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Políticos e iniciativas civiles

No es la primera vez que escribo sobre mi escaso entusiasmo por el funcionamiento actual de los partidos políticos, a uno le da la impresión de que la regla básica para prosperar es hacer la pelota a los que mandan, decirles lo que quieren escuchar, mientras los que mandan lo miran todo con ojos de riesgos electorales, confundiendo muchas veces los intereses personales y partidistas con los nacionales que es para lo que les pagamos.

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Visto asi no me resulta extraño que los independentistas estén hasta el gorro de sus partidos y de sus dirigentes y se hayan lanzado a los brazos de movimientos sociales como la ANC y Ómnium Cultural. Los movimientos sociales suelen empezar con un grupo de idealistas que defienden aquello que les une o les motiva, alguno de estos movimientos llegan a convertirse en autenticas organizaciones capaces de poner en jaque a los partidos para acabar terminando en los mismos vicios, llenos de gente que encuentran en esa entidad la manera de tener un altavoz y de que se les escuche y para que esto sea efectivo tienen que intentar decir cosas cuanto más gordas, y cuanto más irrealizables, mejor.

Cada día me vuelvo más escéptico respecto a las organizaciones a medida que crece mi confianza en las personas que realmente saben estar y pueden ser útiles para los fines, por ello a mis amigos que me han invitado a meterme en política o en organizaciones sociales siempre les digo lo mismo “contad con migo para lo que haga falta (si la causa vale la pena) con la única condición de que nunca me ofrezcáis un cargo”.

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La única excepción que me concedo es la presidencia de AREVOC (Asociación de Reservistas Voluntarios de Cataluña) donde de forma inmerecida ostento la presidencia y cuando hay alguna discrepancia interna, como somos una asociación cívico/militar, me limito a poner en el chat “escuchadas todas las opiniones, se lo trasmito al Coronel”. Luego pongo lo que ha dicho el Coronel y todo el mundo sabe lo que tiene que hacer. Así da gusto ser Presidente porque las puñaladas traperas dentro de los partidos y de las organizaciones que las aguante quien tenga suficiente paciencia o ganas de trepar.

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