Un paparazzi pone en peligro la exclusiva de los 100.000 euros por la boda de Fernando Verdasco y Ana Boyer

El tenista y la hija de Isabel Preysler se han casado tras cuatro años de noviazgo

Ante la amenaza de que un fotógrafo hubiera llegado sin problemas a la isla y que estaría alojado en el lujoso Firefly Hotel Mustique, el deportista y la «socialité» decidieron adelantar un día el «sí, quiero» en la playa de Macaroni, rodeados de todos los hermanos Preysler, con la única duda de Enrique, pero ninguno de los hijos del ex ministro Miguel Boyer.

Corre el rumor de que, a pesar de las fuertes medidas de seguridad contratadas por Fernando Verdasco (33 años) y Ana Boyer (28) para «blindar» la exclusiva de su boda, un «paparazzi» pudo llegar sin problemas a la isla de Mustique y alojarse por 756 euros diarios (la mitad de lo que les ha costado cada habitación a algunos de los invitados al enlace) en el lujoso Firefly Hotel Mustique, que cuenta con un edificio principal y 87 villas (2.000 euros por jornada), algunas de ellas reservadas desde hace más de tres meses por los contrayentes para uso y disfrute de sus invitados. Por tanto, la próxima semana veremos si se ha roto la gran exclusiva y, con ello, mermado la cantidad que cobrarán de su revista de cabecera el tenista y la «socialité». No se ha desvelado la cifra, pero podría estar entre los 50.000 y los 100.000 euros.

Otro rumor apunta a que la boda civil podría haberse celebrado hace semanas en secreto. El nuevo matrimonio reside desde hace tiempo en Doha, Catar, un país musulmán en el que no está bien vista la convivencia entre hombres y mujeres que no estén unidos legalmente.

La boda, con Julio José Iglesias (hermano por parte de madre de Ana) y Olga Carmona, madre del tenista, como padrinos, se celebró un día antes por la posibilidad de perder la exclusiva y ante la amenaza de una tormenta. El lugar donde se celebró, la playa de Macaroni, trajo emotivos recuerdos a la novia. Por sus finas arenas y sus aguas cristalinas, Ana y su padre pasearon y se bañaron en tiempos pasados. Miguel Boyer viajó allí con su última esposa, Isabel Preysler, y la hija de ambos en distintas ocasiones. Por eso, Ana pidió a Fernando que su enlace se celebrara en dicho lugar, a modo de homenaje a su progenitor. Las especulaciones fijan en más de 50.000 euros el coste de la boda.

Una fuente cercana a Preysler desvela que «Isabel y Ana vivieron momentos muy emotivos al pisar de nuevo la playa, la única de la isla que cuenta con una entrada tan amplia desde la carretera como para que pudieran acceder a ella los invitados. La noche anterior a la boda, Isabel, Vargas Llosa, Ana y su ya marido, dieron un paseo por los alrededores visitando los mismos lugares en los que en su día estuvo Miguel». A los invitados no se les exigió chaqué, esmoquin, traje oscuro y ni tan siquiera corbata. La vestimenta fue casual y muchas de las mujeres lucieron vestido corto. En cuanto a los hombres, optaron más por una camisa blanca, «blazer» azul marino y pantalón «beige». Ana eligió un vestido de Hervé Moreau para Pronovias y joyas de Suárez, y Verdasco un traje de Pedro del Hierro.

alianzas exclusivas

La hija menor de Isabel llevó piezas Sur Mesure de la citada joyería, pendientes, pulsera y colgante elaborados con 217 diamantes blancos y oro. Las alianzas nupciales, en oro de 750 milésimas, son macizas y diseñadas especialmente para la ocasión. Los gemelos del novio están realizados en plata con ónix y diamante blanco talla brillante. Desde un principio se advirtió a los presentes que no se podían hacer fotos con los teléfonos móviles y que era preferible que los dejaran en sus habitaciones para evitar filtraciones. Hay dos versiones en torno a lo que les ha costado a los asistentes acudir al evento: por un lado, se dice que cada uno ha adelantado de su bolsillo unos 3.000 euros, que incluirían el viaje y el alojamiento, a los que habría que añadir el regalo para los novios. Por otro, se insinúa que tan solo habrían pagado como adelanto unos 1.400 euros del viaje ida y vuelta.

Ana, Isabel y Tamara (hija de Isabel y Carlos Falcó) se encargaron de la organización, tanto de los preparativos como de la ceremonia religiosa, que se realizó en una iglesia de bambú (única en la isla), y el banquete, a base, sobre todo, de mariscos y pescados cocinados por reputados chefs caribeños. Llegaron unos días antes a Mustique para vigilar detenidamente que todo fuera a su gusto. Precisamente, Tamara nos dio las pistas necesarias sobre quién estaba invitado o no a la boda de su hermana. Hablamos con ella a mediados de noviembre y confirmó que «Laura y Miguel Boyer, los hermanos de Ana, no están invitados porque no existe relación con ellos. Sí estará Mario Vargas Llosa porque es mentira que se lleve mal con Ana. También los padres y hermanas de Fernando y amigos como Feliciano López. Serán unos sesenta invitados, treinta por cada familia. Yo me pondré un traje diseñado por mí. En un principio iba a diseñar también el de novia de Ana y el de mi madre, pero era demasiado complicado y, finalmente, optaron por vestidos de Pronovias».

Entre los presentes estuvieron Isabel y Mario, Chabeli y su marido, Tamara, Julio José y su mujer, Charisse, José y Fernando Verdasco, padre y tío del tenista, Ana y Sara, hermanas del deportista, Juan Carmona, su cuñado, Feliciano López, Manuel Colonques (presidente de Porcelanosa) y cuatro grandes amigas de la novia.

Desde España nos llegan las quejas de algunos familiares que no fueron invitados. Buena parte de la familia Verdasco se duele de que la boda se haya celebrado tan lejos, cuando aquí hay lugares a prueba de «paparazzis», y que habría posibilitado la asistencia de parte de la familia que no ha podido costearse los gastos hasta Mustique por requerir un gasto mayor. El matrimonio es válido en España porque cumple los requisitos necesarios, ya que la isla aparece en los convenios de La Haya para casarse fuera de territorio español. Los novios se casaron en régimen de separación de bienes. El patrimonio personal de Verdasco, incluídas sus propiedades inmobiliarias, se estima en unos 200 millones de dólares, mucho más que lo que aporta a esta unión su ya esposa.