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Ibrahim Traoré, otro dictador disfrazado de libertad

El joven líder de Burkina Faso inundó las redes con un vídeo donde abogaba por la independencia de África; un emotivo discurso que oculta los crímenes que acumula

Ibrahim Traoré (con la boina roja a la izquierda) durante el discurso pronunciado en la televisión nacional en donde se anunció el éxito del golpe.
Ibrahim Traoré (con la boina roja a la izquierda) durante el discurso pronunciado en la televisión nacional en donde se anunció el éxito del golpe.larazonAgencia AP

El capitán Ibrahim Traoré, líder de la junta militar que gobierna Burkina Faso, es hoy el abanderado de la estupidez humana. Durante los últimos días del pasado mes de junio circuló por las redes un discurso definido como “aplastante” por sus seguidores y donde denunciaba el expolio de África por parte de las potencias extranjeras, anunciando a su vez la “oportunidad de construir una nueva relación que espero que sirva para dar mejor porvenir a nuestros pueblos”, y que “el esclavo que no es capaz de asumir su rebeldía merece vivir en su lamento”. Y señalaba que ciertos jefes de Estado no aportan nada a África, calificándolos de servidores del colonialismo. Concluía con un contundente: “¡Nuestros pueblos han dicho basta! ¡Gloria a nuestros pueblos! ¡Dignidad a nuestros pueblos! ¡La patria o la muerte!”.

El pueblo africano, que busca nuevos héroes a los que aferrarse hasta debajo de las piedras, exhausto tras décadas de corrupción e injusticias, al igual que miles de europeos empáticos con la causa africana, no supieron sino aplaudir rabiosamente este discurso necesario que plantaba cara a un sistema ciertamente injusto con el africano, una histórica soflama subrayada por la impresión del uniforme que vestía Traoré frente a las cámaras. El recuerdo de Thomas Sankara, presidente burkinés en la década de los 80 y que finalmente fue asesinado por sus propios confidentes, Thomas Sankara, que en su momento fue (y sigue siendo) una referencia de los sueños africanos, parecía reencarnarse entre los labios de Traoré, abriendo la puerta a una nueva etapa que podría encontrar su comienzo inevitable con una guerra regional en África Occidental.

Ibrahim Traoré posee así todos los atributos necesarios para convertirse en un héroe. Es joven, es el jefe de Estado más joven del mundo en la actualidad, es valiente porque ha combatido durante años al yihadismo saheliano en el norte de Burkina Faso, es firme en sus actos y no teme enfrentarse al neocolonialismo liderado por Francia en su región. Lo tiene todo para engatusar a un continente vapuleado (África) y a un continente cada vez más traidor a sí mismo con motivo de una amalgama de complejos y contradicciones constantes (Europa). A estos últimos no les importa conocer que el famoso discurso fue pronunciado en la II Cumbre Rusia-África, donde Traoré se reunió además con Vladimir Putin y pronunció públicamente su apoyo a Moscú en la guerra de Ucrania, como tampoco les importa la realidad que hace sombra a su imagen de libertador.

Verdades incómodas

Ibrahim Traoré accedió al poder mediante un golpe de Estado en octubre de 2022. Ibrahim Traoré ordenó en abril de 2023 la operación militar que acabó con la vida de más de 200 civiles en la localidad de Karma, una operación militar donde centenares de inocentes, mujeres, ancianos, niños, fueron acribillados por las ametralladoras y olvidados durante días bajo el inclemente sol africano, hasta que su carne se resecó y las calaveras asomaron. Ibrahim Traoré, aterrado por la posibilidad de perder el poder a manos de otros, encerrado en su residencia, es el responsable de que su guardia personal tiroteara al refugio de la noche al misionero Didier Sawadogo, originario de Zambia, cuando acudía en su vehículo a recoger a un compañero en el Aeropuerto Internacional de Uagadugú. Ibrahim Traoré es el responsable directo de que Burkina Faso se haya convertido bajo su gobierno en el país del mundo con más muertes a causa del terrorismo.

