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La presidencia de la UE pone en peligro la Gran Coalición

La lucha por el poder en las instituciones europeas reabre la tensión en Berlín.

La lucha por el poder en las instituciones europeas reabre la tensión en Berlín.

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Robusto mástil y firme defensora de la UE, Angela Merkel jugó todas sus cartas para sellar su impronta en Bruselas con la vista más puesta en la Eurocámara que en el propio Bundestag. Una jugada que, con la nominación de Ursula von der Leyen para la jefatura de la Comisión Europea, supuso un triunfo para la canciller pero una bofetada para el actual Gobierno germano donde ahora, más fuerte si cabe, resuena la posibilidad de una ruptura de la Gran Coalición.

Sigmar Gabriel, el ex presidente del Partido Socialdemócrata (SPD), fue el primero que se atrevió a hablar de «dejar el gobierno», aunque la principal crítica de este movimiento fue Katarina Barley, quien, hasta las pasadas europeas, fue la titular de la cartera de Justicia en el Gobierno de Merkel y, por tanto, colega de Von der Leyen. Desde la socialdemocracia no perdonan que los jefes de Estado y de Gobierno hayan ignorado el sistema de los llamados «Spitzenkandidaten» y que se hiciera todo lo posible para acabar con las posibilidades del candidato socialdemócrata, Frans Timmermans. Incluso el ex presidente del Parlamento Europeo, Martin Schulz, se mostró sorprendido que fuera nominada la «ministra más débil» del Gobierno alemán para ocupar el puesto en Bruselas.

La idiosincrasia política alemana ha vuelto a dejar patente que la lucha por el poder en Bruselas tiene su reflejo en Berlín. Socios de coalición pero rivales en la Eurocámara, la dicotomía de mensajes lanzada en un lado y en otro ha tensado las relaciones y ha puesto en apuros una legislatura que acaba de atravesar su ecuador y que tampoco vive su mejor momento a tenor de los rumores que circunscriben el estado de salud de la canciller y que aproximan la posibilidad de un cercano relevo.

Pero hay voces molestas que llegan incluso desde el propio partido de la canciller. La Unión Socialcristiana, socio bávaro de la CDU, tampoco vio con buenos ojos que Bruselas borrara de un plumazo al candidato de su formación, Manfred Weber, rechazado por el presidente francés Emmanuel Macron y finalmente abandonado por Merkel. Con la nominación de Von der Leyen, «es una pena que la democracia haya perdido y la trastienda haya ganado», lamentó el líder de la derecha bávara, Markus Söder, que aceptó a regañadientes a la política alemana por aquello de ser compañera de formación, aunque también fue evidente la decepción interna que podría agrietar la continuidad de la bancada conservadora y por tanto de la legislatura.

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Otro de los asuntos por esclarecer será el hueco que dejará Von der Leyen en la política alemana. Aunque su desempeño en el Ministerio de Defensa le ha valido duras críticas en Alemania, goza de una buena imagen dentro del partido e incluso se barajó su nombre como el de sucesora de Merkel.