Pakistán se inspira en la revolución de Tahrir

El Supremo ordena arrestar al «premier» por corrupción

Miles de seguidores del sheij Tahirul Qadri participaron ayer en la Marcha del Millón en Islamabad
Miles de seguidores del sheij Tahirul Qadri participaron ayer en la Marcha del Millón en Islamabad

La revolución del 14 de Enero comenzó con dos horas de retraso, debido a que la caravana de "la marcha de un millón", encabezada por el sheij Tahirul Qadri, no llegó a Islamabad hasta las dos de la madrugada de ayer. El clérigo reformista hizo su entrada al estilo alfombra roja ante una multitud que le dio una calurosa bienvenida, a pesar de las bajas temperaturas de la noche. El doctor Qadri cumplió su primer objetivo: congregar a cientos de miles de paquistaníes decididos a desafiar al Gobierno para exigir cambios en el sistema político de Pakistán.

La larga avenida de Quaid i Azam, rebautizada la nueva plaza Tahrir, se ha convertido en el epicentro de esta revuelta, inspirada en la Primavera Árabe.

Los simpatizantes del sheij Qadri, que se calcula que superan el medio millón, han invadido la avenida que conduce al Parlamento y no se moverán hasta que las autoridades cumplan con sus demandas.

"No estamos aquí para escuchar un discurso político. Hemos venido, muchos de nosotros desde muy lejos, y no movernos hasta que el Gobierno escuche las demandas del pueblo", declaró a LA RAZON Zisham Ali, estudiante de la Universidad Islámica de Islamabad.

"Queremos una vida mejor, queremos nuestros derechos. Estamos hartos de vivir de las migajas del gobierno. No tenemos gas, ni electricidad, nuestros hijos no pueden ir a la universidad porque no tenemos dinero para pagar la matrícula", denuncia Habib, un taxista de Rawalpindi y padre de familia numerosa.

A penas, unos quinientos metros, separan la Asamblea Nacional de los manifestantes, donde se han desplegado los antidisturbios, que mantienen un perímetro de seguridad para impedir que los manifestantes alcancen el Parlamento. El controvertido clérigo, que regresó el mes pasado de Canadá, dio ayer un ultimátum al Gobierno, que venció a las 11.00 horas local, para exigir la disolución de todas las cámaras y la dimisión del Ejecutivo. Tras cumplirse el plazo, el líder de masas se dirigió a sus acólitos con un apasionado discurso, dentro de la cabina de un camión, preparado con ventanas blindadas.

Qadri exclamó que la conclusión de la gran marcha fue "el comienzo de la revolución".

El clérigo dijo que quería cambios y reformas en el sistema del país, pero aclaró que su gran marcha era "democrática y pacífica". Entre sus demandas está que el gobierno interino, que se formará tras la disolución del ejecutivo actual en marzo, debe ser elegido bajo la consulta del Ejército y la Judicatura.

El líder islamista arengó a sus acólitos a "tomar el control de las cámaras del parlamento", al tiempo que advirtió que "no hay poder en el mundo que pueda detener a sus seguidores a tomar el Parlamento".

Qadri denunció al Ejecutivo por "haber robado los derechos democráticos al 95 por ciento de los paquistaníes".

Su discurso fue interrumpido continuamente por el vitoreo de los manifestantes, que cantaban consignas como: "¡Queremos el cambio!".

El clérigo rebelde es consciente del alto precio que podría pagar por su desafío, y ayer por la mañana sufrió su primer incidente, después de que un grupo de agentes de seguridad intentara detenerlo. Fuentes de la organización explicaron a LA RAZÓN que sobre las ocho de la mañana, cuando la multitud avanzaba hacia el Parlamento, hubo un enfrentamiento entre las fuerzas de seguridad y simpatizantes del líder islamista moderado. En el incidente, una veintena de manifestantes, entre ellos doce mujeres y un policía resultaron heridos, confirmó Qazi Faiz, un portavoz del sheij Qadri.

Analistas y expertos conjeturan que detrás del heroico clérigo está la mano del Ejército que, como en otras ocasiones, ha aprovechado el caos para jugar un papel importante en la escena política.

Estas sospechas tomaron fuerza ayer, tras el fallo del Tribunal Supremo que ordenó el arresto del primer ministro, Raja Pervez Ashraf, por un supuesto caso de corrupción vinculado a proyectos de energía, cuando ocupaba esta cartera en 2010.

La decisión del Supremo, precisamente en estos momentos, solo sirve para crear mayor inestabilidad política. La orden de arresto contra el premier paquistaní recuerda la misma estrategia del Supremo que, apoyado por la institución militar, llevó al exprimer ministro Yusuf Raza Guilani a dimitir en junio de 2012.