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Un año sin Aylan Kurdi... Y todo sigue igual

Hace 365 días que la trágica foto dio la vuelta al mundo, convirtiéndose en icono de la guerra de Siria

A pesar del impacto creado en su día, el mundo parece haber cerrado nuevamente los ojos y a obviar este horrible drama humano.

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Ha pasado un año desde que la imagen de Aylan Kurdi en la costa turca conmocionó a la población mundial. Ha pasado un año desde que el diminuto cuerpo de aquel niño de 3 años abrió los ojos de una sociedad empeñada en dar la espalda al conflicto sirio. La playa turística de Bodrum fue testigo directo del horror causado por una guerra que dura ya cinco años.

Aylan Kurdi murió ahogado junto a su madre, su hermano y otras nueve personas al hundirse los botes que debían llevarlos a la isla griega de Kos, una puerta hacia Europa y, sobre todo, hacia un futuro previsiblemente mejor.

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Pero Aylan, al igual que sus acompañantes, no llegó a Grecia. Con la ropa empapada por las aguas del Mediterráneo, muy diferente de aquel que representaba el gran Joan Manuel Serrat en su canción homónima, Aylan se convirtió, sin quererlo, en protagonista de los medios de comunicación de todo el mundo. En aquel momento, las conciencias de Occidente despertaron. La guerra de Siria era, y es, un conflicto verdaderamente serio. Las redes sociales alzaron la voz y los medios de comunicación se hicieron eco de aquella tragedia. Parecía que Occidente se pondría manos a la obra y comenzaría a aplicar unas políticas de asilo acordes a las consecuencias del conflicto. Aquella imagen debía ser el punto de inflexión.

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Sin embargo, no lo fue. La Unión Europea continuaría con la política del rechazo al refugiado y la refugiada. La UE le daría 6.000 millones al Gobierno turco para que éste se encargase de la presión migratoria que estaba causando sobre las fronteras europeas la guerra en Siria. Algunas naciones europeas comenzaron a levantar muros anti inmigración para evitar que aquellas personas que huían de la guerra pudieran alcanzar un futuro mejor. Ni siquiera el horror de Aylan fue capaz de abrir los ojos al conjunto de dirigentes europeos.

El Mediterráneo se había convertido en el cementerio oficial de aquellos y aquellas valientes que huyeron de sus países de origen buscando una mejor vida dentro de las fronteras europeas. «A tus atardeceres rojos se acostumbraron mis ojos» dice Serrat en la canción. El problema radica en cuando el rojo se convierte en imagen del dolor, el sufrimiento y la muerte de los refugiados y las refugiadas. Continúa el verso con el «se acostumbraron mis ojos», y me da pánico que nos acostumbremos a que ocurra esto día tras día.

Un año después, Occidente sigue durmiendo. Un año después, desde las instituciones europeas siguen sin aplicarse las medidas necesarias para poner solución a este auténtico drama humano. La Unión Europea sigue dándole la espalda a un conflicto del que, no sé si directa o indirectamente, es responsable. Esta UE no es la misma que la de antaño, y es que una de sus primeras y principales misivas era la de acoger a toda aquella persona que se viese necesitada de asilo político. ¿Lo está haciendo?

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Aylan Kurdi estuvo a punto de conseguir esa protección. El pequeño Aylan fue, durante días, símbolo del horror de la guerra, aunque, con el paso del tiempo, su recuerdo parece haberse diluido en las aguas del Mediterráneo. Desde aquí quiero agradecer también a las personas y organizaciones que se desviven por proteger a quienes huyen de la guerra, a quienes buscan una vida mejor. Lo que no podemos hacer es obviar el problema porque, aunque cueste, tiene solución.

Como Aylan, han perdido la vida otros 423 niños y niñas en medio del mar Mediterráneo. Nuestra obligación es impedir que esa cifra vaya en aumento año tras año. No queremos más imágenes como la de Aylan Kurdi.