El Clínic abre una unidad para abordar el «chemsex» sexo y droga sin control

Stop Sida alerta de que un 20% de los homosexuales participan en estos maratones sexuales con droga que ya es un problemas de salud pública en Barcelona.

Stop Sida y el Clínic llaman al Ayuntamiento y Generalitat a frenar que el consumo de mentanfetamina no se extienda entre heterosexuales.
Stop Sida y el Clínic llaman al Ayuntamiento y Generalitat a frenar que el consumo de mentanfetamina no se extienda entre heterosexuales.

Stop Sida alerta de que un 20% de los homosexuales participan en estos maratones sexuales con droga que ya es un problemas de salud pública en Barcelona.

Dos personas fallecidas en este último año en el Hospital Clínic de Barcelona como consecuencia de practicar «chemsex» han activado las alarmas en la ciudad. El «chemsex», acrónimo de la expresión inglesa, «chemical sex», sexo químico, es una práctica sexual de alto riesgo. Se trata de consumir drogas, en plural, para participar en orgías sexuales que pueden alargarse desde varias horas a varios días.

El incremento del consumo de drogas para tener sesiones largas de sexo es un fenómeno asociado a hombres que tienen sexo con hombres, pero no es exclusivo del mundo de la noche gay. El doctor José Luis Blanco, que trabaja en la unidad de control de VIH del Hospital Clínic, cuenta que uno de sus pacientes le explicó que pinchó música en una fiesta de un chalet de Barcelona donde hombres y mujeres participaban en una orgía sexual con drogas. Aunque por ahora lo que preocupa es la expansión de este fenómeno entre el colectivo homosexual. Hasta el punto de que el Ayuntamiento de Barcelona lo ha declarado como un problema de salud pública. Y el Hospital Clínico ha decidido abrir, en colaboración con la entidad Stop Sida, una unidad específica para atender a pacientes que practican «chemsex».

«No sabíamos cómo atender a las personas que venían al hospital con problemas de chemsex a través de urgencias o los servicios de infecciones», admite el doctor Blanco. «No tienen el perfil clásico del toxicómano adicto a la cocaína o heroína para enviarlos a una narcosala, es más complejo, por eso pedimos ayuda a Stop Sida que aborda el ámbito psicológico y terapéutico», añade. Además de generar adicción, el «chemsex» puede desarrollar problemas de salud mental, al margen de que triplicar el riesgo de infecciones por VIH o enfermedades de transmisión sexual.

El primer estudio financiado por la Agencia de Salud Pública de Cataluña, que ayer presentó su autor, el doctor Percy Fernández, en una jornada para abordar el fenómeno, organizada por la oenegé Stop Sida y el Ayuntamiento de Barcelona, alerta de que entre un 10 y un 20 % del colectivo homosexual practica «chemsex» en España. Su estudio ha sido complementado con un análisis de los usuarios del servicio ChemSex Support que Stop Sida ofrece desde 2015 para dar atención social y psicológica a hombres preocupados por cómo el esta práctica está trastornando su vida. «Vienen porque quieren reducir o abandonar la práctica del “chemsex”, conscientes de que estar dos días metidos en una sauna o un piso consumiendo drogas y practicando sexo afecta a su trabajo y a sus relaciones personales», explica uno de los psicólogos, Rubén Mora.

El perfil es el de un hombre entre 30 y 39 años, un 40 % es de Barcelona y otro 41 % de origen latinoamericano, el 80 % tiene estudios superiores y gana más de mil euros. Todos son policonsumidores, gastan una media de 200 euros, la mitad practica «chemsex» una vez a la semana, un 42 % en sesiones de 24 horas y un 17 % de más de 72 horas, un fin de semana largo. Pero lo más alarmante es que el 40 % han tenido un «chungo» en el último año, un 21 % ha necesitado asistencia sanitaria, el 46 % tiene VIH y el 85 % no utiliza preservativo. Cuenta el doctor Blanco que una encuesta anónima en la que participaron 1.000 de sus pacientes con VIH, un 40 % respondió que practicaba «chemsex». Es más, un 55 % de los pacientes atendidos en la unidad de enfermedades de transmisión sexual del Clínic, también admitió practicar «chemsex».

Ojo con la metanfetamina

«Aunque la cocaína era y es la reina de todas las fiestas», explica Fernández, «el consumo de ketamina se ha disparado. Durante la crisis también se consumía mucho “speed”, la droga de los pobres, aunque las tres drogas asociadas al chemsex son el GHB, la mefedrona y, sobre todo, la metanfetamina». Para Fernández, la metanfetamina «es la droga más peligrosa del mundo porque es un potente desinhibidor y estimulador sexual. Tiene un rápido poder adictivo, quita el hambre, el sueño y facilita la práctica de sexo extremo durante más tiempo. En este estado de euforia, es fácil olvidarse del preservativo». El resultado, «en el último mes he tenido un paciente con un cuadro psicótico, otro con dos infecciones por hepatitis C y un tercero que me pedía una baja porque tras las sesiones de “chemsex” no rendía en el trabajo y temía que lo despidieran», explica el doctor Blanco.

Percy alerta a las autoridades para frenar el consumo de mentanfetamina antes de que se extienda entre la población heterosexual, para que no se convierta en un problema de salud pública como en Estados Unidos. Tanto el Clínic como Stop Sida llamaron también a abordar el fenómeno además de en el ámbito sanitario en el educativo.