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Una cooperación necesaria

Más allá de las tensiones ocasionales, Madrid y Rabat forman un eje estructural en la relación Norte-sur en el Mediterráneo

  • El rey de Marruecos, Mohammed VI, durante la Fiesta del Trono de Marruecos que conmemora el XIX aniversario del su ascenso al trono / Ap
    El rey de Marruecos, Mohammed VI, durante la Fiesta del Trono de Marruecos que conmemora el XIX aniversario del su ascenso al trono / Ap

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03 de agosto de 2018. 03:47h

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Ahmed Charai.  3/8/2018

En la ceremonia del Día del Trono, hubo un detalle especialmente significativo. Dos antiguos altos funcionarios españoles, el expresidente Zapatero y el ex ministro de Asuntos Exteriores Miguel Ángel Moratinos, fueron invitados de honor. Excepcionalmente, siguiendo el protocolo, el Rey los recibió en audiencia con toda la ceremonia.

No es una coincidencia, ni mucho menos. Indudablemente, es la evidencia de una relación intensa entre hombres afines, pero especialmente entre los dos países. Marruecos y España, como todos los vecinos, están unidos por una historia compleja, donde todo no siempre ha sido pacífico. Pero paulatinamente se ha ido produciendo un acercamiento cultural y humano. Nadie discute la contribución morisca a Andalucía. Esta contribución es marroquí, porque es el único país que siempre ha constituido un Estado, un imperio, independiente del califato central.

Estos elementos de la historia son muy importantes, pero no son decisivos para comprender la situación actual, donde priman los intereses geopolíticos y, cuanto menos, obliga a ambos socios a entenderse.

De hecho, Marruecos y España, más allá de los intercambios económicos, que son importantes para los dos países, deben gestionar conjuntamente cuestiones como la inmigración ilegal, el terrorismo transnacional o la libertad de navegación en el estrecho de Gibraltar.

Es la coherencia de los acuerdos entre Marruecos y España lo que ha permitido reducir el flujo de inmigrantes ilegales africanos a Europa. Este flujo se ha movido a otra parte, a Libia, por ejemplo, en su mayoría, pero no en su totalidad. Rabat se ha comprometido a bloquear sus fronteras del norte, pero al mismo tiempo, ya que Marruecos es un país africano, las autoridades se ven obligadas a gestionar la situación de los inmigrantes ilegales que permanecen varados en su territorio. Ahora tienen derecho a regularización, atención médica y educación para sus hijos.

Ya son 40.000 los ilegales que se benefician de esta nueva política. No obstante, estas medidas tienen un coste, y es normal que Europa participe, ya que Marruecos no está destinado a ser la policía del Viejo Continente. Rabat, por dignidad y respeto por las raíces históricas, nunca ha querido convertir este tema en un medio de presión.

El terrorismo es un punto más inquietante. La cooperación entre Madrid y Rabat es notable. El número de células en el norte de Marruecos, Ceuta y Melilla que han sido desmanteladas es impresionante. Esta cooperación es un verdadero éxito, que se consigue solo cuando se alcanza un cierto nivel de confianza. Finalmente está el tráfico de drogas, donde la lucha conjunta obtiene grandes resultados, a pesar de que los traficantes hayan encontrado otras rutas para burlar a las policías española y marroquí.

Estos problemas son vitales para ambos países. Más allá de las tensiones ocasionales, Rabat-Madrid se ha convertido en el eje estructural en las relaciones entre el Norte y el Sur del Mediterráneo. Sin embargo, no hay que dormirse en los laureles. La historia común y los intereses compartidos imponen una relación aún más cercana.

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