Política

Eternos como la campaña

Una votante en las pasadas elecciones autonómicas / Foto: Efe
Una votante en las pasadas elecciones autonómicas / Foto: Efe

La campaña electoral llega a un transitorio final con una inevitable sensación de eternidad. El fin provisional, valga la paradoja. Desde el pasado junio, mes en que Pedro Sánchez arrebata La Moncloa a Mariano Rajoy mediante la ominosa moción de censura, España subsiste en un proceso pertinaz de precampaña que ha agotado las almas de los más pacientes y devotos. Cada viernes de Consejo de Ministros ha sido un eslogan, como cada martes de 2018 el Consejo del Gobierno de Susana Díaz había sido una pancarta. Pero todavía hay más. Tras las elecciones legislativas del domingo llegan las municipales, autonómicas y europeas del 26 de mayo. Una vez concluidas, será nuevamente junio, con lo que se habrá cerrado el ciclo de un año entero de propaganda electoralista y electorera. Toda una eternidad. Eterno, lo que se dice eterno, sólo existen, que se sepa, el cielo y el infierno de las diferentes creencias. En la cosmogonía china, por ejemplo, se alude a que el mundo nace de un juego danzarín de dos principios eternos que se complementan tanto como se enfrentan. Son el Yin y el Yang. Al Yin pertenecen figuras como la concentración, la oscuridad, los números pares y el frío; mientras que al Yang le corresponden el crecimiento, la luz, los números impares y el calor. Símbolos del Yin son la mujer, la tierra, el anaranjado, los valles y el tigre; del Yang, el hombre, el cielo, el azul, las montañas y el dragón. El equilibrio no existe si no es por la conjunción de extremos que, en el caso electoral, sobrepasa la pura disputa de los comicios. Y no hay nada tan devastador como una batalla eterna. Ya lo dijo el sabio griego Orígenes. Los bienhechores resucitarán en forma de esferas y entrarán rodando a la eternidad. El domingo nadie entrará rodando a ningún sitio y sus mensajes también pasarán.