Cataluña

La hora de los vecinos

Los alcaldables han tenido quince días de campaña para esgrimir sus propuestas, ahora les toca responder a las demandas de los barceloneses

Los alcaldables han tenido quince días de campaña para esgrimir sus propuestas, ahora les toca responder a las demandas de los barceloneses

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Montse Espanyol - Encuestas, politólogos mediáticos y gurús de twitter auguraban que la victoria en Barcelona se debatía entre Ada Colau y Ernest Maragall. Y así ha sido. Esta vez, las encuestas no han dado falsas esperanzas a los republicanos. Con Ernest Maragall, ERC ha arrebatado la alcaldía de Barcelona a Ada Colau, aunque sólo por un puñado de votos, 4.833. Esta cifra equivale a tan pocos votos en una ciudad como Barcelona que Maragall y Colau han empatado en número de escaños. Tienen diez cada uno. Y aunque en la ciudad hay una norma no escrita que dice que el candidato que saca más votos gobierna, el contexto en el que se han celebrado las elecciones y una lectura entre líneas de los resultados ha empujado a los partidos políticos a sopesar alternativas al alcalde Maragall.

Hace cuatro años, Xavier Trias no se planteó negociar un gobierno alternativo a uno que fuera liderado por BComú. Pero esta vez Colau y el PSC no renuncian a la alcaldía. Colau se siente legitimada a estudiar fórmulas alternativas porque tiene los mismos concejales que ERC, porque sólo ha sacado 4.833 votos menos y porque pese a que ERC ha sido la fuerza más votada, el independentismo ha perdido tres concejales en esta contienda en la que apenas ha sumado el 39% de los votos. Los partidos tienen 19 días para negociar. Pero una vez tengan la fórmula de gobierno cerrada, deberán seguir negociando, ya sea para pactar presupuestos, ordenanzas municipales o aprobar nuevas promociones de vivienda social. En un escenario en el que se sentarán seis fuerzas políticas en el hemiciclo, se requiere talante para escuchar al contrario, negociar y llegar a acuerdos. Tener presentes las demandas de los vecinos, puede ayudar a los políticos a cerrar pactos para la ciudad.

Lo que los vecinos quieren

En campaña, los ciudadanos han escuchado las propuestas de los políticos. De tanto repetirlo, han aprendido que Manuel Valls pretende acabar con el «top manta» en 90 días, que Jaume Collboni (PSC) quiere construir mil pisos sociales compartidos entre gente joven y personas mayores, o que Josep Bou propone aumentar la plantilla de la Guardia Urbana en 1.500 agentes. Pero, ¿saben los candidatos qué quieren los vecinos? A los que cuelgan pancartas en sus balcones con sus reivindicaciones, los políticos no les podrán recriminar que no les han hecho llegar sus quejas. Les basta con observar cuando pasean por la ciudad, una actitud que se presupone a un alcaldable. Y para los ciudadanos que se quejan en privado pero tienen alergia a la burocracia, la Federación de Asociaciones de Vecinos de Barcelona (FAVB) ha recogido las prioridades de las 63 asociaciones vecinales oficiales de la ciudad.

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Una ciudad amable

La mayoría son demandas muy vinculadas al territorio. Los vecinos del Barrio Gótico, víctima del turismo y la inseguridad que causa la presión turística, piden simple y llanamente que la Guardia Urbana cumpla sus funciones. Más al Este, vecinos del Sant Martí y Sant Andreu agrupados en cinco asociaciones, reclaman la reforma del puente de Santander, que salva el paso de los trenes que van hacia la costa. Quieren recoger 3.750 firmas para llevar su demanda al pleno. Defienden que un puente nuevo, accesible, seguro y que puedan compartir personas y vehículos permitirá suturar una vieja herida y favorecer la comunicación entre Sant Martí y Sant Andreu.

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Crear equipamientos y recuperar las calles

Hay demandas históricas. Los vecinos de Vallvidrera urgen dar un nuevo uso al edificio que albergaba el mercado, un equipamiento que cerró hace 10 años y sigue esperando qué pasa con él. Los de Trinitat Vella quieren cerrar la prisión y abrir un proceso participativo para concretar su futuro uso. O los de la Sagrada Familia reclaman saber si la escalinata de la fachada de la Gloria, en la calle Mallorca, comportará derribar edificios.

