África

Yihadismo

¿Cómo se ha transformado Burkina Faso en la nación con más muertes a manos del terrorismo?

Según el ranking de Global Terrorism Index de 2022, sólo Afganistán supera a Burkina Faso en niveles de terrorismo, mientras las cifras de fallecidos en el país africano se han duplicado en lo que llevamos de año

Un soldado en Burkina Faso tras un atentado yihadista en el hotel Splendid de Ouagadougou donde murieron seis canadienses / Ap
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Burkina Faso fue en 2022 el país del mundo con más muertes provocadas a raíz del terrorismo, según los datos ofrecidos por el Global Terrorism Index. En torno a 1.130 personas fallecieron tras los 310 ataques que se registraron en esta nación africana de 22 millones de habitantes, ataques que afectan en especial a las regiones del norte y del sudeste. Pero la situación no mejora. Empeora a cada semana que pasa: los meses de febrero, marzo y abril de 2023 duplicaron el número de víctimas registradas respecto a los mismos meses de 2022, que a su vez duplicaron los números de 2019. La crisis institucional derivada de la guerra contra el yihadismo ha provocado dos golpes de Estadoen los últimos 17 meses y se calcula que el 40% del territorio nacional se encuentra ocupado por los insurgentes.

El repentino crecimiento de los ataques yihadistas choca directamente con la estrategia perseguida por el actual presidente del país, Ibrahim Traoré, un capitán de artillería de 36 años que ha declarado la guerra abierta a los terroristas y que se encuentra en proceso de crear un numeroso ejército conformado a partes iguales por militares regulares y paramilitares integrados en los Voluntarios de Defensa de la Patria (VDP). Muchos se preguntan cómo es posible que hoy, cuando el Estado burkinés combate más decididamente contra el terrorismo, es cuando se están dando un mayor número de ataques; otros ven lo segundo como una consecuencia de lo primero.

El doctor Dadouda Diallo es un conocido defensor de los derechos humanos en Burkina Faso y firme detractor de la discriminación étnica. Es su opinión que “los terroristas se nutren de problemas previos, ya sean religiosos, de recursos, de tierras, étnicos…”, en lo que destaca que “entre 2008 y 2014, el 80% de los muertos en conflictos y masacres en Burkina Faso pertenecían a la etnia peul”. Con esto se refiere al motivo que guía al elevado número de luchadores peul identificados entre las filas de los yihadistas, que Diallo considera que no combaten tanto movidos por el extremismo religioso, sino por un profundo sentimiento de venganza nacido en las últimas décadas y hoy multiplicado por la mano dura de Traoré.

Fue el propio capitán quién dijo a los jóvenes de la comunidad peul al poco tiempo de tomar el poder que “pidan a sus padres que depongan las armas”, en un discurso que señalaba directamente a los peul como responsables de la violencia y que suscitó la indignación de activistas como Diallo. Apuntar a comunidades vulnerables no es, en su opinión, una estrategia adecuada, y confirma que “hoy en día, los peul se sienten más seguros al encontrarse con yihadistas que con militares burkineses. Mientras los militares dan el alto a cuantos peul se encuentran y abusan de su poder con ellos, los yihadistas no les importunan en el día a día”. Igual que una mayoría de los yihadistas pertenecen a la comunidad peul, el ejército burkinés lo conforma una mayoría mossi, que es a su vez la etnia con más presencia en Burkina Faso.

Dirigentes anteriores del país apostaron por una vía más próxima al diálogo a la hora de tratar con los terroristas, tal y como hace actualmente Níger, y Diallo pone de ejemplo a Blaise Campaoré, el que fuera dictador en Burkina entre 1987 y 2014. Pese a que Campaoré hizo gala de graves defectos como gobernante, entre los que figuran repetidas vulneraciones de los derechos humanos, cabe a remarcar que el yihadismo no suponía un problema durante su mandato debido a su relación dialogante con los grupos armados que ya ocupaban zonas de la vecina Mali. De hecho, el yihadismo penetró en Burkina Faso pocos meses después del derrocamiento de Campaoré. Traoré, por otro lado, acusa a ciertos pueblos deser “cómplices” de los yihadistasy permite matanzas contra ellos como la ocurrida en Karma en abril de 2023, cuando 200 personas fueron masacradas (mujeres, niños, ancianos) a manos de miembros del ejército y de las VDP.

Ismael Kousse, psicólogo experto en el tratamiento de civiles afectados por los traumas de la guerra, concuerda con Diallo en que “los terroristas tomaron el dolor de los peul y lo trasformaron en un activo útil para asediar al Estado”. Tras explicar cómo el factor religioso se sumó a los ya existentes conflictos comunitarios, Kousse determina que “si curas la base comunitaria, lo curas todo. Hasta que los ciudadanos no puedan vivir tranquilos en sus casas, hasta que no vuelva la seguridad a sus rutinas, seguirán viviendo en un clima de violencia sin fin”.

