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Modi intensifica la represión en Cachemira

Nueva provocación contra Pakistán. India consolida el control de la región con el arresto de opositores y el bloqueo de internet

  • Un niño ve la televisión mientras su hermana juega con un arma de juguete en Srinagar
    Un niño ve la televisión mientras su hermana juega con un arma de juguete en Srinagar

Tiempo de lectura 4 min.

19 de agosto de 2019. 03:33h

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Ethel Bonet 19/8/2019

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El Gobierno nacionalista del primer ministro indio, Narendra Modi, puso hace dos semanas el estatuto especial de la Cachemira india, un privilegio que había mantenido durante los últimos 70 años la región del Himalaya. Y pese a las promesas, Nueva Delhi no ha rebajado la presión tal y como había prometido. El fin de su autonomía significa que ahora los territorios de Jammu (de mayoría budista) y Cachemira (de mayoría musulmana) se incorporarán al control del Gobierno central, perdiendo sus estatutos constitucionales, sus leyes autonómicas y el derecho a la tenencia de la propiedad exclusiva para los cachemires.

Residentes de la región denunciaron ayer el elevado número de detenciones. «El número de detenidos solo en la parte vieja de Srinagar es alarmante, puedo decir con confianza que cualquiera que pudiese influir incluso cuatro o cinco personas está entre rejas», explicó a Efe un residente de la zona de Nowhatta, Riyaz Ahmad Wani.

Líderes políticos como Omar Abdullah y Mehbooba Mufti figuran entre los detenidos de mayor perfil público, confirmaron fuentes oficiales. Pero, según Wani, los arrestados incluyen a estudiantes, comerciantes y hasta jugadores de críquet, además de activistas políticos.

Con la nueva ley de Reorganización de Jammu y Cachemira, aprobada por mayoría en las dos Cámaras indias, la conflictiva región autónoma pasan a ser parte de los territorios de la unión, cumpliéndose así una de las promesas electorales de Modi, que apeló al fervor patriótico contra Pakistán.

La derogación del artículo 370 de la Constitución de India no ha hecho más que escalar la tensión existente durante décadas en este conflictivo territorio fronterizo que llevó a Pakistán e India a dos guerras. Incursiones militares, ataques terroristas y represión policial han sido la tónica general desde hace 30 años en la disputada región de mayoría musulmana y que ahora se siente amenazada por las políticas de nacionalismo hinduista de Modi.

La puesta en marcha de esta medida sin precedentes ha venido impuesto con el toque de queda en la región y el despliegue de 25.000 soldados adicionales. Desde el pasado fin de semana, las Fuerzas de Seguridad indias han impuesto una serie de fuertes restricciones que mantienen cortadas las comunicaciones e internet, prohíbe las reuniones públicas de más de cuatro individuos y han puesto bajo arresto domiciliario a los principales líderes opositores locales.

El Ejército paquistaní reaccionó rápidamente al movimiento del Gobierno indio y aseguró estar dispuesto a hacer «todo lo necesario» para apoyar a los cachemires. «Estamos preparados y haremos todo lo necesario para cumplir nuestras obligaciones», afirmó el general paquistaní Qamar Javed Bajwa. «Nunca hemos reconocido los falsos intentos indios para legalizar la ocupación de Jammu y Cachemira a través de los artículos 370 o 35-A», señaló el Ejército a través de un comunicado.

Tras darse a conocer la medida de Nueva Delhi, el Gobierno islamista del primer ministro paquistaní, Imran Khan, pidió al presidente Donald Trump que cumpla con la oferta que le hizo en julio de mediar en la crisis de Cachemira. Las primeras reacciones no tardaron en llegar y Pakistán anunció la expulsión del embajador indio y la suspensión del comercio bilateral.

En otra declaración, Khan advirtió de que su Gobierno está estudiando llevar ante la ONU o la Corte Internacional de Justicia (CIJ) la revocación del estatus de Cachemira. No obstante, Pakistán ha descartado por el momento el uso de la fuerza. «Pakistán no considera la opción militar», declaró el ministro de Exteriores, Shah Mehmood Qureshi, en una rueda de prensa en Islamabad. «Examinaremos más bien opciones políticas, jurídicas y diplomáticas», agregó Qureshi.

Si bien la decisión de Modi de reforzar el control sobre Cachemira no desembocará en una nueva guerra entre Pakistán e India, sí podría reavivar la insurgencia radical musulmana, que ya se ha cobrado decenas de miles de muertos en los últimos 30 años. De hecho, la agencia de seguridad aérea india pidió a los aeropuertos que refuercen sus dispositivos de seguridad y les advirtió de que «la aviación civil puede ser un objetivo fácil de ataques terroristas».

En vista a que puedan estallar manifestaciones violentas, las autoridades indias mantienen Cachemira aislada del mundo. Las comunicaciones cortadas, los comercios cerrados y las calles desiertas tras el despliegue de decenas de miles de soldados indios adicionales en esta región, que ya contaba con medio millón de soldados. Aún así, en los últimos días se han producido algunas manifestaciones esporádicas en la ciudad de Srinagar. Sus habitantes, de mayoría musulmana, temen que la supresión de la autonomía de Cachemira favorezca el resentimiento en la población local, hostil a India.

Según el diario «The India Express», un total de 560 personas –entre los que se encuentran empresarios, activistas y profesores universitarios– han sido arrestadas en las ciudades de Srinagar, Baramulla y Gurez en los últimos días. Se ha presentado un recurso judicial en el Tribunal Supremo indio para pedir la liberación de los detenidos y la derogación de las medidas restrictivas en Cachemira. La Nobel de la Paz paquistaní Malala Yusafzai, escribió en su cuenta de Twitter: «Representamos culturas, religiones, lenguas, gastronomías y tradiciones distintas. Pero creo que podemos vivir en paz». La joven Malala se mostró preocupada por la seguridad de los niños y las mujeres, que son «los más vulnerables a la violencia y el conflicto», resaltó.

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