Puigdemont promete llevar a Cataluña a la orilla de un nuevo estado en 18 meses

Ofrece diálogo a la oposición para explorar acuerdos más allá de la CUP. CSQP se ofrece a negociar los presupuestos

Carles Puigdemont, hoy, durante una de sus intervenciones en el pleno del Parlament.
Carles Puigdemont, hoy, durante una de sus intervenciones en el pleno del Parlament.

Después de prometer el cargo de president de la Generalitat con una original fórmula que dio trabajo a la Abogacía del Estado, Carles Puigdemont convocó un pleno para ofrecer detalles de su gobierno y sus planes. La sesión, que se celebró ayer, sirvió para matizar dudas como cuánto va a durar la legislatura y para poner los contadores de la relación con la oposición a cero. Ni Puigdemont es Mas, ni Inés Arrimadas es Albert Rivera, aunque sus respectivos discursos sean los mismos.

El president de la Generalitat se comprometió a llevar a Cataluña «a las puertas de un nuevo Estado» esta legislatura que, inusualmente, durará 18 meses, mes arriba, mes abajo. Si dura 17 meses, «mejor», matizó, y si al final son 19, «no haremos un drama».

Lo que dejó claro es que no se demorará más porque no sería «justo ni honesto», argumentó el president, tras recordar que Junts pel Sí se presentó con un programa electoral en el que se comprometía a alcanzar la independencia en año y medio. Con esta afirmación rechazó cualquier oferta de los grupos de la oposición para culminar una legislatura ordinaria, pese a que la letra pequeña de su hoja de ruta deja en todo momento la puerta abierta a negociar con el Gobierno un referéndum durante este proceso.

Aunque no tiene intención de apartarse de la declaración rupturista del 9-N, Puigdemont tendió la mano a la oposición para explorar acuerdos en temas que vayan más allá del proceso y no estar con el corazón en un puño cada vez que tiene que aprobar una ley, pensando en si la CUP le apoya o no.

Puigdemont no escondió sus diferencias con los antisistema. Mientras el diputado de la CUP, Joan Garriga, llamó al Govern a implementar de forma inmediata la declaración rupturista, esto es, por ejemplo, desobedecer al Estado y obviar la suspensión del decreto de pobreza energética, el president subrayó que quiere avanzar hacia la independencia con «calma y cautela». Uno de sus compromisos es aplicar la hoja de ruta «sin pasos en falso» para culminar el proceso con éxito. En su intento de dejar claro que el acuerdo de estabilidad con la CUP no está reñido con dialogar con otros grupos, invitó a los líderes del resto de partidos a reunirse.

Catalunya Sí que es Pot fue el más conciliador. Se ofreció a apoyar unos presupuesto más sociales. El resto ve difícil llegar a acuerdos. Con la ilusión que acompaña a «los primeros días», el primer pleno de Puigdemont olvidó rápido a Artur Mas. Quizás quien más lo echó de menos fue Miquel Iceta, que tenía «fair play» con Mas, y ayer se enzarzó con su sucesor por unas dudas que el socialista planteó sobre el currículum de Puigdemont , las subvenciones recibidas por una revista impulsada junto a su mujer y su relación empresarial con el nuevo director de Catalunya Ràdio, Saül Gordillo. Puigdemont negó irregularidades y reivindicó su profesión de periodista que pretende recuperar cuando deje la política. «Seguramente, el señor Iceta aún está aquí cuando yo me marche», le espetó. Iceta huyó de la bronca. Al menos queda año y medio de legislatura.