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Los dientes y el sopor

Tiempo de lectura 2 min.

12 de agosto de 2018. 20:58h

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Lucas Haurie 13/8/2018

No hay espectáculo veraniego comparable a la observación de un adolescente batiéndose contra el tedio del tiempo libre infinito. Sin posibilidad de saberlo, pues son pocos los años de experiencia y demasiadas ya las químicas hormonales, los infantes que andan por esas edades se exponen en esos instantes a uno de los verdaderos retos de la vida: estar solo con uno mismo. En esos sopores y aburrimientos, dependiendo del enfoque, esos tiempos muertos pueden acabar transformándose en un infierno o en el mismo paraíso terrenal. Ronda por aquí un manual barato que se dedica a ofrecer interpretaciones de los sueños, uno de esos textos pseudocientíficos que tanto interesan a los púberes en la edad de inquietarse: fantasmas, espíritus, extraterrestres y que soñar con que se caen los dientes superiores, por ejemplo, anticipa la muerte de un allegado. La cosa está ahí. En los últimos años ha habido sueños que tornaron en pesadilla nada más llegar la vigilia. La caída de los dientes y todo el muestrario de desperfectos bucales han tomado los medios de comunicación a cuento de los clientes de iDental, una empresa de barberos que se hacían pasar por odontólogos. Las víctimas, no pocos cientos, se han manifestado por varias ciudades andaluzas blandiendo la dentadura postiza, era lo único que tenían a mano. Al menos había el doble de bocas para hacerse oír. La denuncia está ya en la jurisdicción judicial. Los clientes reclaman justicia, es decir, indemnizaciones. Por ahora están sin blanca, sin piños y sin sueños. De aburrimiento, es natural, tampoco podrán quejarse. Su única tarea, la de los cientos de afectados, se limita a que paguen los culpables. Pero la culpa es del aburrimiento. Los empresarios impostores, cuando fueron adolescentes, eligieron el infierno en sus momentos de sopor.

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