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Un referéndum a la medida de Al Sisi

Crecen las denuncias contra el Gobierno por comprar miles de votos a cambio de cajas de comida.

  • Un hombre sostiene un cartel con la imagen del presidente Al Sisi a la salida de un colegio electoral en El Cairo / Reuters
    Un hombre sostiene un cartel con la imagen del presidente Al Sisi a la salida de un colegio electoral en El Cairo / Reuters

Tiempo de lectura 4 min.

23 de abril de 2019. 01:57h

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Marc Español.  23/4/2019

Los colegios electorales de Egipto cerraron ayer sus puertas tras haber acogido durante tres días un referéndum repleto de irregularidades sobre una batería de enmiendas constitucionales aprobada en el Parlamento que, de ser ratificada, permitirá al presidente, el militar Abdelfatah Al Sisi, mantenerse en el cargo hasta el año 2030.

Desde el inicio del plebiscito empezaron a circular denuncias sobre la entrega de comida y dinero a los electores a cambio de su voto, unas artimañas que LA RAZÓN pudo constatar en distintos distritos de clase trabajadora de El Cairo. En Gamaliya, el barrio donde creció el propio Al Sisi, miembros del Partido del Futuro de la Nación, aliado del «rais», entregaban papeletas a quienes habían depositado su voto para que lo pudieran canjear luego por una caja de comida que se distribuía en una calle cercana al centro electoral.

«Desde el primer día este referéndum ha sido inconstitucional», señala a este medio Magdy Abdel Hameed, portavoz del Movimiento Civil Democrático, un paraguas de partidos opositores liberales y de izquierdas formado en el año 2017. «Las noticias sobre [el reparto] de dinero, comida y otros bienes son solo detalles en comparación con el hecho de que [el régimen] ha modificado una Constitución que estaba preparando el país para dar el salto final hacia un Estado civil y democrático», agrega el político.

Ya antes de arrancar el plebiscito, El Cairo bloqueó el acceso a 34.000 webs para impedir una campaña de oposición a las enmiendas, según la organización Netblock, que también informó de que una petición «online» que había recogido cerca de 60.000 firmas en contra de la reforma fue cerrada al poco de lanzarse.

Dado que la victoria del «sí» se da por descontada, la clave del referéndum será la participación, y aunque a la hora de cerrar esta edición no se había ofrecido ninguna estimación, medios de comunicación oficiales y otros afines al régimen insistían en que la cantidad de votantes ha sido superior a la prevista. Tanto sus previsiones como sus cifras, sin embargo, resultan imposibles de contrastar, y los resultados finales, que tendrán efecto inmediato, se prevé que se anuncien el próximo sábado.

Las enmiendas más destacadas aumentan los términos presidenciales de cuatro a seis años, y aunque mantienen el límite de dos mandatos por presidente, un artículo transicional permitirá a Al Sisi optar a un tercer mandato en 2024. Paralelamente, tanto el «rais» como el Ejército verán aumentadas sus prerrogativas en la dirección del país.

Para los partidarios de Al Sisi, el mandatario es una figura capaz de preservar la estabilidad en Egipto, y necesita más tiempo para seguir con sus proyectos y reformas económicas. «Los egipcios quieren casarse y tener un piso, un coche y un sueldo, y si esto es posible con Al Sisi, entonces Al Sisi nos va bien», defendía ayer a LA RAZÓN Saber, un taxista de El Cairo.

Sus detractores, en cambio, consideran a Al Sisi el culpable de los profundos problemas económicos que atraviesa Egipto, y ven las enmiendas como una vía para cimentarlo en el poder, reforzar su influencia y enterrar los anhelos de transformación de los egipcios. «La gente no sabe ni lo que está votando, solo van [al centro electoral] por los cartones de comida», criticaba a este periódico Mahmud, un vecino del barrio de Maadi, que concluía: «Yo no voy a vender mi país por uno de esos cartones».

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