El alto cargo de Sanidad que compró 2.241 respiradores y salvó la vida gracias a uno

Estuvo intubado seis días en la UCI en coma inducido y cree que su historia tiene una moraleja: «Dejándote la piel por ayudar a los demás te ayudas a tí mismo»

Alejo se despertó en el hospital el 25 de septiembre pasado, después de pasar seis días en coma inducido conectado a un respirador, escuchando la voz de la jefa de la UCI que le decía: «Alejo, no muerdas el tubo, que lo estamos sacando. Todo va muy bien, vas a salir adelante».

Lo último que recordaba es lo ocurrido justo seis días antes y el momento sobrecogedor en el que le habían comunicado que tenían que intubarle después de detectarle una neumonía bilateral por Covid-19. «Impone mucho. Y más cuando sabes de qué va esto de los respiradores», dice Alejo Miranda de Larra. Cuenta que ese angustioso momento de la intubación se lo hicieron «dulce». «Me dijeron: piensa algo bonito». Y, a partir de entonces hubo un apagón en su vida del que no recuerda nada. «Dicen que hay gente que tiene pesadillas, que sueña, pero a mí no se me apareció nadie para decirme cuál iba a ser el número de la lotería que iba a tocar».

Cuando se despertó, preguntó qué modelo de respirador era el que le habían puesto. Las enfermeras del hospital se partían de la risa. No acertaban a entender cómo podía interesarse por algo así después de pasar tantos días inconsciente. Pero Alejo es el director general de Infraestructuras sanitarias de la Comunidad de Madrid. Así que contó que su equipo y él llevaban gestionando la compra de respiradores desde el comienzo de la pandemia para poder salvar vidas en los hospitales. Sabe al detalle cuáles son las marcas punteras.

«Llevamos adquiriendo respiradores desde febrero, cuando la presidenta de la Comunidad de Madrid nos dijo que compráramos todos los posibles. Hemos llegado a triplicar el número que tenía Madrid. Para ser exactos, hemos adquirido un total de 2.241 y uno de ellos me ha salvado la vida».

Por eso Alejo cree que toda esta historia tiene una moraleja para todos aquellos que hacen su trabajo de forma vocacional, como asegura que es su caso: «Dejándote la piel por ayudar a los demás te ayudas a tí también. Es muy emocionante», dice con convencimiento y aliviado de haber superado el trance.

©Gonzalo Pérez MataLa Razón.

Alejo sabe de marcas y de precios. Y hasta el número exacto de respiradores que tienen los hospitales de la Comunidad. «Madrid tenía 1.084 y hoy tenemos más de 3.300. En este año hemos triplicado el número porque tuve muy presente que la presidenta nos había pedido que no faltase a nadie un respirador».

Sabe lo que es estar en pleno pico de la primera ola negociando la adquisición de respiradores en un mercado internacional muy cambiante y difícil en el que los países salían a buscar material sanitario y la urgencia de la compra hacía que se cerrasen operaciones de compraventa de manera fulgurante.

«En el pico de la pandemia, la gente de mi equipo y yo estábamos todo el día colgados al teléfono pidiendo precio, porque no dejaba de subir. Aunque el truco fue que nosotros compramos antes que nadie».

Alejo cuenta que el mercado de los respiradores es, además, amplio. Los hay invasivos, los no invasivos, los de transporte...Éstos últimos, que tienen un coste de 10.000 euros, llegaron a triplicar su precio durante el pico de la pandemia en la primera ola. «No llegamos a comprarlos, pero nos los ofrecían». Asegura que los más potentes de UCI, como el que le ha salvado la vida, con un precio «lógico» en plena pandemia de entre 25.000 y 30.000 euros, llegaron a ofrecérselos al equipo de Alejo por 50.000 euros cuando empezaron a subir en EE UU los contagios».

«Nosotros hemos intentado comprar en el mercado chino, pero era sumamente difícil. Cerrabas por la noche a las 3 de la madrugada un precio con un fabricante y te despertabas a las seis o las siete de la mañana dispuesto a formalizar la compra y ya habían volado. Se los había llevado otro país que podía pagar más rápido».

Alejo asegura que Madrid ha comprado bien en medio de la jungla del mercado del material sanitario que ha habido estos meses atrás. «Sabemos que se han adquirido buenos equipos a buenos proveedores y ya están funcionando y están en los hospitales salvando vidas».

El responsable de Infraestructuras cuenta que, pese a tener que estar en la UCI, es el mejor que lo ha pasado de toda su familia. Sabe cuando se contagió exactamente: el 19 de septiembre. «Fue en una comida con mis padres y mis hermanos. Mi hermana anunciaba un embarazo y debí de darle un beso aunque me extraña, porque no soy besucón. Nos reunimos cumpliendo todas las normas. Mis padres se pusieron muy serios con que fuéramos muy estrictos en mantener las medidas sanitarias porque están muy concienciados. Mi padres es traumatólogo, mi madre farmacéutica y mis hermanos trabajan también en la rama sanitaria. Pero, aún guardando las medidas de protección, te das cuenta de la agresividad de este virus. De esa comida salimos varios contagiados».

©Gonzalo Pérez MataLa Razón.

Alejo nunca pensó que el virus le llevaría a la UCI. «Estaba yo muy gallito, pensaba que me iba a dar flojo», dice. La comida fue un sábado y empezó a notar síntomas cuatro días después. Tuvo que ir a Urgencias varias veces, hasta que el 1 de octubre los médicos vieron que padecía neumonía y los índices de la analítica estaban ya disparados. Al día siguiente estaba ya intubado.

«Estar en la UCI me ha servido para saber lo bien qué funcionan y que es un equipo de élite que salva vidas. Creo que hay que hacer un gran homenaje a los sanitarios y, especialmente, a los que están al frente de las UCI, junto con la enfermería, que es el alma de cada centro sanitario».

Pero otra de las primeras cosas que hizo Alejo cuando salió de cuidados intensivos fue pedir el móvil para conectarse con las webcam de la obra del hospital de Emergencias Isabel Zendal. Está al frente del proyecto desde que empezó y conoce palmo a palmo cada detalle de la obra.

«¿Eres un adicto al trabajo?, me dijeron. Pero es el proyecto de mi vida. En la UCI también he aprendido dos cosas: que nadie es imprescindible y que un equipo es capaz de hacer una gran obra».