«Guerra santa» en la playa de Túnez

Fuerzas armadas tunecinas desplegadas tras los atentados.
Fuerzas armadas tunecinas desplegadas tras los atentados.

Un hombre armado se infiltra en el hotel español de Port Kantaoui y abre fuego contra los turistas dejando al menos 36 muertos. El terrorista fue abatido y se detuvo a un cómplice.

El peor atentado terrorista de la historia reciente de Túnez se cobró ayer la vida de 37 turistas en una playa de Susa, la tercera ciudad más poblada del país norteafricano. Tras escuchar lo que parecía ser sonido de disparos, el pánico se apoderó de los visitantes que se alojaban en el hotel Imperial Marhaba –perteneciente a la cadena española RIU– quienes corrieron en estampida en busca de refugio.

Informaciones preliminares ofrecidas por el Ministerio del Interior tunecino hablaba en principio de la participación de dos yihadistas en el atentado aunque, posteriormente, sólo pudieron confirmar la implicación de un asaltante: «Un terrorista se ha infiltrado por la parte trasera del edificio antes de abrir fuego contra los residentes del hotel, entre los que hay turistas extranjeros y tunecinos», informó el portavoz del ministerio. Antes de ser abatido por las Fuerzas de Seguridad, el terrorista dejó un reguero de cadáveres, que yacían en la arena cubiertos por sendas toallas a la espera de ser identificados. El Ministerio de Sanidad tunecino, confirmó que entre los fallecidos se contaban nacionales de Reino Unido, Alemania y Bélgica. Ningún español fue alcanzado mortalmente por los disparos.

Sacudida por la tragedia, la cadena hotelera RIU informó de que el hotel había registrado una ocupación del 77%, lo que se traduce en un total de 565 huépedes, precisando que sus clientes procedían, en su mayoría, de Reino Unido y de varios países centroeuropeos. Junto a la marca española, que trasladó sus condolencias a los familiares de las víctimas, se vio afectado el hotel Muradi Palm Marinay, ambos situados en el balneario de Port El Kantaoui en la ciudad de Susa. Pese a que Túnez había declarado la alerta máxima tras el asalto al Museo del Bardo en la capital el pasado mes de marzo, las autoridades no lograron evitar un atentado en el que 36 personas resultaron heridas y que fue ejecutado con una facilidad pasmosa. Varios testigos declararon a medios de comunicación locales que el confirmado autor de la masacre habría accedido a las instalaciones del hotel en una pequeña embarcación. Dichas declaraciones fueron ratificadas posteriormente por el secretario de Estado de Interior tunecino, Rafik Chelli, quien añadió que el joven atacante llevaba oculto un Kalashnikov en una sombrilla. Camuflado entre los bañistas, no tuvo más que descubrir el fusil de asalto que portaba y disparar contra todo aquel que se hallase en su punto de mira. Durante la jornada de ayer poco se sabía del atacante, que no contaba con ficha policial ni era conocido por las fuerzas de seguridad tunecinas, según Chelli. Se trataba de un estudiante que «ciertamente debe de estar relacionado con elementos extremistas», declaraba el secretario de Estado de Interior.

Los expertos coinciden en que el atentado terrorista de ayer tenía como objetivo minar los intereses económicos de Túnez, un país que no cuenta con importantes recursos naturales y que obtiene del turismo el 7% de su producto interior bruto (PIB). Si bien las cuentas del país recibieron el empuje de la visita de más de 6 millones de visitantes en 2014, en los primeros 5 meses de 2015 el sector experimentó un descenso del 15%.

La causa de este retroceso en la confianza del turista extranjero, que se vio profundamente trastocada por la inestabilidad que generó la llamada Primavera Árabe en 2011, está recogida en los titulares del pasado 18 de marzo. Fue entonces cuando un grupo de hombres armados que se disponían a perpetrar un ataque en la sede del Parlamento, en la capital tunecina, acabaron atrincherados en el adyacente Museo del Bardo, asesinando a más de una veintena de visitantes, entre ellos dos jubilados españoles. El Estado Islámico (EI) se apresuró a reivindicar el atentado, aunque finalmente el autor intelectual fue identificado en la persona de Loqman Abu Sajer, militante de la organización yihadista Katiba Okba Ibn Naafa, vinculada a Al Qaeda del Magreb Islámico. Al margen de si la responsabilidad recae sobre uno u otro grupo, lo cierto es que en los últimos meses la amenaza terrorista se ha cernido visiblemente sobre el país, considerado como un oasis en medio de la oleada de violencia generada tras los levantamientos populares de 2011 en el mundo árabe. La frontera con Libia, cuyo Estado se encuentra en proceso de desintegración, ha supuesto un quebradero de cabeza para el Ejecutivo tunecino, aunque no hay que olvidar que el enemigo también se encuentra en su propio territorio. Sin ir más lejos, quienes urdieron el atentado al Museo del Bardo eran yihadistas locales.

No resulta menos preocupante el dato que habla de más de 3.000 tunecinos que se habrían sumado a las filas del EI en Siria e Irak, representando el colectivo más numeroso de combatientes extranjeros que han dejado atrás su vida para participar en lo que consideran que es una guerra santa. Asimismo, alrededor de 500 veteranos habrían regresado a Túnez tras luchar junto a las huestes del autodeclarado califa Abu Bakr Al Bagdadi, lo que representa una amenaza de primer orden para su seguridad nacional.