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El experimento de no tener coche propio en Madrid

Carlos vendió su vehículo hace unos meses. Echó cálculos y se percató de que podía ahorrar hasta 180 euros al mes si se movía sólo con los diferentes modelos de «carsharing». LA RAZÓN pasó un día con él para comprobar cómo utiliza estos vehículos en su vida diaria.

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Tiempo de lectura 5 min.

27 de mayo de 2018. 17:57h

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Belén V. Conquero Madrid. 27/5/2018

El iPhone de Carlos Martín no es el más moderno, ni el que tiene el último diseño. Es el que le es más útil, el que le permite vivir en una sociedad cada vez más conectada, más dependiente de la tecnología. Él es informático. Lo sabe bien. Las palabras que, por su trabajo, va añadiendo a su vocabulario se alejan cada vez más del español y, más bien, convierten su lenguaje en un «spanglish» al que está más que acostumbrado. Los avances tecnológicos marcan su vida e, incluso, cambian su forma de vivirla.

Hace varios meses, tras dudarlo durante otros tantos, dio el paso: «Anulé el seguro, vendí mi coche y dejé de pagar la plaza de garaje que tenía alquilada», explica a LA RAZÓN. Ya no concibe su vida en la ciudad con un vehículo en propiedad. «Los tiempos cambian», insiste.

El experimento de no tener coche propio en Madrid

Quedamos con este experto programador de 48 años un día cualquiera de la semana. Queremos conocer cómo ha cambiado su vida y su movilidad desde que se deshizo de un Opel Agila con muchos kilómetros en sus ruedas, ya que era de 2001.

«Primero empecé probando los coches, el Car2Go, que fue el primero en llegar y me gustó mucho el concepto». Se fue dando cuenta de que le era mucho más cómodo utilizar el «carsharing» (compartir coche) que sacar su auto del garaje, echarle gasolina, llevarlo a las revisiones, pagar el seguro... Y así fue echando cuentas del gasto que le suponía mantenerlo. «Siempre me han gustado mucho los coches y ahora puedo utilizar uno diferente prácticamente cada día», reflexiona.

En su móvil ya no hay una única «app» que le localice el coche más cercano, al menos tiene seis con las que puede «jugar» para ver qué le compensa más: si andar un poquito o coger un vehículo con un porcentaje de batería menor. Él decide.

«Una tarde me senté a echar cálculos y a comparar lo que podía gastarme si sólo me moviera en la ciudad con coches compartidos y me impactó ver todo lo que me podía ahorrar». Las cifras son simples: con su coche de más de 17 años destinaba unos 300 euros a transporte, mientras que gracias al «carsharing» esa cuantía se reducía considerablemente, «baja hasta los 120 euros de media». Gracias a este recorte, Carlos ha cambiado por completo su forma de moverse por Madrid. Y más aún con la llegada de las motos eléctricas a la capital, que «son aún más cómodas».

El experimento de no tener coche propio en Madrid

Entra a trabajar a las 8:30 horas y, antes de salir de casa, en su «smartphone» comprueba qué moto tiene más cerca. Revisa el porcentaje de batería que tiene cada una de ellas. «Es importante coger una que tenga más del 50% porque si no, en las cuestas se quedan sin fuerza», explica. Eso sí, este cambio de su forma de moverse por la capital también le ha ayudado a que los datos del podómetro de su teléfono hayan mejorado considerablemente. «Ahora, antes de coger cualquier vehículo, recorro parte de mi ruta al trabajo andando. Es otra forma de hacer ejercicio y como sé que, en mi camino, siempre voy a encontrar alguna moto...».

Los vehículos de dos ruedas siempre le habían gustado, pero «nunca me había atrevido a coger una hasta que han llegado las eléctricas». Es más, ahora va totalmente equipado. Saca sus guantes. «Los compré por Amazon». Cómo no. Y los lleva siempre en su mochila.

No tarda ni un cuarto de hora en desplazarse desde la zona de Tetuán hasta el barrio de Salamanca. En concreto, a Velázquez, donde trabaja. «Y lo mejor es que las motos las puedes dejar en cualquier acera. Esa facilidad no la tienes con los coches». De ponerles un pero indica uno: «El casco me da un poquito de asco, pero yo lo sacudo y listo». Todas las empresas que ofrecen este servicio incluyen, además del casco, unos gorritos de un sólo uso para los más escrupulosos. Pero, «muy pocos se los ponen. Es un poco ridículo», reconoce Carlos. Él lo utilizó el primer día y nunca más. «Además, para la melena que tengo yo...», dice con ironía.

Al salir del trabajo, pasadas las seis, dar con una de estas motos no es tan sencillo. «Todos el mundo debe tener la misma idea y desaparecen de esta zona». Por eso, opta por buscar un coche. «No suelo cogerlos porque luego, para aparcarlos por mi zona es mucho más complicado».

Le gusta mucho el éxito que está teniendo en la capital el uso de coches eléctricos compartidos, pero sabe que es un modelo al que aún le falta un poco de desarrollo. «No tienen mucha autonomía y el límite de las zonas a veces te limita un poco, pero creo que las empresas van a ir mejorándolo». Eso sí, Carlos tiene muy claro que «en unos años mi coche no habría podido entrar en la zona central y no me habría quedado otra opción que la de vender».

El informático hace referencia al nuevo plan que ha presentado recientemente el Ayuntamiento. El cierre al tráfico de todo el distrito centro a los no residentes estará completamente implementado en el mes de noviembre de este año bajo el nombre «Madrid Central», aunque se comenzará a multar a partir de febrero de 2019, según anunció la delegada de Medio Ambiente y Movilidad, Inés Sabanés, y el edil socialista Chema Dávila. Este área comenzará a delimitarse desde este mes, en el que también se están transformando los aparcamientos de color azul –para coches de rotación, no residentes– en plazas de residentes –de color verde–, y se ampliará el número de aparcamiento para motos. «Es el futuro, no lo vamos a poder cambiar», reflexiona Carlos mientras se aleja en su moto eléctrica.

El transporte público, su mayor competidor

Según el V Informe 2018 «Españoles ante la Nueva Movilidad» de la Fundación Pons Seguridad Vial, seis de cada diez madrileños siguen prefiriendo el transporte público a otras opciones de movilidad. Eso sí, el coche particular es la segunda opción más señalada. De ahí que las empresas de «carsharing» hayan encontrado un filón para desarrollar sus negocios. Al contrario de lo que pueda parecer al circular por Madrid, sólo un 12 por ciento respondió a la encuesta que estaba valorando comprarse una moto. En lo que respecta a la compra de un coche, el 56 por ciento de los encuestados consideran que comprarían un vehículo respetuoso con el medio ambiente, de ahí que los autos híbridos y eléctricos hayan multiplicado sus ventas en los últimos años.

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