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«Al final vamos a tener como políticos a una panda de mediocres»

Marta Robles vuelve con el detective Roures con «La mala suerte», donde la desaparición de una chica le sirve como excusa para radiografiar la sociedad

  • La periodista y escritora Marta Robles, en un momento de la entrevista / Foto: Manuel Olmedo
    La periodista y escritora Marta Robles, en un momento de la entrevista / Foto: Manuel Olmedo
Sevilla.

Tiempo de lectura 8 min.

13 de octubre de 2018. 23:42h

Comentada
P. García / J. D. Márquez / M. Maldonado.  Sevilla. 14/10/2018

«La mala suerte» es su segunda ficción con el detective Tony Roures. Ya será como de la familia...

–Sí, en esta novela crece bastante por distintas circunstancias, la primera que por fin conocemos a su familia y creo que los anclajes de cada uno tienen mucho que ver con sus orígenes. También le hace crecer una pasión desbocada que le lleva al borde de sí mismo. Me hace gracia poner al detective en esa tesitura porque le hace más vulnerable.

–La novela narra la desaparición de una chica en Mallorca. Tiene mucho que ver con la actualidad, con el caso de Diana Quer.

–No tienen nada que ver aunque se produzca en unas circunstancias parecidas. Las desapariciones suelen tener un patrón bastante común: suelen ser chicas, en verano, en las fiestas... El hecho de que de pronto se empiece a saber cosas de sus familias es porque en todas las desapariciones, según las estadísticas, la causa es alguien cercano. La familia y los allegados se convierten en sospechosos y muchas veces no dejan de serlo nunca porque son numerosísimos los casos sin resolver. Siempre digo que si a cualquiera de nosotros nos alumbran con un foco lo suficientemente potente y durante un tiempo determinado algo nos van a encontrar. Por supuesto es un tema de actualidad porque la novela negra se permite hacer una radiografía de la sociedad, todos los temas que trata tienen que ver con la historia del ser humano. Desde el principio de la humanidad ha habido asesinatos, ambiciones y sobre el tema de la maternidad y la paternidad, ni le cuento.

–Su detective se hace una pregunta: ¿a qué están dispuestas las personas para convertirse en padres o madres? Al hilo de esa cuestión, ¿qué opinión le merece la maternidad subrogada?

–La sociedad se queda en la espuma de las cosas. Ahora nos ha dado por apuntar a la maternidad subrogada como lo peor.

–Se puede pensar que habiendo niños en adopción... La gestación subrogada es comprar un hijo.

–Para empezar, la maternidad subrogada existe desde la antigüedad. Tiene muchas cosas que no nos gustan, pero ¿se ha parado a pensar en las madres que tienen que dar a sus hijos en adopción simplemente porque no tienen dinero para sacarlos adelante? Lo cierto es que el deseo de ser padres es muy egoísta en general, luego la crianza exige generosidad, pero los hijos se han querido tener en la historia por muchas razones: para disponer de mano de obra, para anexionar reinos, para utilizarlos como moneda de cambio... ¿Es lícito cualquier cosa para llegar a ser padre o madre? Cualquier buena persona dirá que no, pero si le toca en su piel empezará a justificar. En torno a la paternidad hay un enorme negocio: con los hijos biológicos, “in vitro”, por gestación subrogada, en torno a las adopciones... Es curioso la cantidad de circunstancias de las que evitamos hablar porque es más fácil hablar de unas que de otras. Mi detective, que es un ser muy escéptico, no juzga porque sabe que entre el blanco y el negro hay infinidad de tonalidades de gris.

–¿Es más fácil meterse en la mente de un hombre a la hora de escribir?

–En absoluto, para mí era un reto. Siempre es más fácil, ya lo decía Ernesto Sábato, escribir de lo que uno conoce. Aunque luego estaba Salgari, que escribió de todo lo que no había conocido en su vida. Yo me esmero en que todos los personajes tengan una voz creíble.

–En Sevilla tenemos muy cercano el caso de Marta del Castillo: hace ya diez años de su desaparición. La sensación es que la investigación policial no fue del todo acertada.

–A mí me da mucha angustia valorar el trabajo de los policías, pensamos, ¿cómo es posible que un chico dé 17 paraderos distintos y no se encuentre a la chica y eso no esté penado? El Estado de Derecho se sustenta en palitos muy finos y a veces moverlos cuesta muchísimo trabajo. Los policías también se involucran de manera personal y seguro que cometen errores. En el caso de «La mala suerte», Roures llega después de dos años porque la madre le dice que necesita buscar a su hija y los guardias civiles que llevan el caso lo reciben con cajas destempladas. El de Marta del Castillo es terrorífico porque no se ha encontrado el cuerpo, pero hay miles de casos en los que no se encuentra ni una prueba. ¿Qué hay errores? Sin duda, pero creo que la gente que trabaja en las investigaciones se deja el alma

–Entrevistó a la madre de Diana Quer, ¿resultó complicado trasladar ese sufrimiento?

–Fue la primera entrevista que hizo. Para ella fue un poco una liberación. Quería conseguir que el foco mediático se trasladara a otro sitio y pudiera avanzar la investigación. Pero insisto, no tiene nada que ver con el caso de los Quer, no me gustaría que se relacionara.

–La novela empieza contando cómo dejan tirada a la chica en una carretera porque un chico entiende que tiene derecho a una relación sexual solo porque han salido esa noche.

–Es un chico que la lleva a tomar unas copas y le intenta meter mano, como hemos vivido todas.

–¿Es aceptable que todas las mujeres tengan que vivir algo así?, ¿Entiende que el debate del consentimiento sexual siga abierto?

