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Halma, no la olviden (de nuevo)

  • El reparto está formado por Enrique Asenjo y Ana Villa
    El reparto está formado por Enrique Asenjo y Ana Villa

Tiempo de lectura 2 min.

21 de febrero de 2019. 02:49h

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Julián Herrero Madrid. 21/2/2019

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Continúa el Centro Dramático Nacional de estreno con su ciclo «En letra grande». Después de dar voz a María Teresa León y a Rosario Acuña a principio de temporada, se reparesenta–hasta el 3 de marzo en el Valle-Inclán– «Halma» para situar el foco en esas figuras del pasado que enriquecieron la escena española y que, sin embargo, no fueron reconocidas en la historia. El turno ahora es para Halma Angélico, pseudónimo de María Francisca Clar Margarit, a quien recupera Yolanda García Serrano –actual Premio Nacional de Literatura Dramática– con un montaje que recuerda la vida de una persona «preocupada por el papel de la mujer en la sociedad y creadora incansable que se enfrentó a un muro de odio que no pudo derribar», explica la aquí directora y autora.

A pesar de ser la única mujer en estrenar durante la Guerra Civil, momento hasta el que había gozado de buena fama, el nombre de Halma Angélica difícilmente es reconocible. Fue por ello que a García Serrano le entraron más ganas de conocer más sobre su persona: «Me impactó la forma en la que abandonó la literatura. Se separó de la vida pública y murió en el olvido y la ruina. No entendía cómo siendo tan activa, tan prolífica y tan batalladora pudo romper con todo, dejar de escribir y acabar desaparecida», cuenta una directora que «ni siquiera había oído hablar de ella ni de sus obras».

Entonces surgieron las dudas, ¿por qué no siguió escribiendo? O ¿por qué, como otros tantos intelectuales, no se marchó al exilio? Son preguntas que llegaron a la cabeza de García Serrano para comenzar a montar una función que parte de las reacciones al estreno de «Ak y la humanidad», momento clave en su carrera. Siendo una pieza de carácter político e inspirada en un cuento del autor ruso Jefim Sosulia, aquel título contentó al público, pero no al sindicato CNT, considerados por Halma Angélico como «compañeros».

La distopía en la que un gobierno divide a la población en personas superfluas y no superfluas, instando a las primeras a suicidarse en el plazo de 24 horas, se entendió en la organización como un ataque personal, como explica la directora: «Tengo la sensación de que se sintió criticada y luego se reprochó que una burguesa, como la llamaron, hiciera semejantes críticas a la lucha armada. La acusaron de plagio, a pesar de que la obra se planteó públicamente como una adaptación».

De esta forma se plantea una conversación entre Halma (Ana Villa) y el director y actor protagonista de «Ak y la humanidad» (Enrique Asenjo) en la que ella dice que, después de lo sucedido, no quiere saber más del teatro y que va a dejar de escribir; algo que la otra parte intentará evitar, pese a que ya conozcamos el final. Por eso Yolanda García Serrano crea este “«alma», «para hacer lo que ella no pudo». Reivindicarse.

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