Un día en los museos postcoronavirus: turnos reservados a mayores y códigos QR en lugar de folletos

La Casa-Museo Lope de Vega es una de las salas que abrió ayer por primera vez tras dos meses de confinamiento

La Casa-Museo Lope de Vega es uno de los grandes tesoros que esconde el madrileño Barrio de las Letras. El hogar en el que el conocido como “fénix de los ingenios”, bautizado así por su amigo y vecino Miguel de Cervantes, pasó los últimos 25 años de su vida. En su amplio y luminoso escritorio, contiguo a la capilla, al dormitorio y a una sala para damas, es donde Lope escribió todas las obras por las que hoy es considerado una pluma universal: “La dama boba”, “Fuenteovejuna”, “Peribáñez y el comendador de Ocaña”, “El perro del Hortelano”... Sin embargo, durante los dos últimos meses, la casa y el coqueto huerto que tanto le insparaba en sus creaciones han permanecido cerrados. Ayer, la casa-museo, que recibe más de 100.000 visitas anuales, volvió a abrir sus puertas. Y lo hizo con nuevas normas.

Para empezar, de las 15 personas que podían entrar por turnos de media hora se ha pasado a cinco. Cada uno de ellos deberá llevar mascarilla y guantes, lavarse las manos con un gel hidroalcohólico al pasar por la puerta y mantener una distancia de separación de dos metros entre ellos. Además, habrá un turno especial para los mayores de 60 años, que tendrán reservados para ellos los miércoles de 10:00 a 14:00. Mientras, los folletos que se entregaban habitualmente a la entrada han pasado a la historia: a partir de ahora, los visitantes podrán descargarse la información a través de un código QR. Del mismo modo, todo aquel interesado en adquirir una publicación, deberá prescindir del dinero en metálico y optar por el de plástico. Y, por último, y muy importante: queda terminantemente prohibido tocar nada. De hecho, desde el 13 de marzo que cerró sus puertas, este emplazamiento no ha dejado de ser desinfectado puntualmente.

Así transcurrió una jornada, la de ayer, en la que los primeros museos madrileños recibieron sus primeras visitas tras más de 60 días de confinamiento. La Consejería de Cultura y Turismo que preside Marta Rivera de la Cruz abrió ayer, además de la Casa de Lope, el Museo Casa Natal de Cervantes, el Museo Picasso-Colección Eugenio Arias y el Centro de Interpretación de Nuevo Baztán, mientras que hoy hará lo propio el CA2M Centro de Arte Dos de Mayo y el Museo Arqueológico Regional. En estos casos, no estará permitido el servicio de guardarropía ni de taquillas, y los recorridos podrán variar dependiendo de si se producen aglomeraciones.

“Desde hace días hemos recibido llamadas de gente interesada en venir. Al menos 30 personas”, afirma a LA RAZÓN Marina Prieto, coordinadora de la Casa-Museo Lope de Vega. Ahora es momento de adaptarse a la nueva realidad y de ir aprendiendo cada vez que sus puertas se abran. “Todos teníamos ganas de que llegara este día y de ver que somos capaces de comenzar de nuevo. Somos conscientes de habrá que modificar cosas, a medio y largo plazo. Las circunstancias cambian día tras día y nos fáciles de predecir”, añade.

Talleres, obras y restauraciones aparcadas

Prieto apunta a que, efectivamente, los museos públicos como el que ella coordina no van a constituir ni mucho menos el sector más perjudicado en la crisis post-pandemia. La caída del turismo les perjudicará sí, pero en mucha menor medida: su proporción es de 80 visitantes nacionales por 20 extranjeros. Sin embargo, también recuerda que hay toda una industria detrás de estas salas: restauradores, pequeñas compañías de teatro (antes de estallar el coronavirus estaban programadas varias representaciones); expertos en arte que imparten talleres formativos...

Ahora, todos ellos tendrán que esperar, al menos hasta que la desescalada siga dando pasos hacia adelante. De hecho, para la fase 2 el aforo de la Casa-Museo seguirá reservado a un máximo de cinco personas. Solo en la fase 3 se admitirá un total de ocho, prácticamente la mitad de las que se permitían durante la era pre-coronavirus.