Corrupción a la italiana

La clase política y la periodística nos hemos caído del guindo despertándonos a media noche entre el baile de los Íncubos y los Súcubos de la corrupción como si fueran algo novedoso. Por algo será que Madrid es la única ciudad del mundo que ha erigido en el Parque del Retiro un conjunto escultórico al Demonio. Los socialistas, con González y Guerra, tuvieron «Flick y flock», porque Willy Brandt apostó fuerte por ellos y aún tuvieron que corromperse desde dentro extorsionando a empresas públicas y bancos. Tierno Galván y el bueno de Alejandro Rojas Marcos financiaban el Partido Socialista Popular y el Partido Socialista de Andalucía con dinero de Gadafi y hacían loas de su «Libro Verde».

Santiago Carrillo recibió dinero soviético (poco) y hasta Ceaucescu le regaló un Cadillac blindado que se rompió subiendo el puerto del Escudo. El sistema financiero optó, sabiamente, por amparar a todo el mundo, pero principalmente al centro que representaba Adolfo Suárez, con créditos que durmieron el sueño de los justos hasta que se archivaron como incobrables. Todos somos sapos de ese pozo original en el que Luis Bárcenas es un batracio (con perdón), aunque tuviera 22 millones de euros. Si el ex tesorero del PP los tuviera en la banca suiza (que no es paraíso fiscal), sería un aficionado a lo ilícito, porque la Confederación Helvética admite y tramita las comisiones rogatorias judiciales.

Si yo tuviera la posibilidad de esconder dinero no lo haría en esa teoría de Isla de Man, Caimanes, Barbados, Jamaica, buenas para los best-sellers de acción financiera, sino en Londres, donde mesas de dinero sin nombre ni dirección blanquean el narcotráfico y el flujo de armas, o en Argentina: en Buenos Aires donde parece que hay dinero independentista catalán, o en la provincia de Salta «la linda», al norte del país, la cuna de «Los Chalchaleros» donde, puede, que distraídos del PP críen limones con exenciones fiscales para venderle el zumo de cítricos a la «Coca-Cola» en EEUU. La inseguridad jurídica con los gobiernos peronistas (Repsol) dificulta la inversión extranjera en el país pero eso se compensa con la venta al barato de territorios estatales o provinciales y la sustitución de Hacienda por la coima (el soborno), entre otros negocios suculentos.

Esta semana hemos descubierto la corrupción, como Colón América en 1492, que ya estaba allí y sin saber a dónde había llegado. La luz es la revolución de las cucarachas y estos días hemos visto agitarse a los hipócritas y destaparse los sepulcros blanqueados. Pero hasta aquí han llegado las aguas en nuestra corrupción a la italiana (lo de la columnista socialista de la Fundación Idea, Amy Martín, es de Don Pepone), que arruinó partidos más sólidos que los nuestros como la Democracia Cristiana de De Gásperi, el influyente Partido Comunista de Gramsci y el todopoderoso Partido Socialista del golfo de Bettino Craxi, para dar paso a la Padania y a Silvio Berlusconi.

Con el Código Penal

¿Un pacto multipartidario contra esta lacra? Mejor que no porque en los pactos se pacta cualquier despropósito. ¿Investigaciones internas? Eso suena a los Asuntos Internos de la Policía, onanismo que aflora el corporativismo. ¿Auditorías externas? Trabajé para una empresa privada y su junta de accionistas pidió una auditoría independiente. El gerente me comentó lo caro que le habían salido los auditores para que le firmaran los papeles que él quería. Y es que las auditoras no tienen presuntos reos sino clientes. Con ser enjundioso su discurso de investidura, lo más esperanzador de Mariano Rajoy fue su apelación a la transparencia. Eso pasa por otra financiación de los partidos pegada a una economía menesterosa y con las donaciones y las condonaciones en el Boletín Oficial del Estado; por una Fiscalía Anticorrupción que obre en tiempo real y con la claridad del cristal prístino; y por un Tribunal de Cuentas que investigue además de contar lo que le dan y esté compuesto por opositores y no beneficiados políticos. Para salir del pantano dinerario a donde nos abocó la Transición no hace falta mucho más ni tanto alboroto. Digo más: basta introducir tres o cuatro artículos en el Código Penal y, llegado el caso, llamar a los guardias.

Coda. El único partido que se ha manchado con la corrupción de sangre ha sido el PSOE. Deben denunciar lo denunciable, pero también rasgarse las vestiduras con un poco más de pudor.