Regresa la zozobra del conflicto

Un grupo de soldados custodia la zona donde las FARC aseinaron la noche del martes a 11 militares, en Cauca
Un grupo de soldados custodia la zona donde las FARC aseinaron la noche del martes a 11 militares, en Cauca

El presidente Santos lanza una ofensiva mixta tras el ataque más letal de la guerrilla. Reanuda las acciones militares y pone plazos al proceso de paz

El proceso de paz en Colombia se encuentra en su momento más delicado. El presidente, Juan Manuel Santos, que apostó todo al proceso de paz, se asoma al abismo. Está de nuevo en la encrucijada: cortar la cabeza de la serpiente o seguir conversando. Al final ha optado por una decisión salomónica. La cuerda se estiró pero no se rompió. Ambas partes se vieron las caras, se despojaron de sus pieles de cordero para mirarse a los ojos. Esto es una guerra. Y los daños colaterales son varios, pero nadie gana al final del camino. Lo importarte es llegar entero. Ayer se produjo el primer bombardeo desde que Santos anunciara la reactivación de éstos tras la muerte de 11 soldados. El ataque del Ejército tuvo lugar en el municipio de Granada, en el Meta, donde se explicó que en la acción se destruyó una fábrica de explosivos de los guerrilleros. Una acción militar que acabó con la vida de dos miembros de las FARC.

Santos ha arriesgado todo por el proceso de paz. Durante las pasadas elecciones basó su campaña en estas negociaciones, pero los riesgos de pactar con terroristas son altos. Por una parte está la oposición encabezada por el senador y ex presidente Álvaro Uribe recordando en todo momento quiénes son las FARC. Y por la otra, la sociedad colombiana, en general, y las víctimas del terrorismo, en particular, que todavía buscan justicia. De hecho, las víctimas es uno de los asuntos pendientes en la mesa de negociaciones.

¿Los narcos podrán abandonar sus trajes verde oliva y enfundarse la corbata en el Congreso? Se cansaron de vivir como forajidos en la jungla y ahora quieren ser «señorías». El presidente Santos tiene la llave de la transición. Pero es un proceso complejo y plagado de obstáculos. Imaginen ver a esos narcoterroristas con su barba de dos días y la camiseta del Ché y Fidel en el Parlamento. Con un partido legalizado, entrevistados por los medios, subvencionados con dinero público. Más de uno se revolvería en su tumba. Por eso en el proceso hay accidentes, aunque en Colombia ya nadie cree en accidentes. Sólo creen en el destino. Esta semana el proceso de paz saltó por los aires. Pero no hay que ser hipócritas, Santos nunca dio tregua. Tan sólo acordó el fin de los bombardeos. Otra cosa es la tierra. La selva. Las incursiones terrestres nunca cesaron. Y eso es lo que pasó en Cauca. «Esto sólo comenzó, seguramente el conflicto se va recrudecer. Ambas partes tienen mucha presión. Hay que pagar con vidas. La gente quiere sangre. Esto es Colombia. O por la razón o por la fuerza. Mostrar mano dura», asegura Jorge Restrepo, analista de la Universidad Nacional.

El presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, reiteró el viernes que «se está agotando su paciencia» y que, por tanto, es necesario «ponerle plazos» al proceso de paz que su Gobierno lleva con las FARC desde hace más de dos años. Se pronunció en la misma línea que había expresado la semana pasada en la entrevista que le hizo LA RAZÓN en la Cumbre de Panamá. Santos es consciente de que el proceso no se puede eternizar. La prolongación sine díe de las conversaciones en La Habana, que ayer iniciaron una nueva ronda para tratar dos de los cinco punto que quedan por consensuar, serviría para viciar la iniciativa y difícilmente se lograría alcanzar un resultado definitivo. De ahí el interés de fijar límites y añadir presión a las partes para alcanzar un acuerdo en una fecha límite. La sociedad colombiana así lo exige y Santos no quiere decepcionarlos. El reloj de arena está boca abajo.