Emmanuel Macron, el De Gaulle de la política 3.0

Hace tan sólo un par de años, Emmanuel Macron era un perfecto desconocido en la política francesa. A sus 39 años, ésta era la primera vez que el candidato de En Marche (EM) se sometía al sufragio universal. Formado en las escuelas de élite francesas, de aspecto cuidado y con gran ambición, Macron se emancipó del Gobierno socialista del presidente François Hollande en agosto de 2016 para poner «en marcha» sus planes para llegar al Elíseo.

«Francia no puede responder a los desafíos del siglo XXI con los mismos hombres y las mismas ideas», dijo en noviembre pasado al lanzar su candidatura a la presidencia, presentándose como una alternativa creíble a la endogámica casta de la política francesa y a la clásica alternancia entre conservadores y socialistas en el poder durante la V República. Su discurso, inspirado en el modelo escandinavo y sus formas, pensadas de las campañas americanas, han seducido a un público esencialmente urbano, con estudios y del mundo de los negocios. Pero aunque se presente como una alternativa al sistema, para sus detractores, es el puro sistema elevado a su enésima potencia. La derecha lo tacha de un reciclaje de Hollande versión 3.0. Para la izquierda radical, es una cara amable del mundo de las finanzas revestido de modernidad. Macron no oculta sus semejanzs con Ciudadanos y su líder, Albert Rivera. De hecho, Luis Garicano ha asesorado a En Marcha en su programa económico.

Nacido en Amiens en 1977 en el seno de una familia de clase media, este amante de la filosofía y pianista precoz se enamoró de su profesora de literatura y teatro, Bigitte Trogneux, 24 años mayor que él. Ésta se divorció en 2007 para oficializar su relación con Macron, que asumió los tres hijos y siete nietos de ella. Una historia de amor atípica que ha cautivado a la prensa del corazón. Se graduó con honores en el prestigioso liceo parisino Henry IV antes de pasar por la Escuela Nacional de Administración (ENA), fábrica de los altos funcionarios y políticos franceses. Pasó por la banca de inversión Rotschild, donde escaló peldaños hasta convertirse en socio gestor.

Macron dejó el sector privado en 2012 para convertirse en uno de los asesores económicos de Hollande, antes de dar el gran salto al Ministerio de Economía en 2014. Fue en esos años cuando germinó su ambición presidencial. Durante su paso por el Gobierno, Macron lanzó una reforma de calado para liberalizar ciertos sectores de la economía como el de los autbuses y puso fin a las trabas para la apertura comercial los domingos.

Sus primeros pasos con su formación política, creada en la primavera de 2016, sembraron la discordia con el por entonces jefe de Gabinete, Manuel Valls, adalid también del reformismo político. Ambos mantuvieron una rivalidad soterrada que en ocasiones se plasmó en riñas públicas. Desde que anunció su candidatura en otoño pasado, fue escalando posiciones en los sondeos hasta llegar entorno al 22% que ya mantuvo hasta el final de campaña. Su partido sumó 250.000 militantes en tiempo récord. Centra su programa en una prioridad: reformar la educación con la voluntad de mejorarla en los barrios marginados reduciendo las clases y primando a los profesores. Su programa se focaliza también sobre la reforma del trabajo que pretende bajar la tasa de desempleo en cinco años a través de un seguro y de la formación profesional.