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Viktor Orbán pierde a sus aliados en Europa

El grupo de Visegrado abandona al líder húngaro en la recta final de la campaña electoral

Cuando Viktor Orbán llegó al poder en 2010 tomó los mandos del país y se replanteó la política internacional de Hungría
Cuando Viktor Orbán llegó al poder en 2010 tomó los mandos del país y se replanteó la política internacional de HungríaBERNADETT SZABOREUTERS

Cuando Viktor Orbán llegó al poder en 2010 tomó los mandos del país y se replanteó la política internacional de Hungría. El nuevo primer ministro cuestionó años de diplomacia, redefinió los objetivos que debían guiar la política exterior húngara en los próximos años y qué aliados serían necesarios para lograr esos propósitos. Uno de sus principales objetivos fue revitalizar la economía y buscar nuevos aliados comerciales. Encontró en Rusia a un gran aliado, aunque en los últimos años también ha llamado la atención de los expertos su estrecha relación con China.

Las políticas de Orbán sobre inmigración y cuestiones relacionadas con la identidad sexual aún siguen encontrando un amplio apoyo entre los húngaros. Además del monopolio mediático de su gobierno y su cruzada para socavar algunas de las instituciones estatales, Orban sigue manteniendo un importante mandato democrático respaldado por sus votantes. Un promedio de las últimas encuestas publicadas a cinco días de las elecciones de este domingo dan una ligera ventaja del 5% a Fidesz-KDNP, la alianza de Orbán. La oposición unida, con Peter Márki Zay a la cabeza, nunca había estado tan cerca de sacar a Viktor Orbán del gobierno.

La relación de Putin y Orbán se hizo más fuerte en 2012, cuando el líder ruso regresó a la jefatura del Estado. Volvió renovado, presentándose a sí mismo como un defensor de los valores tradiciones, con especial oposición a los derechos de los homosexuales, y como una alternativa religiosamente distinta a los países occidentales que, según dijo, “están negando los principios morales a todos los demás”. Identidades tradicionales con la esencia en lo nacional, la cultural y la devoción religiosa e incluso sexual.

La amistad que surgió entre Putin y Orbán fue tolerada entre los amigos del primer ministro. Polonia, gran aliado de Hungría y apoyo político de Orbán en la Unión Europea, está esperando los resultados de las elecciones del próximo domingo para saber si tendrá que volver a entenderse con su vecino. En declaraciones a la radio pública polaca el pasado viernes, el líder del partido gobernante, Jaroslaw Kaczynski, dijo que estaba disgustado con la postura de Orbán sobre Rusia. “Si me preguntas si estoy feliz, diría que no”, dijo Kaczynski. “Veremos qué sucederá después de las elecciones y luego se podrá formular finalmente esta situación. Pero no estamos contentos”.

Desde que estalló la guerra en Ucrania, Orbán ha demostrado su apoyo a Putin con su silencio. Incluso el presidente checo, partidario de unas relaciones más estrechas con Moscú, ha respaldado una respuesta conjunta para aislar económicamente a Putin. Los gobiernos de ambos países, Polonia y República Checa, boicotearon la última gran cita internacional de Orbán antes de las elecciones negándose a acudir a la cumbre de Visegrado de esta semana en Budapest. El primer ministro húngaro se vió obligado a cancelar la cita. A cuatro días de las elecciones parlamentarias, Orbán no cuenta con ningún apoyo internacional para su cierre de campaña.

La unanimidad de la Unión Europea se retrasa con la posición de Budapest. Orbán responde a la guerra de Putin en Ucrania con vacilación. Si bien Hungría ha aceptado a regañadientes las sanciones de Bruselas a Moscú, el mandatario húngaro se niega a permitir el tránsito de suministros de armas a Ucrania. Orbán evita mencionar a Putin por su nombre, no lo ha hecho desde su visita a Moscú a principios de febrero, durante las últimas semanas ha hecho campaña electoral presentándose a sí mismo como un defensor de la paz, la seguridad y el garante de la estabilidad energética del país. El 85% del gas y más del 60% de su petróleo que se consume en Hungría provienen de Rusia.

Ampliamente visto como el aliado más cercano del presidente ruso, Viktor Orbán se empeña en señalar la neutralidad de Hungría en el conflicto armado en Ucrania. Orbán se ha negado a proporcionar ayuda militar a Ucrania y no ha permitido que se envíen armas letales a través de Hungría. “La respuesta a la pregunta de qué lado está Hungría es que Hungría está del lado de Hungría”, escribió Orbán el pasado sábado en redes sociales.

Si bien su enfoque le ha valido para ganar seguidores en el país, la decisión de actuar sin ambigüedades y apoyar a Ucrania ha generado frustración e indignación entre los líderes europeos, entre ellos el propio presidente ucraniano. En un discurso a través de videoconferencia el viernes ante una cumbre de líderes de la UE, el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski hizo un llamamiento franco y directo a Orbán para que adopte una postura más clara sobre la guerra de Rusia contra Ucrania y apoye a su país asediado. “Quiero detenerme aquí y ser honesto, de una vez por todas. Tienes que decidir por ti mismo con quién estás”, dijo Zelenski. El mandatario ucraniano recordó que Budapest había experimentado los horrores de la guerra en el siglo XX y se refirió a un monumento de zapatos de bronce en el río Danubio que rinde homenaje a los judíos húngaros ejecutados por fascistas alemanes y húngaros en la Segunda Guerra Mundial. “Escucha, Viktor, ¿sabes lo que está pasando en Mariupol?” dijo Zelenski, refiriéndose a la ciudad ucraniana en el Mar de Azov que ha sufrido devastadores bombardeos rusos. “Por favor, si puedes, ve a tu paseo marítimo. Mira esos zapatos. Ahí verás cómo los asesinatos en masa pueden volver a ocurrir en el mundo de hoy. Eso es lo que Rusia está haciendo hoy”.

“¿Dudas si imponer sanciones o no? ¿Dudas si dejar pasar las armas o no? ¿Y dudas si comerciar con Rusia o no? Es hora de decidir ya. Creemos en ti, necesitamos tu apoyo”, dijo el líder ucraniano.

La guerra está requiriendo un cambio trascendente en la forma en la que los gobiernos de la UE dialogan con Moscú. En un momento en que la mayoría de los líderes de derecha en toda Europa se están distanciando de Putin, Orbán está intentando un acto de equilibrio imposible.