Política

El Parlament, en declive

El presidente Roger Torrent llama al orden a los grupos, que se comprometen rebajar el nivel de crispación en la Cámara catalana. Su actividad está bajo mínimos: sólo se han impulsado decretos y tres reformas legales.

El presidente del Parlament, Roger Torrent, con gesto preocupado en un pleno reciente
El presidente del Parlament, Roger Torrent, con gesto preocupado en un pleno reciente

El presidente Roger Torrent llama al orden a los grupos, que se comprometen rebajar el nivel de crispación en la Cámara catalana. Su actividad está bajo mínimos: sólo se han impulsado decretos y tres reformas legales.

El «procés», el convulso otoño del año pasado y los «ecos» de la enquistada situación política actual han llevado al Parlament a una situación insólita: el ambiente es el más crispado que se recuerda, con reproches y enfados constantes entre el Govern y la oposición desde las sesiones del 6 y 7 de septiembre de 2017; y se ha vuelto una Cámara ineficaz, con apenas tres leyes aprobadas (derivadas de modificaciones) y un puñado de decretos validados en la presente legislatura.

Ayer, una vez más, los pasillos adyacentes al hemiciclo volvieron a ser el escenario de una estampa insólita: el presidente Roger Torrent tuvo que llamar al orden a los jefes de fila parlamentarios, que se comprometieron a bajar el nivel de crispación y a no repetir las tensas peleas de las sesiones recientes.

El último episodio se produjo en el pleno de la semana pasada, cuando el propio president del Govern, Quim Torra, protagonizó un agrio enfrentamiento con Miquel Iceta, de quien dijo que su «cinismo chorrea por la escalera noble del Parlament». Ruben Wagensberg (ERC) y Carlos Carrizosa (Cs) culminaron la jornada acusándose de «fascistas» y «supremacistas» respectivamente.

Se han de poder expresar «todas las opiniones con la contundencia y vehemencia que sean necesarias», pero siempre desde el «respeto», pidió ayer Roger Torrent en una reprimenda inédita. El presidente del Parlament tuvo que remitir a los líderes de los grupos al código de conducta de Cataluña aprobado por unanimidad en la Cámara catalana, que exige «que las relaciones entre los diputados se basen en el respeto y la cordialidad». Torrent recordó que, cuando no se cumple, le corresponde a él adoptar las medidas necesarias para hacer compatible el derecho a la libertad de expresión con las mínimas normas de respeto que son exigibles en un parlamento democrático. Éstas pasan por llamar al orden hasta tres veces y, si la situación persiste, expulsar a un diputado de la cámara durante la sesión «algo que nunca ha pasado, que el presidente no quiere que suceda y que tampoco quieren ver ninguno de los diputados del hemiciclo», concluyó.

Además del tono bronco, la legislatura no empezó con buen pie y siguió con peor paso en cuanto a actividad parlamentaria se refiere: el bloqueo por la investitura del president –con hasta cuatro candidatos sobre la mesa– y la posterior crisis en el bando independentista debido a la suspensión de los diputados encausados han provocado que la Cámara esté paralizada durante meses.

Consecuencia de ello es la escasa actividad registrada pese al repunte de las últimas semanas, después del enésimo vodevil entre Junts per Catalunya y ERC, que llevó al bloque soberanista a perder la mayoría en el pleno.

Desde que arrancó la presente legislatura sólo se han aprobado tres leyes, y son para actualizar normas anteriores: la de presidencia, con el objetivo de investir a distancia de Carles Puigdemont y que está suspendida por el Tribunal Constitucional; otra para ampliar el plazo de acreditación del nivel de inglés en las universidades; y una última referente a la renta mínima de ciudadanía.

En la cartera de proyectos de ley pendientes hay siete, la mayoría de ellos se han impulsado en los últimos días. Es el caso de la norma para ordenar el litoral, la de igualdad de trato y la no discriminación y la que debe servir para que los catalanes en el extranjero voten telemáticamente.