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Internacional

«Pensé que era una pistola de juguete»

Era un día como otro cualquiera. Hasta que los relojes se pararon a las 8.20 con el sonido del primer disparo. No se llevó a gran parte mayoría de las víctimas al hospital. No hizo falta. Cuando el personal de servicios de emergencia acudió en su ayuda, ya estaban muertas. Al sargento de la Fuerza Aérea David Reyes le envío su mujer un mensaje de texto a las 8.30, según «The Washington Post». Él estaba en la base de la Fuerza Aérea de Andrews, la que utiliza el presidente para desplazarse fuera de Washington. El mensaje decía que había habido un tiroteo. Se intercambiaron mensajes hasta las diez. Entonces, perdió el contacto con su esposa. Y decidió ir a buscarla a la instalación militar de la Marina, donde había tenido lugar el tiroteo. En el trayecto, sólo pensaba en encontrarla. Poco después consiguió volver a comunicarse con ella. Respiró de nuevo. Su esposa se encontraba bien. El comandante de la Marina Tim Jirus explicó que tras escuchar los disparos la gente gritó: «Fuera. Fuera. Corrí para salvar mi vida. Tuve suerte. [El tirador] Realizó dos disparos. Dio a un hombre, pero no a mí», recordó. Paul Desbiens, trabajador externo de la Marina, apuntó que «no nos dijeron lo que pasaba. Simplemente que teníamos que correr», señaló. Era como si no hiciese falta. Todos se miraron. Apenas nadie pronunció palabra. Y empezaron a evacuar el edificio. «Escuché tres disparos seguidos. Segundos después fueron más y todos empezamos a correr», explicaba a la cadena ABC Patricia Ward, una de las empleadas que se hallaba desayunando en la cafetería. «Empuñó el arma y disparó en nuestra dirección», confesaba asustado Todd Brundidge. «Todo el mundo bajaba corriendo las escaleras. Nos empujábamos y algunos se caían al suelo. Cuando conseguimos salir a la calle, vi cómo algunas personas trataban de escalar los muros para abandonar el recinto y alejarse de los agresores», añadió Brundidge. Tim Jirus, un comandante de Marina, también relató su experiencia al «Washington Post»: «Estaba trabajando en el cuarto piso del edificio 197 cuando escuché dos o tres disparos. Pensé que era un tipo con una pistola de juguete. Al principio intenté mantener la calma, pero pronto que habían disparado a compañeros míos míos y se los llevaban en coches de Policía. Así que me puse a correr para salvarme. Simplemente tuve suerte».

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