Domingo de vísperas

El próximo domingo comienza la Semana Santa, una época del año única para muchas personas
El próximo domingo comienza la Semana Santa, una época del año única para muchas personas

Hoy es Domingo de Pasión, por tanto, de vísperas del más grande de todos los domingos de cualquier año o siglo para todas aquellas y aquellos para los que la Semana Santa es fundamento de sus vidas. En Andalucía hay varios millones de esta especie que, lejos de reducirse, está en continuo crecimiento. El pregón, como su nombre indica, será el llamamiento general para el comienzo del mejor de los tiempos. Ya les contaré mis vivencias de día tan señalado.

Lo anterior es lo que importa, pero no dejamos de estar en un festivo que se anuncia lluvioso: las borrascas tienen hasta el próximo jueves para seguir llenando de agua los pantanos y de aburrimiento las calles, y el viernes se aplicará algún artículo de la Constitución que prohiba jorobar a la ciudadanía. Por tanto, una lectura amable de las revistas del corazón les puede proporcionar un cierto entretenimiento en días de nubes y humedades. «¡Hola!» sin una exclusiva es como un jardín abandonado, por eso insiste, y esta semana lo hace sacando en portada a Terelu y a su hija Alejandra, en rigurosa y seguro que bien pagada exclusiva. Motivo: Alejandra ha cumplido dieciocho años. Por tanto, ya es mayor de edad y la protección legal para no ser fotografiada en lugares públicos ha tocado a su fin. Doy por hecho que, con la aquiescencia del padre, mamá e hija habrán pensado que para que te saquen en los medios de modo abrupto, mejor hacerlo con buenos posados, buenas fotografías, entrevista cómoda, difusión máxima y, por supuesto, el más alto pago. Diré que la guapa joven entra en la vida de adultos, no sé si ahora habrá que poner de adultas, con unos miles de euros que le vendrán muy bien para sus estudios, que según la interesada serán de diseño. Me pregunto si quedará alguna mujer joven que no se dedique o piense dedicarse a este noble oficio. Conocí a la recién ingresada entre las nuevas votantes el día que nació: la veía con frecuencia, incluso los fines de año los pasábamos juntos en un hotel con toda la familia Campos y la mía. Al volver a residir en Sevilla hace 12 años ya dejamos de tener un trato frecuente. La última vez que la vi estaba como la vemos en el reportaje: monísima, cariñosa y agradable como siempre.

Las revistas en general se hacen eco de los concursantes del nuevo «Supervivientes». El grupo está compuesto por gente de todo pelaje, pero hay que reconocer que las estrellas son tres mujeres de vida escabrosa: Mayte Zaldívar, María Lapiedra y María José Ruiz. Ellas concitan en principio el mayor interés. Las tres son de armas tomar, por lo que se esperan de ellas momentos históricos para el programa. Es muy posible que en el transcurso de las semanas algunos de los concursantes puedan dar sorpresas estimulantes. Pero volviendo al trío protagonista, tienen todas currículum de mucho peso. Zaldívar, después de muchas batallas en las cocinas y en los bares (lugares en los que trabajó) aterrizó en Marbella junto a su marido Julián Muñoz. Allí sus más locos sueños se hicieron realidad. Su marido entró en el ayuntamiento dentro del núcleo duro de Jesús Gil. De pronto se vio convertida en personaje de la nueva sociedad marbellí, que Gil había convertido en un cóctel explosivo con los restos del glamour, mafias de distintos países y el núcleo hortera que aporta. Todo era de cine hasta que aparece Isabel Pantoja. Los celos malditos hacen que Mayte dé la mayor de las pruebas del saqueo que la ciudad padecía. Esto termina con sus huesos y con sus carnes en el presidio. Ésta es su vuelta a la vida pública y viene con ganas y acompañada en la aventura de su joven pareja.

María Lapiedra, de profesión «porno star», y que cada cual le ponga significado a este escabroso oficio, últimamente está muy de moda. Va a las islas (qué ironía) vírgenes con un lema: «Cambiaré sexo por comida».

La Ruiz ya demostró en otro «reality» que cuando el hambre aprieta, y no precisamente el que se sacia con pan, no tiene empacho en comer con el que tiene más cerca. Como verán, el morbo está servido.