Y hay reivindicaciones más nuevas, como la de los vecinos de la Vila de Gràcia, que después de salvar a la encina centenaria de la calle Encarnación, piden al nuevo gobierno que concluya el proceso de expropiación de las casitas –donde un privado iba a construir pisos–, para hacer un jardín público, una guardería y vivienda dotacional.

Más vivienda social

El acceso a la vivienda y la expulsión de los vecinos de la ciudad, debido a procesos de gentrificación –véase Sant Antoni, Poblenou, la Barceloneta o la Vila de Gràcia–, es un problema que se repite en toda la ciudad. «Garantizar el acceso a la vivienda y construir vivienda pública en régimen de alquiler», es una demanda compartida por asociaciones de todos los distritos. Otra demanda repetida es la lucha contra la presión del turismo –Poblenou pide la paralización de licencias para nuevos hoteles-. También la preservación, de espacio público para equipamientos sociales y culturales. Tres Torres –en el solar de Dalmases–, Les Corts, Sant Ramon, l’Esquerra del Eixample, Vila de Gràcia, Besòs, Torre Llobeta-Vilapiscina, Front Marítim y Sant Martí de Provençals reclaman, por ejemplo, la apertura de una guardería nueva en su barrio.

Frente contra el incivismo

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Tras una legislatura con veranos movidos en las zonas con más presión turística y concentración de ocio y fiestas, los vecinos reclaman medidas contra el incivismo y la inseguridad. Una treintena de asociaciones vecinales, agrupadas bajo el colectivo «Tsunami Vecinal», se movilizarán el 31 de mayo por la recuperación de las plazas y las calles para la gente de Barcelona. Vecinos de barrios tan dispares como la Barceloneta, el Turó Park, La Prosperitat o El Carmel bajarán a la plaza Castilla para organizar una chocolatada antes de que la «okupen» los «botellones». Es su manera de pedir a los nuevos concejales altura de miras para pactar medidas contra el incivismo y la inseguridad.

Retirar el amianto

Esta vez, han sido los trabajadores del Metro los que han puesto la crisis del amianto en la agenda política de los candidatos a la alcaldía de Barcelona. A golpe de huelga, para protestar por la presencia de amianto en la red ferroviaria, han visibilizado un problema de salud pública que viene de lejos. El profesor de Geología Ambiental de la Universidad de Barcelona, Luis Miguel Doménech, cuenta que el amianto «identifica a un grupo de minerales con una estructura cristalina, muy fibrosa y en forma de aguja, que tiene múltiples usos». Los griegos y los romanos ya lo utilizaban, aunque fue después de la Segunda Guerra Mundial, sobre todo en Europa y en los Estados Unidos, cuando el amianto se convierte en mineral para todo: construcción de tejados, frenos de coches, pinturas impermeables y hasta mantas ignífugas.

El problema, alerta Doménech, «es que de utilizarlo, se desgasta y las fibras acaban volando, las respiramos y pasan fácilmente al pulmón, donde se quedan clavadas». «Y como son indestructibles, el cuerpo tiene dificultades para eliminarlas, puede llegar a tumorizar y generar cánceres broncopulmonares o de pleura», prosigue. La mala noticia es que la enfermedad aparece 30 o 40 años después de su exposición, con lo cual se ha utilizado durante mucho tiempo sin conocer sus consecuencias.

Europa prohibió el amianto en 2001, pero infraestructuras más antiguas como el Metro o el mercado de la Abaceria, que el Ayuntamiento está reformando en la Vila de Gràcia, contienen este mineral. Los vecinos, que tras la denuncia de los trabajadores del Metro, están más informados, ahora reclaman vía pancartas la retirada del amianto allá donde sospechan que hay, sea en el mercado de la Abeceria, sea en el antiguo cine Urgell.

Emergencia climática

Las tropas adolescentes de la joven activista Greta Thunberg convirtieron el cierre de campaña en un viernes reivindicativo. Convocaron un nuevo paro planetario para exigir a los políticos que hoy salgan electos medidas efectivas contra el cambio climático.