Libia se desliza hacia el caos

Una brigada armada secuestra durante seis horas al primer ministro libio y evidencia la debilidad del Estado

El Gobierno libio es cada vez más débil y rehén de las milicias de los rebeldes que lucharon contra el coronel Muamar Gadafi. Ayer, un grupo de ex combatientes mantuvo secuestrado al primer ministro libio, Ali Zeidan, durante seis horas, en la acción más atrevida que han llevado a cabo hasta el momento.

No es la primera vez que los «zuwar» (revolucionarios) secuestran, amenazan y presionan a políticos e instituciones para defender sus intereses e imponer su voluntad, pero el secuestro del jefe de Gobierno pone en evidencia su enorme poder y el fracaso de las autoridades a la hora de limitarlo, incluyéndolos bajo su paraguas, apoyándolos e incluso financiándolos.

Zeidan fue capturado en la planta 21 del Hotel Corintia, donde reside por motivos de seguridad. Sobre las cinco de la madrugada, hora local, decenas de hombres fuertemente armados irrumpieron en el lujoso establecimiento sin que la seguridad del mismo pudiera hacer nada, a pesar de que en la capital libia se le considera un búnker. Los guardias personales de Zeidan no pudieron evitar que fuera «arrestado» y llevado a un lugar desconocido. Unas seis horas después, el dirigente fue liberado, supuestamente tras la intervención de otras milicias «amigas» que acudieron a su rescate.

El primer ministro libio hizo un llamamiento a la calma y deseó que el problema se solucione con «sabiduría» para evitar una escalada de tensión en el país. Zeidan dijo que el incidente forma parte de las «disputas políticas internas», y trató de tranquilizar a los diplomáticos extranjeros, muchos de los cuales residen también en el Hotel Corintia, así como a la comunidad internacional, que se mostró preocupada por este incidente.

Zeidan no quiso especificar quién lo había secuestrado ni culpó a un grupo determinado, aunque se cree que los responsables son una potente milicia integrada en las Fuerzas de Seguridad gubernamentales, encargada de mantener la seguridad en Trípoli. El batallón denominado Mando de Operaciones de los Revolucionarios reivindicó el secuestro, pero el Ministerio de Justicia negó que hubiera ordenado el arresto de Zeidan a través de la Fiscalía General y lo consideró ilegal.

El Gobierno condenó lo sucedido y dijo no tener nada que ver en ello, pero queda patente la existencia de rivalidades internas o, simplemente, la incapacidad de las autoridades locales de controlar a las brigadas que están supuestamente bajo su mando y responsabilidad.

Sobre lo que nadie duda es el motivo por el que Zeidan fue secuestrado, y que no es otro que su supuesta colaboración con EE UU en la operación que este país llevó a cabo en territorio libio para detener al líder de Al Qaeda en Libia, Abu Anas Al Libi, capturado en Trípoli el pasado fin de semana por un comando especial estadounidense para juzgarlo por los atentados contra dos embajadas estadounidenses en 1998. El primer ministro ha negado que hubiera dado luz verde a la operación de EE UU y ha dicho que ni tan siquiera fue informado.

El Gobierno libio muestra dudas sobre la legalidad de esta «incursión» en su territorio, pero al mismo tiempo desea y necesita mantener las relaciones diplomáticas con Washington. Zeidan ha sido muy criticado por la operación y las milicias más radicales han amenazado con tomar represalias. Un delicado equilibrio que siempre existe en Libia entre las autoridades, los rebeldes que hicieron la guerra y los países que ayudaron en ese conflicto. El Gobierno está en deuda tanto con los aliados como con los combatientes, que a día de hoy siguen erigiéndose como guardianes de la «Libia libre».