Ibrahim Traoré es el tipo de héroe ficticio que subió a su cuenta de X en mayo de 2023 una fotografía donde parecía dirigirse a sus colegas militares en la línea del frente, una fotografía que rápidamente se demostró que fue fabricada con Photoshop, puesto que nunca había acudido el capitán a tal encuentro. Ibrahim Traoré es la definición misma de la hipocresía que viste un uniforme con dibujos de una falsa libertad que se limita a las palabras, cuando este periodista entrevistó en Burkina Faso a numerosos líderes locales, periodistas e intelectuales burkineses que confirmaron su terror a la hora de expresar su opinión en voz alta, so pena de sufrir el severo castigo del capitán.

Ibrahim Traoré suspendió la difusión del medio francés Liberation y expulsó a su corresponsal del país tras difundir un vídeo donde aparecían militares asesinando a niños a pedradas en la localidad norteña de Ouahigouya. Aparte, su gobierno emitió un comunicado justificando los brutales asesinatos (donde se escuchan las mofas y carcajadas de los militares) con que los niños eran yihadistas. Ibrahim Traoré, el héroe de los necios, ha expresado públicamente que la comunidad peul (una etnia de África Occidental con 40 millones de individuos) es la principal culpable de la amenaza yihadista que vino de Oriente Medio, colaborando en la continuación de un estigma cuyo resultado más inmediato ha sido el aumento de combatientes peul en las filas yihadistas pero también la normalización de las agresiones que sufren los peul a manos de otros civiles burkineses.

Un discurso pronunciado en pocos minutos no debe tapar la realidad del último año. Que Ibrahim Traoré ha eliminado todos los cargos civiles en los gobiernos regionales de Burkina Faso, incluyendo las zonas que no están afectadas por el yihadismo, para sustituirlos por gobernadores militares. Que, en palabras de un anciano diplomático burkinés cuyo nombre permanecerá en el anonimato, “Ibrahim Traoré es un capitán que habla como un sargento”, y de esta manera reúne tras de sí a una turbamulta de seguidores desesperados y pertenecientes a una nación cuya tasa de alfabetización no alcanza el 40%.

Una población acorralada

El doctor Daouda Diallo, galardonado en 2022 con el premio Martin Ennals por los derechos humanos y conocido defensor de las libertades de los peul burkineses, aseguraba en una entrevista que “la estigmatización [contra los peul] ha aumentado con el nuevo gobierno. Atacan a pueblos desarmados por considerarlos cómplices de la yihad y han aumentado las zonas minadas en todo el territorio. Es la población civil la que hace la guerra contra Traoré y por Traoré, movidos por la venganza”. Diallo concluía sin dudarlo que la llegada del capitán al poder ha servido esencialmente para “radicalizar a la población burkinesa”. Tanto Diallo como el psicólogo Ismael Kousse afirmaban que su mayor temor en lo que respecta a las acciones de su gobierno nace del “desgarro social” que se está viviendo en Burkina Faso. Los métodos de Traoré para combatir al yihadismo, puramente bélicos, recelosos de cualquier medida social, podrán aplastar al yihadismo, quizás, siendo esta una posibilidad a tener en cuenta, pero no harán sino traspasar el conflicto social a las próximas generaciones.

Ibrahim Traoré es la clase de hombre que amenaza junto con su coetáneo Assimi Goita (el coronel que gobierna en Mali) al resto de naciones de la región con participar en un conflicto internacional mientras el 40% de su propio país se encuentra ocupado por el yihadismo. Para él, parece ser más importante depender de Rusia y vender esta dependencia como una victoria para la independencia africana, antes de eliminar a la única fuerza que ocupa efectivamente su nación, el yihadismo. Ibrahim Traoré es el presidente del país con un mayor número de colegios cerrados a causa de la violencia (6.100 escuelas cerradas en febrero de 2023 frente a las 5.700 que se contabilizaron a finales de 2022) pero todavía se ve con ánimos para dar lecciones a nadie.

Es el abanderado de la estupidez porque cada uno de los problemas que vivía Burkina Faso cuando Traoré accedió al poder se han multiplicado bajo su gobierno, sin excepciones: las masacres, el terrorismo y la miseria. Sólo el necio que antepone las palabras a los hechos podría aplaudirle. Quienes abogan por la sensatez aplauden su valiente discurso, libre de complejos y ansioso de una independencia merecida, pero se lamentan igualmente de que no haya sido pronunciado por un verdadero referente moral, en lugar de dictarlo un probado criminal de guerra cuyas acciones parece que conducirán a la catástrofe en su nación… y puede que también a la región.