–Una cosa es lo que debe ser y otra lo que es. Estamos viendo las relaciones entre los jóvenes cómo funcionan. Por desgracia, ese juego de que un chico intente propasarse una noche de copas siempre ha estado a la orden del día. Ahora, que debería haberse resuelto, parece que es más grave. Creo que tiene que ver con las inseguridades de esta sociedad, muy obsesionada con el sexo: vemos a chicos obsesionados con el porno, adolescentes que empiezan a verlo desde muy pronto en internet. En el libro hablo de los abusos que muchas veces parece que no son porque nadie los cataloga como tal, o sobre los malos tratos dentro de las parejas, que sabemos que se dan y muchas veces no son puñetazos, pero sí un desprecio permanente, a la mujer casi siempre.

–¿Le gustaría ver a su detective en el cine o en la televisión?

–Sí, pero me da mucho miedo. Estamos llegando a un momento en el que la gente escribe para que salga en la tele. Yo escribo porque me gusta la literatura y me gusta imaginar el rostro de los personajes y su voz en mi cabeza. Si estas novelas algunas vez se hacen imagen, será maravilloso, pero soy una lectora empedernida y me gusta leer e imaginarme los personajes. Antes de que lleguen a ningún sitio disfrutemos poniéndoles la cara, la voz, el olor..

–Dice que no pasa un solo día sin escribir, ¿siempre por trabajo?

–Bueno, a estas alturas de mi vida siempre por trabajo, ¡con lo pluriempleada que estoy...! (risas). Pero siempre he escrito, desde niña, la primera novela la escribí con 15 años. Nunca fui tímida, pero sí vergonzosa y me buscaba a mí misma en la escritura.

–Cada vez se lee menos y todo se relaciona con la tecnología, ¿cómo interpreta ese cambio mediático?

–No creo que se lea menos, solo que se lee a través de los móviles. Espero que nos vayamos reacondicionando y le demos su lugar al papel y a la tecnología. Es gracioso porque la literatura infantil y juvenil sostienen este país: los datos hacen ver que los niños y preadolescentes leen mucho y de pronto se lanzan a las redes y empiezan a leer menos. Está claro que necesitamos historias para vivir, sea en internet o en otro contexto, lo que iremos discerniendo serán las buenas o malas. Iñaki Gabilondo siempre dice que en las redes con la información pasa como con el agua en las inundaciones: que hay mucha, pero poca potable. Esto es así, pero creo que al final encontraremos el camino para que conviva la imagen con la palabra.

–¿La prensa diaria tiene que reformularse?

–Pienso que probablemente el periódico va a ser de internet entre semana y de papel el fin de semana. Tiene más sentido porque lo que no cabe tanto en el papel es la noticia pura y dura porque se encabalga una detrás de otra. Pero sí caben la reflexión, la opinión, el reportaje, la entrevista...

–Ahora se ha estrenado con el «pool car», una entrevista conduciendo, un formato muy extendido en Inglaterra. ¿Cómo ha sido la experiencia?

–Muy divertida. Acabamos de empezar pero vamos a seguir. Cuando hacía radio de noche, decía que las entrevistas eran en horizontal porque por la hora, el tono es otro. Cuando estás dentro de un coche, un espacio muy reducido donde estás muy cerca, de alguna manera estableces una complicidad distinta y empiezas a decir las cosas de una manera menos impostada.

–En sus artículos aborda temáticas diversas, ¿estamos saturados de política?

–Estamos saturados de otra cosa que no es política, porque lo que están haciendo es más un enfrentamiento personal, parece el chismorreo del Congreso. La información política me interesa mucho porque en ella nos va la vida, pero nos estamos quedando en muchas zarandajas.

–La sociedad demanda otra información.

–Hay que tener cuidado: hasta que Pablo Iglesias se compró un chalet, todos los que tenían uno eran ricos asquerosos; cuando él lo tiene, ya es una cosa aspiracional. Con las sociedades, igual: mientras no la tenga Pablo Iglesias, será todo malo. Cuando pasó lo de Pedro Duque, pensé que al final nos vamos a quedar con políticos que no puedan tener pasado, que no hayan trabajado nunca fuera, no pueden haber ganado nunca un duro porque les van a mirar mal. Entonces, nos vamos a quedar con la mediocridad más absoluta. Cualquier error que pueda cometer un político es objeto de mucha más atención que cualquier acción política que haya hecho mal y nos lleve a todos al desastre. Oiga, esto es un sinsentido. Al final vamos a tener a una panda de mediocres que nos van a llevar al disparate.

–Se han publicado conversaciones privadas, como las grabaciones del comisario Villarejo a la ministra de Justicia. ¿Cómo se pone freno a esto?

–Para empezar tenemos que delimitar lo que es delito y lo que no. ¿Es delito hacer pública una conversación privada? Pongamos los límites claros porque nos podemos encontrar que vivamos siempre al borde del chantaje. Y a partir de ahí, empecemos a pagar todos, empezando por los periodistas. Las cosas que se publican tienen que tener interés público, no morbo. Nos hace un flaco favor a la profesión.

–Se está produciendo un ascenso de la ultraderecha, en toda Europa y ahora en Brasil, ¿por qué ese discurso está calando?

–No se olvide de Estados Unidos. El primero de todos es Trump, un tipo que detesto con un discurso inaceptable, y resulta que le está avalando la economía. Es el momento de menor paro en Estados Unidos y me aterra que eso avale a un tipo que no tiene respeto a las mujeres, capaz de cualquier cosa por conseguir sus objetivos. Tengo la sensación de que el «mundo conocido», el mundo occidental, quiere volver al proteccionismo de después de la Segunda Guerra Mundial: no sé si es una cuestión pendular, pero me provoca mucha angustia.

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