Sánchez-Ayuso: de la tregua a la guerra en 80 horas

El cambio de criterio de Illa dinamitó el trabajo entre Moncloa y Sol, después del «sí» del presidente a la mesa conjunta que Madrid ya le propuso en junio

«Presidente, no es verdad el dato que estás dando sobre los contagios que entran por Barajas», le echó en cara Isabel Díaz Ayuso a Pedro Sánchez nada más bajar ambos del atril desde el que, flanqueados por una veintena de banderas, comparecieron el lunes de esta semana tras su cumbre en la Puerta del Sol. Fue casi el único desencuentro entre los dos mandatarios. Con el objetivo de articular medidas de manera coordinada para contener la curva de contagios por coronavirus en esta segunda ola, el presidente y la presidenta enterraron formalmente el hacha de guerra. Los equipos de ambas administraciones la desenterrarían, sin embargo, el jueves por la noche. Fueron apenas ochenta horas de una tregua que descarriló por el sorpresivo cambio de criterio del ministro de Sanidad, Salvador Illa, en torno a la tasa de incidencia del virus necesaria para aplicar confinamientos.

Según relatan fuentes próximas al Gobierno autonómico madrileño, el trabajo entre ambas administraciones se desarrolló de una manera positiva hasta el jueves, conforme a lo pactado. Moncloa y Sol llegaron a un entendimiento básico para que todo funcionara: las deliberaciones no se harían públicas, únicamente se abordarían de manera interna y todas las comunicaciones con los medios se efectuarían a través del portavoz técnico. Emilio Bouza –el microbiólogo que renunció ayer a este cargo– sería el único autorizado a informar de las decisiones adoptadas por el Grupo Covid-19: «Nada de valoraciones políticas ni de diferencias de criterio. Todo se debía de resolver dentro de los grupos de trabajo», insisten desde el Ejecutivo regional.

Mientras las reuniones entre los representantes de ambos gobiernos se sucedían, la presidenta continuó su agenda, supervisando el trabajo de las distintas unidades constituidas en el acuerdo que suscribió con Sánchez, pero dejando que fueran ellas los que perfilaran las medidas a tomar. En paralelo Ayuso continuó interviniendo en las videoconferencias que, cada mañana, realizan los responsables de la Consejería de Sanidad. «Ella ha cumplido el pacto del comunicado con Sánchez», aseguran en su entorno más próximo.

De hecho, la jefa del Ejecutivo madrileño salió «contenta» de su encuentro con el presidente del Gobierno. Llevaba un año esperando que el líder socialista pudiera recibirla. Una reclamación que, desde marzo, había intensificado sin éxito. Tras esta larga espera de doce meses, la cumbre entre ambos tenía lugar. Las circunstancias derivadas del alto nivel de contagios no eran ni mucho menos las deseables, pero el pacto alcanzado entre los dos gobiernos vino a dar la razón a Ayuso. No en vano, en el mes de junio, en una de las últimas videoconferencias entre Sánchez y todos los líderes autonómicos, la presidenta pidió a Moncloa una mesa de trabajo conjunta dadas las peculiaridades de Madrid –al ser el centro de las comunicaciones del país y tras haber sido la más golpeada en la primera ola– y con el objetivo de evitar conflictos como los que se produjeron a cuenta de las negativas del Ministerio de Sanidad a que la región pasara de fase en el proceso de desescalada. Esa petición de una mesa conjunta entre Moncloa y Sol que Sánchez desoyó en junio, era ahora aceptada. «El éxito de lunes es que Sánchez escuchase por fin a Madrid después de haber dejado a las comunidades solas», aseguran fuentes próximas a la cumbre entre ambos.

El cogobierno llegó vivo hasta el jueves. Fue entonces cuando, en una reunión celebrada a última hora de la tarde, Illa planteó una nueva recomendación a la Comunidad de Madrid sostenida en un criterio que no figura en ninguno de los protocolos aprobados hasta la fecha: debía confinarse toda la capital y aquellos municipios con una tasa de incidencia acumulada superior a los 500 contagios por cada 100.000 habitantes en los últimos 14 días. El Gobierno regional insistió en sólo cerrar aquellas zonas básicas de salud con más de 1.000 casos. El desconcierto entre los representantes regionales madrileños fue máximo al ver cómo el ministro había pasado de alabar, el viernes de la semana pasada, las decisiones implantadas en las primeras 37 zonas que fueron confinadas, a utilizar un nuevo baremo, según el cual, casi toda la región debía volver a cerrarse. En ningún momento, hasta el jueves por la noche, Illa había defendido estos criterios, ya que, tal y como relatan desde uno de los grupos constituidos, el propio martes se trabajó con el Ministerio en un documento en el que no se hablaba de este escenario. De manera que en la Puerta del Sol tienen claro que «Illa rompió el acuerdo por una cuestión política».

El desencuentro, sin embargo, no trascendió hasta la mañana del viernes, cuando el propio Illa decidió contraprogramar la rueda de prensa en la que el viceconsejero sanitario de Madrid, Antonio Zapatero, concretó las nuevas zonas con limitaciones a la movilidad. El ministro, desde Moncloa, insistía en la necesidad de un confinamiento generalizado. Illa lo repitió ayer en otra rueda de Prensa improvisada que terminó de dinamitar la tregua y llevó al portavoz técnico Bouza a renunciar a su cargo 48 horas después de asumirlo. Ni en la Puerta del Sol ni en Moncloa tienen claro de qué forma el Grupo Covid-19 alumbrado por Ayuso y Sánchez el lunes podrá volver a reunirse en la semana que arranca mañana.