Martin Schulz: La promesa «progre» que se desvanece

A sus 61 años, Martin Schulz sabe muy bien que la vida da una segunda oportunidad a los que no se dan por vencidos. Su biografía es la de un mal estudiante que abandona los estudios sin obtener el título de bachillerato animado por una carrera como futbolista profesional que finalmente se frustra por culpa de una lesión de rodilla. Su desesperación le lleva a tocar fondo y caer en el alcoholismo antes de comenzar a trabajar y leer compulsivamente en una librería hasta abrir la suya en 1982. «De un día para otro, fracasé en mis estudios y el fútbol se acabó. Entonces caí en una crisis profunda y empecé a beber mucho», confesó al «Financial Times».

Nacido en la pequeña ciudad de Würselen, cercana a Aquisgrán, en la frontera alemana con Bélgica y Países Bajos, Schulz crece en el seno de una familia modesta. A los 18 se afilia al SPD e inicia una carrera política en su ciudad natal. Tras unos años como concejal, es elegido alcalde con 31 años, el más joven de Renania del Norte Westfalia.

A los 38, da el salto a la política europea como eurodiputado. Entre Estrasburgo y Bruselas, se fragua la figura política de Schulz durante 23 años. Como presidente del grupo parlamentario del Partido Socialista Europeo protagoniza un sonado rifirrafe con Silivio Berlusconi, que le llamó «capo de un campo nazi». Durante sus cinco años de presidente de la Eurocámara (2012-2017), aporta un desconocido protagonismo a la institución con sus vehementes críticas a la gestión de las crisis del euro y los refugiados y su combate de los partidos populistas y euroescépticos.

Con esa aureola de europeísta al que no le temblaba la voz para criticar a los líderes de la UE y un perfil de hombre hecho a sí mismo en la mejor tradición del SPD, aterriza en enero en la política alemana con el objetivo de batir a Angela Merkel. Tras dejarle el camino libre Sigmar Gabriel, Schulz insufla optimismo a una militancia socialdemócrata aletargada y pesimista tras dos grandes coaliciones con los conservadores. Elegido líder del partido con el 100% de los votos en marzo, el candidato socialdemócrata sube como la espuma en los sondeos, que incluso le colocan varias semanas en cabeza. «El 24 de septiembre habrá un canciller calvo y con barba que no ha hecho la selectividad», bramaba en sus mítines. Sin embargo, subestimó a Merkel y el SPD pierde por goleada en las elecciones regionales que se celebran entre marzo y mayo en Sarre, Schleswig-Holstein y Renania del Norte-Westfalia. Especialmente humillante es la derrota en este último Land, feudo electoral socialdemócrata y tierra natal de Schulz.

El candidato del SPD ha colocado la justicia social en el centro de su campaña, pero no ha conseguido el efecto esperado. «A Alemania le va bien, pero no a todos los alemanes le va igual de bien», insiste. En su contra figuran los doce años de prosperidad que los alemanes han tenido bajo el mandato de Merkel. No es fácil luchar contra tu pareja en la coalición pese a que no hayas formado parte de la misma. A menos que hoy logre dar la vuelta a las encuestas, el ex presidente del Parlamento Europeo encajará el gol de llevar al partido al peor resultado de su historia.