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La vuelta al ruedo

  • Juanma Moreno y Juan Marín charlan antes de iniciar la última sesión parlamentaria/ Foto: Manuel Olmedo
    Juanma Moreno y Juan Marín charlan antes de iniciar la última sesión parlamentaria/ Foto: Manuel Olmedo

Tiempo de lectura 4 min.

15 de septiembre de 2018. 20:55h

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Pepe Lugo.  16/9/2018

Hirioshi Ishiguro te mira profundamente desde detrás de los cristales de sus gafas con una expresión fría, glacial, y lo hace junto al busto de una de sus maravillas. La cabeza y los hombros son una réplica suya y la cara del robot tiene un gesto a medio camino entre el asco y la estupefacción. La expresión de ambos parece calcada a la de muchos españoles que han vuelto a ver el mismo show –ahora la política es un espectáculo–, que representan diariamente cada uno de los principales partidos. Sin expresión nos quedamos al constatar el nivel de los representantes de los ciudadanos, que actúan a golpe de bilis para tratar de derribar a su contrario. Ya no hay argumentos ni opciones, no se plantean alternativas. Ha llegado la hora del tufo y el alambre para rebuscar en la basura, para tener algo que mostrar cuando se tira de la manta. En realidad, no hay casi nada y cada día que pasa queda menos. Comenzaron a olisquear los archivos para sacar las vergüenzas de los que acumulaban títulos y algunos vieron que el filón estaba nutrido y lograrían tajada, pero el búmeran cogió velocidad y ya gasta billete de vuelta. Viene muy acelerado, aunque todavía queda lejos, pero la caza de brujas ya ha comenzado y bajará, pero no debe sorprender a nadie, esto no es la nueva política. ¿Habrá algo más español que aquello de la limpieza de sangre? Recuerden a Isaac Newton y la manzana. Sólo hay que esperar a que caiga, y lo hará, como el Ave cuando viene de Madrid: lleno.

Las razas caninas

Los escaños del Parlamento andaluz no se han llenado de ojos legañosos y cuerpos achicharrados por la vuelta de las vacaciones. La ruptura de la dupla PSOE-Cs ha dado para mucho y las escopetas estaban cargadas. Susana Díaz sabía que ya todos se habían conjurado contra ella. Sus antiguos socios y sus enemigos naturales, de uno u otro lado, esperaban con el cuchillo en la boca para comenzar el asalto a unas elecciones que siguen sin convocarse. La discusión se antojaba bizantina, pero la presidenta cogió la inercia. ¿Elecciones queréis? Pues toma campaña, y prometió que el Gobierno central otorgará a la región «más de 1.100 millones» adicionales para 2019. No leyó la letra pequeña, porque eso compromete. Juan Marín, que continúa en su papel de cónyuge despechado insiste en la traición y en su falta de paciencia para esperar a que Díaz cumpla los acuerdos. «Dóberman de la derecha», fue el cumplido de su ex y la raza canina elegida rescata aquel vídeo electoral del PSOE de 1996 que habla de una España en negativo y otra en positivo. Es aleccionador visionarlo 22 años después para ver lo que éramos y en lo que nos hemos convertido, aunque todavía se usan los mismos clichés. De casta le viene al galgo. Marín y Juanma Moreno se reparten los papeles, aunque si los andaluces quieren podrían repartirse mucho más viendo cómo son las relaciones entre los naranjas y los socialistas a nivel nacional. No se entendería otro pacto. Después del golpe bajo de Albert Rivera a Pedro Sánchez la mano ha cambiado y, si hay posibilidad, ya se escucha que PP-A y Cs podrían pactar si se llega a unos mínimos resultados. Es decir, entramos en el terreno de la Ciencia Ficción, aunque en Andalucía todo es posible, hasta cazar al hacker ucraniano Andrii Kolpakov, que robó a Donald Trump, mientras daba de cuerpo en un retrete de Lepe.

Temores con el aniversario

Hace diez años vimos caer al gigante Lehman Brothers sentados en la puerta de nuestro hogar como se ve pasar el entierro de un desconocido. «Eso a mí no me pasa», pensamos. Lo peor es que ya estaba sucediendo desde hacía casi un año pero aún era muy pronto para bajarnos de la nube, con lo poco que llevábamos. No nos queríamos enterar, pero nos estaban preparando la soga porque el tsunami no se quedó en las cajas que sacaban los mustios lobos de Wall Street. Los que tengan edad y valor, recordarán los años 2008, 2009, 2010, etc. Los primeros indicadores de la desaceleración, nadie quiere decir la palabra temida, ya han llegado y también las primeras reacciones contra los agoreros. De momento, las buenas noticias son para los astilleros de Navantia. Los barcos se harán, las bombas se venderán y Josep Borrell ya sabe que no causarán daños colaterales. Se utlizarán única y exclusivamente para lo que fueron compradas. «Dan en el blanco con una precisión extraordinaria», ha dicho el ministro. Del objetivo se ocupa el comprador, no es nuestro problema, nosotros ya tenemos las corbetas. Se impuso la realidad y todos contentos. Otro proyectil, lanzado, esta vez por el Ejecutivo central, ha sido a cuenta de las inmatriculaciones de la Iglesia, cuyos polémicos bienes aportan a las arcas del Estado nada menos que 22.000 millones de euros, el 2% del PIB. Casi nada. Repasen qué vienen a ver, fundamentalmente, nuestro queridos turistas que tan bien engrasan nuestra primera fuente de ingresos. Comenzamos: un, dos, tres, responda otra vez: Mezquita-Catedral de Córdoba...

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