Cenicienta en el Liceo por Navidad

Los cuentos de hadas no son cosa de niños, o al menos sólo de ellos. En su aparente simplicidad esconden grandes dramas y marcan desde la infancia nuestras expectativas futuras de lo que es una gran historia. Por eso no es tan sencillo adaptar este imaginario a otros medios, levantar, por ejemplo, un gran montaje operístico de «La Cenicienta». En 1899, la Opera Comique de Paris estrenaba «Cendrillon» de Jules Massenet, un espectáculo que tuvo un gran éxito pero que fue desapareciendo poco a poco del repertorio por la necesidad de grandes voces dramáticas. Es Navidad, es época de milagros, y el repertorio dramático por fin vuelve a ocupar los principales coliseos líricos. El Liceo no podía ser una excepción y mañana estrena por primera vez esta gran obra de Massenet.

Hasta el 7 de enero, el teatro barcelonés acogerá una coproducción del Liceo con el Covent Garden de Londres, la Monnaie de Bruselas y la Ópera de Lille, con dirección escénica de Laurent Pelly y musical de Andrew Davis. El elenco cuenta con voces de la talla de Joyce DiDonato como Cenicienta y Ewa Podlés como la madrastra. El príncipe azul es Alice Coot, respetando el libreto original que ponía voz femenina al papel. Annick Massis, Laurent Naouri , Cristina Obregón y Marisa Martins completan un reparto estelar. «Es una versión más mágica y romántica que la de Rossini, donde también he hecho el papel de Cendrillon», afirma DiDonato.

Original de Perrault

La puesta en escena aboga por el colorismo y el gusto barroco que pide el cuento de hadas y pone el foco en los elementos mágicos de la historia. Para aquellos que no hayan tenido infancia o que hayan leído cenicero en lugar de Cenicienta, el cuento explica la historia de una pobre chica humillada día a día por su madrastra y hermanastras, a la que un buen día le visita una hada madrina. Esta bondadosa presencia le permitirá asistir al baile real como si de una princesa se tratara, pero le impondrá la condición de volver a las doce de la noche.

A partir de aquí, y siguiendo a rajatabla el cuento original de Perrault, ella aceptará y allí conocerá al príncipe, que se enamorará de ella. Sin embargo, tendrá que huir de allí al acercarse la medianoche dejando sólo el rastro de un zapato de cristal. «La madrastra aquí no es tan cruel con Cenicienta porque comparten pocas escenas, pero sí la desprecia porque es inteligente, sensible y amable, no como sus hijas, estúpidas y malvadas», señala Podlés.