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Dos terremotos sacuden a una Venezuela en crisis

En medio del caos monetario, la tierra tiembla sin dejar víctimas

  • El epicentro se ha fijado a 21 kilómetros al noroeste de Yaguaraparo, en el estado venezolano de Sucre, y a una profundidad de 123 kilómetros
    El epicentro se ha fijado a 21 kilómetros al noroeste de Yaguaraparo, en el estado venezolano de Sucre, y a una profundidad de 123 kilómetros

Tiempo de lectura 2 min.

23 de agosto de 2018. 04:44h

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Víctor Amaya.  22/8/2018

Despertar en Venezuela es entregarse a la vorágine de la angustia. Haberlo hecho ayer no fue la excepción. Aún en medio del cambio de moneda, el sueño se hizo pesado después de que un terremoto de magnitud 6,9 sacudiera el extremo oeste del país. «Yo esperando las réplicas no pegué un ojo en toda la noche», confesó Maura Díaz, una ama de casa caraqueña de 67 años.

El epicentro del movimiento telúrico, que el observatorio de terremotos de Estados Unido registra con magnitud 7,3, estuvo a gran profundidad: 123,2 Kilómetros. Los geólogos explicaron que el movimiento fue en dirección horizontal y no vertical. Factores que evitaron que en la superficie se registraran mayores daños e incluso víctimas. No hubo muertos ni mayores pérdidas materiales. Varios inmuebles en ciudades cercanas al epicentro sufrieron daños estructurales, como paredes agrietadas o vidrios rotos. En Caracas, un rascacielos nunca culminado sufrió la inclinación de su estructura metálica.

Pasadas las nueve de la mañana, la tierra volvió a temblar. La réplica tuvo una magnitud de 5,7 y el epicentro cercano al del día anterior. Un par de horas después, los venezolanos recibieron otro sobresalto: las pensiones de la tercera edad no se pagarán a partir del 23 de agosto, como estaba programado, sino fraccionadas durante septiembre y con un cantidad 180 millones (1.800 soberanos), en vez de los 8 millones que se repartieron en julio.

«Imagínese usted. Yo cobré los 8 millones esos piches en julio pasado y nadie me dijo que había que estirarlos más, que además no se puede por la inflación», se quejaba Maura Díaz. Lourdes Sanabria, de 70 años, deberá esperar comiendo aún menos. Hace más de un año que no sabe qué es consumir pollo, mucho menos carne. Apenas ingiere atún o granos, sí vienen en la caja que entrega a precios baratos el Gobierno a través de los CLAP, una ayuda que le llega de manera irregular. Hasta septiembre le tocará incluso pedir a sus vecinos. «Entre todos nos ayudamos porque aquí nadie la pasa fácil».

Sin importar edad, todos tratan de comprender la nueva realidad económica de cinco ceros menos, pero con la misma gorda hiperinflación. Gustavo Castillo logró retirar 10 bolívares soberanos, un millón de los anteriores, en una agencia bancaria. «El problema no es que no lo entienda, sino que esta plata igual no me alcanza para comprar nada». En la panadería de enfrente, dos cafés con leche y un cachito (pastel relleno de jamón) suman 70 soberanos.

En cambio, Gabriela López se mostraba optimista. Militante del chavismo «desde siempre», cree que con los 1.800 bolívares soberanos de sueldo mínimo se le acabarán las preocupaciones. «Eso es mucha plata. Si un kilo de pollo está en 10 millones, eso alcanza y sobra». Pero su alegría durará poco. Ayer fueron anunciados nuevos precios autorizados por el Gobierno, registrando aumentos de hasta el 387%.

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