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Deshojando la desgracia de Margarita

El gobierno británico no estimó adecuado su enlace con Peter Townsend, lo que la llevó a buscar consuelo sin éxito en diversas relaciones amorosas.

  • Deshojando la desgracia de Margarita
Doctor en Historia.

Tiempo de lectura 4 min.

15 de septiembre de 2018. 03:49h

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Amadeo-Martín Rey y Cabieses.  Doctor en Historia. 15/9/2018

La reina Isabel II tuvo una única hermana, Margarita. Su vida, llena de claroscuros, fue la manifestación de una serie de fracasos y decepciones vitales que la llevaron a una muerte más temprana de lo esperado. Entre esas amarguras, las amorosas ocuparon un notable primer plano. Su primer y frustrado amor con el capitán Peter Townsend marcaría su vida y la conduciría, con el tiempo, a contraer matrimonio con Antony Armstrong-Jones, hecho conde de Snowdon. Nacida en el impresionante castillo de Glamis, por su familia materna, los conde de Strathmore y Kinghorne, le gustó siempre el sol y la luz, tan escasos en su Escocia natal. Su amor por Townsend nació después de la Segunda Guerra Mundial, en la que la familia real, ella incluida, dio pruebas de una sensibilidad especial para comprender y estar al lado de la sufrida población londinense, amedrentada por las bombas alemanas que llegaban por el aire. Fue famosa la respuesta de Isabel, esposa de Jorge VI, cuando se les propuso huir a Canadá: «Las niñas no irán sin mí, yo no me iré sin el Rey y el Rey nunca se irá». El amor nació en un viaje realizado por Margarita y su familia a Suráfrica en 1947. Peter, caballerizo del monarca –y más tarde de Isabel II–, encontró el modo de enamorar a la princesa aprovechando su cercanía a ella. Peter se divorció de su primera mujer. Su intención con Margarita era evidente. Quería casarse con ella y formar una familia a su lado. A principios de 1953, cuando ya su hermana se había convertido en reina, Margarita recibió la propuesta matrimonial de Peter. Pero, como otras veces en la Inglaterra del siglo XX, las dificultades surgieron, no de los contrayentes, sino de un entorno poco comprensivo con los deseos y el amor de la pareja. Ya en 1936 su tío el rey Eduardo VIII tuvo que abdicar para contraer matrimonio con la dos veces divorciada Wallis Simpson, convirtiéndose en duque y duquesa de Windsor. Ahora, una vez más, intereses ajenos a los propios de los sentimientos se cruzaban en el camino que llevaba al altar. El gobierno británico no estimaba adecuado el enlace, considerado fuera de la tradición real y religiosa inglesa.

Dieciséis años mayor que ella

Curiosamente, la Iglesia de Inglaterra, surgida de un divorcio, el de Enrique VIII y Catalina, nacida infanta de Aragón, era intolerante con el posible matrimonio de un divorciado con la princesa Margarita. Impelida a renunciar a sus derechos al trono si se casaba con Peter, se vio forzada a olvidar toda idea de contraer matrimonio con ese militar dieciséis años mayor que ella y que sufrió una serie de traslados y postergaciones en su carrera, como haber sido nombrado agregado aéreo en Bruselas. Para él, su romance con Margarita marcó también un antes y un después en su vida. Llegaría a escribir una biografía de quien hubiera sido su suegro, Jorge VI, titulada «El último emperador», ya que fue el postrer emperador de la India. En 1960 Margarita Rosa, o Margot, como se la llamaba en familia, aceptó casarse con el fotógrafo Antony Armstrong-Jones en lo que parecía una solución de conveniencia que llevó con los años a una deriva de mala vida y ansiedad perpetua que desembocó en un inevitable divorcio en 1978, después de haber tenido dos hijos con Tony: David y Sarah. Margarita, constantemente insatisfecha en su vida sentimental y conyugal, buscó sin éxito consuelo en diversas relaciones amorosas y en sustancias perjudiciales para su salud. Fumadora empedernida, consumidora de hipnóticos, acabaría sus días en 2002 en un hospital londinense, el Rey Eduardo VII, que llevaba el nombre de su bisabuelo, después de intervenciones en el pulmón, neumonías y accidentes cerebrovasculares que fueron minando su débil resistencia. Murió con 71 años.

SU CARÁCTER
Margarita fue una princesa sensible a todo tipo de manifestaciones artísticas. Cantaba y tocaba el piano bastante bien. Era divertida, alegre, un poco escandalosa y bastante ocurrente, y solía despertar fácilmente la risa en quienes compartían con ella reuniones en la intimidad. Para su padre era fuente de alegría, del mismo modo que Isabel II lo era de orgullo. Su evidente belleza y sus vívidos ojos azules facilitaron que fuera atractiva para muchos hombres, y ella se dejaba cortejar. Centro de reuniones sociales, era también una princesa preocupada por lo social desde otro punto de vista: el caritativo, al presidir de modo activo diversas instituciones benéficas.

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