Los islamistas del AKP se juegan la mayoría absoluta

La oposición trata de evitar que Erdogan acumule más poder tras los comicios de hoy.

Seguidoras del AKP del presidente Tayyip Erdogan y el primer ministro Ahmet Davutoglu, en un mitin ayer en Ankara
Seguidoras del AKP del presidente Tayyip Erdogan y el primer ministro Ahmet Davutoglu, en un mitin ayer en Ankara

La oposición trata de evitar que Erdogan acumule más poder tras los comicios de hoy.

Turquía celebra hoy unas elecciones anticipadas parlamentarias que se han convertido en una especie de referéndum sobre el presidente Reccep Tayyip Erdogan,que busca aglutinar el máximo poder posible en su persona. La consulta electoral representa asimismo un desafío para este país estratégico de casi 78 millones de habitantes, nexo entre Occidente y Oriente, actor clave para el mantenimiento de la paz en Oriente Medio y castigado en los últimos meses por el terrorismo islamista y kurdo.

Además, estos comicios amenazan con aumentar la polarización de su sociedad, que ya está profundamente dividida entre kurdos y turcos, seculares e islámicos, la mayoría suní y la minoría aleví. Turquía, que ha sido modelo de democracia musulmana frente a una región caótica y violenta, podría verse envuelta aún más en la guerra civil en Siria e Irak. Un nuevo avance en la frontera por parte de los kurdos sirios podría llevar a Ankara a considerar una intervención militar directa.

En estas elecciones está en juego la medida en que Erdogan y su Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP), que ha gobernado desde 2002, podrán establecer un gobierno de partido único y el casi monopolio del poder político. Existen temores de que si el AKP obtiene una mayoría simple de 276 de los 550 escaños del Parlamento, se establecerá un sistema presidencial autoritario, que es lo que ha perseguido Erdogan con la repetición de los comicios después de que su partido no obtuviera la mayoría absoluta el 7 de junio.

Las encuestas mostraron que la proporción de los votos de los cuatro principales partidos políticos no ha cambiado mucho desde las elecciones en junio, con el AKP rondando poco más del 40%. Esto lo colocaría a pocos escaños de la mayoría absoluta, algo que pretende impedir toda la oposición. En su defecto, el gobernante partido islamista podría buscar una coalición con el Partido Republicano del Pueblo (CHP), más secular, o el Partido de Acción Nacionalista (MHP), de extrema derecha. Pero Erdogan nunca ha mostrado ningún interés por las coaliciones que llevarían a diluir su propio poder.

Los resultados de las últimas elecciones generales han servido para reavivar el conflicto armado entre el Estado turco y la minoría kurda. Ante la posibilidad del surgimiento de un pequeño estado kurdo de facto en el norte de Siria, Ankara puso en marcha su maquinaria militar para atacar los cantones de esta minoría del sur de Turquía y el norte de Siria, lo que llevó a los kurdos turcos conservadores y religiosos, que habían votado previamente por el AKP, a cambiar su voto al prokurdo Partido Democrático de los Pueblos (HDP), que se convirtió en la cuarta fuerza del Parlamento, tras obtener el 10% de los votos. Las relaciones entre el gobierno y los kurdos se deterioraron rápidamente a medida que Erdogan y los líderes del AKP acusaban reiteradamente al HDP que de ser la marioneta de la guerrilla del PKK, un grupo terrorista para Turquía.

Después, una serie de atentados en el sur rompieron definitivamente el proceso de paz con los kurdos. El 20 de julio, un atacante suicida del Estado Islámico mató en Suruc a 32 activistas kurdos que iban a Kobane, para participar a la reconstrucción de esta localidad kurdo siria, que estuvo cinco meses asediada por los yihadistas. En represalia, dos policías turcos fueron asesinados y el Ejército y las Fuerzas Aéreas turcas reanudaron los ataques contra el PKK en el sureste de Turquía e Irak. El 10 de octubre otro atentado suicida perpetrado por el EI mató a 102 personas que se manifestaban por la paz en Ankara en el peor ataque terrorista de Turquía. Los partidos de la oposición acusan a las autoridades de no defenderles contra los yihadistas y cancelaron todos los mítines preelectorales.

Durante la campaña electoral, las autoridades turcas atacaron oficinas del HDP y detuvieron a muchos de sus miembros y también han llevado a cabo una campaña represiva contra los medios críticos de la oposición. El clima de inseguridad y violencia que ha vivido Turquía en los últimos meses podría beneficiar al partido de Erdogan, ya que muchos votantes piensan que el AKP representa la estabilidad, incluso si implica un cambio hacia una dictadura, y todas las demás alternativas significan una inestabilidad económica y caos. No obstante, la apuesta de Erdogan de usar el miedo como herramienta para agrupar al electorado en torno al AKP podría resultarle contraproducente. La alta participación que se espera hoy podría sorprender al presidente turco, lo que significará olvidar sus sueños de poder absoluto si se ve obligado a compartir gobierno.