La «Fashion Week» se olvida de los desfiles

Moisés Nieto y Ernesto Naranjo dejaron de lado el modelo tradicional de pasarela y apostaron por la puesta en escena en el primer día de la semana de la moda madrileña

Dos modelos ayer en la presentación de la colección de Moisés Nieto / Foto: Anuska Sandroni
Dos modelos ayer en la presentación de la colección de Moisés Nieto / Foto: Anuska Sandroni

Moisés Nieto y Ernesto Naranjo dejaron de lado el modelo tradicional de pasarela y apostaron por la puesta en escena en el primer día de la semana de la moda madrileña.

«Honestidad, mayor esfuerzo e internacionalización». Estos son los tres ingredientes que Moisés Nieto –que inauguró el primer día de la semana de la moda madrileña– cree que necesita la costura nacional para evolucionar. Y no se aleja del acierto, pues como ya planteaba Charo Izquierdo, directora de la Mercedes-Benz Fashion Week Madrid (MBFWM), esta cita apuesta por reflejarse en el plano internacional. La MBFWM arrancó ayer con el desfile de los talentos más jóvenes, el Samsung EGO Innovation Project. Con el debut de Alba Díaz, hija de el Cordobés y su ex mujer, Vicky Martín Berrocal, como modelo de pasarela, ha sido la firma de Laura Herrero la que se ha llevado el galardón del concurso por ser el talento que más ha unido moda y tecnología, gracias a su proyecto SYNTSIS. A partir de la ilusión que tanto la ganadora como el resto de diseñadores demostraron sobre la pasarela, una serie de firmas mostraron sus colecciones de otoño-invierno 2019-2020: el ambiente electrónico de 404 Studio, la ruptura de reglas de Mikelcolás, así como MadridManso, Cherry Massia y Melania Freire que, un año más, ha marcado las posibles pautas que se seguirán en esta edición. A pesar del colapso de las líneas de metro debido tanto a la huelga de taxistas como a las varias citas que se están celebrando en Ifema –la MBFWM, Fitur y la exposición de Banksy– parece que el pabellón 14.1 va a ser testigo de grandes muestras de moda hasta el domingo. Pero no será el único escenario. Como ocurrió ayer, los desfiles también se celebrarán en otras localizaciones.

El trabajo que hay detrás

Moisés Nieto mostró su colección «This is not a f*cking runway (Vol. III)» en la calle Larra, donde la puesta en escena fue crucial para su propuesta. «Nunca nos hemos abierto tanto al público como en esta ocasión», explica el diseñador, y añade: «Es el momento de mostrar el trabajo que hay dentro del proceso de una colección». Y lo hizo. Presentó a través de ocho prendas un «reseteo» profesional: ante un público que no dejó ninguna silla libre, Nieto jugó con el rojo, el azul, el camel y el negro buscando la calidad y con el objetivo de romper con los adornos sin olvidar la complejidad que un diseño conlleva. Cuatro modelos se fueron vistiendo con ese número de prendas hasta llevar, en un mismo «look», falda o pantalón, pañuelo, bufanda, chaqueta, bolso, gabardina...

Para Nieto la meta es la internacionalización, así como la búsqueda de que la colección «tenga buena acogida tanto para compradores y clientes como para prensa». Estas ganas de comunicar tienen un motivo, y es que, a la hora de comenzar el proyecto, Nieto nos explica que se inspiró «en el momento de sobreinformación que vivimos y en lo poco que valoramos lo nuestro». Ante su preocupación por la pérdida de esencia de la moda, el diseñador envolvió ayer con su desfile a todos los espectadores.

Otro que reniega del modelo tradicional de desfile es Ernesto Naranjo, especie de hijo pródigo de la moda española que vuelve a mostrar colección en Madrid después de hacerlo en los últimos años en París y Londres. Naranjo desfiló y ganó en la pasarela Samsung Ego en 2014, cuando aún estudiaba en Central Saint Martins, en Londres. Ayer regresó con una propuesta monocromática, como las obras de Louise Nevelson, una de sus musas, en la que las modelos, en lugar de desfilar, disfrutaban de una copa de champán, como si estuvieran en una fiesta en una galería de arte. El negro y el blanco fueron los colores preponderantes, aunque no faltó el uso del «color block» en tonos llamativos, «surrealistas e irónicos», como los describe Naranjo. «Me gustaque se vea la identidad de la persona a través de la moda, no que la moda fije su identidad», explica, y añade que dejar de lado la pasarela tradicional le permitió «potenciar a cada modelo: cómo se mueven, actúan y disfrutan. En un desfile no vemos esa individualidad. Quería resaltar que no son mujeres objeto, tienen una personalidad fuerte y disfrutan con la moda».