La venganza como vía hacia la radicalización

Otro burkinés defensor de los derechos humanos que ha pedido permanecer en el anonimato narró a este periodista una historia que podría ayudar a comprender la dinámica que afecta a la población peul en Burkina Faso: “Conocí a un joven peul que acababa de terminar sus estudios en Farmacia cuando le llegó la noticia de que su familia había sido asesinada por el ejército burkinés en una expedición de castigo contra la población civil. Quiero que entiendas que era un joven culto, con estudios, una buena persona. A él nunca se le habría ocurrido unirse a los yihadistas. Pero vino a verme después de conocer que su familia había muerto. Le temblaban las manos, estaba rabioso. Y me dijo, me juró que se uniría a los yihadistas para vengar a sus padres y a su hermana. Yo le intenté convencer de que no lo hiciera porque era inútil y echaría su vida a perder, su carrera, todo. No me escuchó. Pocos días después se marchó de la capital y no he vuelto a saber nada de él”.

Insiste que “cuando el ejército fomenta estas masacres, se pone al nivel de los yihadistas”. Y ya nadie sabe en quién confiar, ni quién es el bueno y el malo en este yin yan grisáceo que enmarca a Burkina Faso.

Tal es así, que los hay que ni siquiera consideran a los yihadistas burkineses como tal. Un alto diplomático burkinés retirado aseguró que “dos de cada tres choques violentos en este país involucran a los peul desde hace décadas y sólo ahora se les califica de yihadistas. Creo que no son yihadistas de verdad, sólo son sujetos que buscan venganza”. Y surge la siguiente duda: ¿se puede combatir a un enemigo cuya misma definición no es clara? Este diplomático considera que definir al contrincante supone un paso decisivo para solucionar cada problema, mientras el ejército burkinés se encamina a partir de este error en la dirección equivocada.

Venganzas, rencores generacionales y errores en la descripción conforman un caos donde se mezclan tintes comunitarios y religiosos pero también dinámicas de poder donde una mayoría peul se ha visto históricamente relegada a un segundo plano social en detrimento de otras etnias, como pueden ser los mossi, que apenas se han molestado en hacer un uso de su poder que, según el diplomático, “permita crear una nación fuerte donde no nos fijemos tanto en el origen étnico del individuo”. De su boca salen ideas alejadas de lo bélico, como podría ser la de convertir Burkina en una república federal que respete las diferencias culturales de sus distintas regiones; algo que se supone directamente en contra de los intereses de los militares, dado que todas las provincias burkinesas tienen hoy gobernadores pertenecientes a ramas del ejército.

3 de octubre de 2022: Ibrahim Traoré asume la jefatura de Estado de Burkina Faso. 31 de diciembre de 2022: 28 personas son asesinadas por las VDP en la localidad de Nouna. 8 de febrero de 2023: al menos 50 civiles resultan muertos durante una operación militar en Tougouri. 2 de febrero de 2023: 30 personas son asesinadas tras el paso de un convoy militar que se dirigía a la mina de Boungou. 8 de marzo de 2023: 21 civiles mueren en Rollo a manos de una fuerza compuesta por militares y VDP. 20 de abril de 2023: entre 130 y 200 personas son asesinadas por militares y miembros de las VDP en la localidad de Karma y sus alrededores.

Varios burkineses entrevistados mostraron su preocupación al considerar que muchos de los “contraataques” anunciados por el ejército pueden buenamente ser masacres como las citadas más arriba. Al considerarse como yihadista tanto al que empuña el arma como al que le da cobijo, la legislación burkinesa en el campo de batalla se ha ensanchado, permitiendo asesinar a civiles bajo el pretexto de que suponen una amenaza.

Como consecuencia a las políticas agresivas de Traoré, los ataques terroristas son ahora diarios. Y pese a que la capital no corra hoy peligro de ser invadida por los insurgentes, crece la preocupación de “un desgarro del tejido social”, tal y como lo explica el doctor Diallo. A cada muerte y cada venganza jurada, aumentan las distancias entre burkineses. A cada discurso de victoria y cada batalla ganada, se allana el terreno para las futuras derrotas y las muertes de los inocentes. Puede que el joven capitán gane la guerra que se ha impuesto, pero cabe la posibilidad de que las heridas que abra en el proceso se reabran en los años venideros, provocando así que la situación se repita en un eterno retorno que nadie desea para sus hijos. Y ninguno de los entrevistados lo duda: si Ibrahim Traoré sigue utilizando la violencia como única alternativa, lo peor en Burkina Faso está por llegar.