y columbita, diamantes, madera suficiente para hacer negocio y una gigantesca frontera oriental que toca con Sudán del Sur, Uganda, Ruanda, Burundi, Tanzania y Zambia; algunas de las provincias congoleñas que forman esta frontera son Kivu Norte, Kivu Sur, Ituri o Katanga, esta última de sobra conocida entre los africanistas, mientras el control de materias primas (Katanga posee ricos yacimientos de uranio) ha sido un factor clave a la hora de motivar estos conflictos que por fuerza beneficiaron a alguien.

Se conoce que los bandos involucrados en la segunda guerra civil del Congo pagaron con materias primas a las naciones que colaboraron con ellos, mientras Ruanda dedica un 23% de sus exportaciones al oro… sin tener en su territorio ninguna mina del codiciado metal. El factor internacional del conflicto se dispara al entrar en juego los minerales y pronto aparecen nombres como Emiratos Árabes Unidos (mayor comprador de oro a Ruanda, poseedor del monopolio para la explotación de yacimientos de diamantes en RDC), Estados Unidos (mayor comprador de uranio en RDC), Uganda (que ya participó en conflictos previos y que participa en el actual) o China (que posee minas de oro, coltán y cobre en la región).

La involucración de las potencias internacionales en términos armamentísticos es prolija. Más de 12.300 militares de más de 30 naciones integrados en la MONUSCO (Misión de Naciones Unidas en el Congo) tienen cada uno su arma, igual que los mercenarios blancos que sienten un apego especial por las guerras en la jungla. Uganda, Kenia, Tanzania, Sudán del Sur y Burundi participaron entre diciembre de 2022 y 2023 en la misión estabilizadora de la Comunidad de África Oriental, una misión que no ha estado plagada de polémicas. Mientras los soldados burundeses combatieron efectivamente al M23, se ha denunciado que los soldados ugandeses participaron en el contrabando de madera en las montañas Virunga y que Kenia apenas dedicó sus esfuerzos a mantener la operatividad de las minas vinculadas a sus socios.

Entre la población se percibe un rechazo contundente contra la misión de las Naciones Unidas, que lleva 23 años en el país sin obtener resultados claros. El presidente congoleño, Félix Thsisekedi, exhortó hace escasos meses y sin demasiado convencimiento a que se pusiera término a la misión, pero continúa en funcionamiento por ahora.

El jefe de la sociedad civil de Kirotshe lo definía este mes de diciembre con las siguientes palabras: “No confiamos en la MONUSCO porque no sabemos verdaderamente cuál es su intención. Tienen armas para la lucha, podrían utilizarlas para ayudarnos a expulsar al M23 pero no hacen nada, bajan las armas […]. He oído en una ocasión que tienen un problema porque su capacidad de fuego es insuficiente. ¿Cómo puede ser que la ONU tenga menos capacidad de fuego que el M23?”. Las zonas rurales más seguras se reducen a los caminos y a las minas, que son las partes protegidas por contratistas privados y las ocasionales fuerzas extranjeras que salen y entran del país bajo el nombre de una misión internacional. Las pequeñas localidades son las víctimas eternas de este conflicto: agricultores analfabetos y jovencitas que caminan al borde del camino con el cubo de agua sobre la cabeza, médicos rurales y ganaderos por genética. Lugares donde la electricidad funciona de vez en cuando. Seis millones de desplazados internos han huido de sus hogares en localidades de menor tamaño a lo largo del país y se desplazan de forma intermitente por las provincias de Kivu, Ituri y Tanganica, esquivando los avances del M23 como las acciones de otros grupos armados que buscan su parte del botín.

El problema que viven los desplazados es expuesto por Olivier, un joven desempleado que vive en una tienda de ACNUR en la localidad de Sake: “Mi familia y yo venimos de Kahe, de donde vinimos hace tres semanas. Antes estuvimos en Nyanzale, y mi casa está en un pueblo cerca de Nyanzale […]. Si el M23 viene a Sake, iremos a Goma, pero si el M23 llega a Goma no tenemos ningún lugar al que ir”. Olivier y su familia han ido arrastrando cada vez menos pertenencias por las localidades citadas, huyendo y acorralándose también con la espalda en la frontera con Ruanda, donde Kagame ha advertido que no recibirá a más refugiados congoleños. Olivier dice sentirse acorralado.

Lo característico del este de RDC es que no existe aquí un único conflicto. Existe un conflicto con el M23 en Kivu Norte, otro en la provincia de Ituri con la CODECO y las ADF, y otro menos continuado contra las guerrillas mai-mai. Y luego son decenas de “subconflictos” o conflictos de menor categoría que se pierden en sus siglas. Algunos actores externos, como Sudán del Sur, actúan más al norte de la línea. Otros, como Burundi, más al sur y contra grupos armados distintos. Olivier está acorralado por decenas de conflictos que se suceden en la línea de la frontera congoleña. El caos que generan deviene en que todo aquí sea inexacto, es imposible verificar las cifras: el número de desplazados aumenta demasiado rápido para que los organismos lleven la cuenta, las materias primas se venden por debajo de la mesa, los jóvenes toman las armas y las deponen a diario. Sería imposible explicar el conflicto con mayúsculas, cada uno de ellos, en un único artículo.

La situación por el momento en Kivu Norte, a modo de diario, es la siguiente: el M23 rodea Goma a la altura de Kirotshe por el sur, Masisi por el oeste y Nyirongoro por el norte. La mina de Rubaya y su coltán los tiene en su punto de mira. A las espaldas de la ciudad-objetivo se encuentra la frontera ruandesa. El número de desplazados aumenta de forma proporcional al avance de la guerrilla y este 20 de diciembre serán las elecciones presidenciales en el país. La guerra continuará mañana. Mbokani lo predijo.