Javier Pérez, teólogo de Vox.
Javier Pérez, teólogo de Vox.©Gonzalo Pérez MataLa Razón

El teólogo de Vox: ingeniero, ex seminarista y aspirante a masterchef

«Yo digo lo que Platón: que hay verdades. Para poder hacer política y aportar algo a la sociedad tienes que saber qué es el hombre. Ojalá Ayuso se crea de verdad su discurso en defensa de la familia. Y si nos quita votos, pues que nos los quite, pero yo no me la creo»

Javier Pérez Gallardo tiene 30 años y es el más joven de los diputados de Vox en la Asamblea de Madrid. Es ingeniero de la Edificación, pero su perfil llama la atención porque, a pesar de su juventud, es también teólogo, una formación que cree que puede aportar mucho a la política. Es uno de los fundadores de Vox Madrid y una persona firmemente convencida de que por la vida se pasa para hacer algo que beneficie a la sociedad.

–¿Qué fue antes: lo de estudiar Ingeniería de la Edificación o Teología en la Universidad San Dámaso?

–Una mezcla de todo. Yo soy el séptimo de ocho hermanos y en mi familia son todos ingenieros. Mi padre es ingeniero naval, tengo otro hermano ingeniero informático, pero también otro de Industriales, Minas, Obras Públicas... A mí me gustaba todo lo relacionado con la construcción y me hice ingeniero de la edificación. En Bachillerato ya sabía que quería hacer eso. A los 19 años quise entrar en el seminario, cuando estaba en segundo año de carrera y estudié Teología en la Universidad San Dámaso. Allí estuve cuatro años.

–¿Y qué recuerda de aquella época?

–Fue un tiempo muy bonito. Aprendí mucho, y no solo por todas las personas que he conocido, sino también por el enriquecimiento personal y las experiencias que me llevo. Pero vi que lo de ser sacerdote no era lo mío y lo dejé en 2014. Aún así, acabé Teología y retomé mis estudios de Ingeniería. Por eso me dicen de broma: siempre puedes construir iglesias...

–Pues precisamente en San Dámaso se pueden aprender hasta 14 lenguas muertas. ¿Sabe rezar el Padre Nuestro en arameo clásico?

– (Se ríe) ¡Qué va! No me lo sé ni en Latín.

– Usted lleva en Vox desde 2015. ¿Por qué se metió en política?

–Cuando salí del seminario me pregunté: ¿y ahora qué? Pensé que quería aportar mi grano de arena a la sociedad siendo sacerdote, pero cuando luego te das cuenta de que ése no es tu camino y te planteas: ¿qué puedo aportar para que este mundo sea mejor? En ese momento mi hermano mayor vino a casa diciendo que había nacido un nuevo partido, que lo formaban cuatro y que defendían lo que siempre decíamos cuando nos quejábamos. Se empeñó en que teníamos que conocerlo. Así que pensamos en ir a uno de los eventos de Vox.

–¿Y a cuál acudieron?

–A un acto organizado en un bar de Las Rozas en el que se dieron a conocer. Recuerdo que había un tal Santiago Abascal, Iván Espinosa de los Monteros...Y estábamos allí 14 personas, entre ellos mis padres y varios hermanos y cuñados. Iván dio un «speech» como si su público fuera un millar de personas. Me impresionó su discurso sobre el patriotismo, España, la familia...Yo me iba emocionando y se me iban poniendo los pelos de punta. La conclusión que saqué es que defendían mis ideas y principios. Entonces tenía pinta de ser un proyecto de locos que no iba a llegar a ninguna parte, pero en ese momento pensé que me tenía que apuntar. Molaba la locura y me gustó muchísimo el proyecto. Hicimos la campaña de 2015, que fue muy bonita, pero veíamos cómo el número de seguidores y votantes iba bajando.

–¿Y eso no le desanimó?

–Todo lo contrario. Cada vez me emocionaba más y pensaba que aquello tenía futuro. Hasta que un día me llamó Rocío Monasterio. Me dijo que la habían hablado de mí para el equipo de Madrid porque había pedido que le dieran el nombre de los más currantes de cada zona de Madrid. Y alguien le dio mi nombre. Me dijo: ¿qué te parece si montamos un partido serio y me ayudas a organizar Madrid? Esto fue en 2016, pero parece que fue ayer. En ese momento estudiaba Teología, la Ingeniería, daba clases particulares y estaba muy metido en la universidad. No sé muy bien cómo lo podía hacer todo a la vez, pero recuerdo que fue un tiempo muy bonito.

–¿Ha trabajado de ingeniero?

– Sí, estuve en un estudio de arquitectura, hasta que llegado un momento le dije a mi jefe: necesito una excedencia. Estoy en un momento personal muy chulo y en nueve meses vuelvo. Esto fue un mes antes del primer Vistalegre, que lo montamos entre tres personas. Fue un año de locos. Luego vinieron las elecciones andaluzas, las generales, las municipales.

–¿Qué valores son los que más le sedujeron de Vox?

–El espíritu de patriotismo, que no hay que entenderlo como la obligación de ir a la guerra cuando tu país te necesita, sino de aportar lo mejor de ti para hacer una sociedad mejor. También todo el tema de la familia, del aborto, la defensa de la vida. Eso me llevó a afiliarme, pero lo que me ha llevado a participar activamente han sido las personas con las que he estado. Me ha hecho conocerles, ver cómo son y pensar que con esta gente voy hasta el fin del mundo.

El diputado regional Javier Pérez en la sede de Vox Madrid FOTO: ©Gonzalo Pérez Mata La Razón

–¿Qué cree que es más difícil en la sociedad actual: ser sacerdote o párroco o participar activamente en política?

–Buena pregunta. Ser cristiano hoy en día es pertenecer a una minoría que deberíamos empezar a proteger. Aunque en España el 50% de los españoles se bautizan, los practicantes llegaremos a un 10% de la población. En mi familia nunca hemos tenido que ocultar que lo somos, pero sé de amigos míos que no podían decir que el domingo iban a misa porque les podían hacer «bullying». Eso no lo he vivido, pero sé que hoy en día ser sacerdote es una misión muy bonita que mucha gente no conoce, pero es un sacrificio, porque parece que es ir a la contra del mundo. La percepción que tiene la gente es que ahora mismo ser cristiano no es guay. Pero mi fe me ha supuesto casi todas las cosas bonitas que me han pasado en mi vida.

–¿Qué puede aportar la teología a la política?

–Mucho. La teología tiene una fase previa, que es la filosofía, y hay un área que es la antropología, que es el estudio de lo que es el ser humano, que a mí me parece muy importante para poder hablar de política. Me ha pasado muchas veces en el Parlamento, cuando vas a hacer un discurso o te planteas ciertos temas, que parece que no se puede hablar de la verdad y que todo es opinable. Sin embargo, en la Academia de los Filósofos de Platón había un letrero que decía: «Que no entre nadie que no sepa de geometría». Uno se pregunta: ¿Por qué hay que saber de geometría para poder filosofar? Dos rectas paralelas se chocan en el infinito. Puede que no lo veas, pero esto es una verdad. Tres puntos forman un plano. Esto es verdad. Platón decía que, cuando vas a hablar del hombre o del mundo es muy importante saber que hay verdades. Vivimos en una sociedad donde la verdad se ha diluido en el sentimiento, en la creencia, en el todo es relativo... y yo digo lo que Platón, que hay verdades. Para poder hacer política y aportar algo a la sociedad tienes que saber qué es el hombre y qué es la sociedad. Es un punto de vista que a mí me puede ayudar mucho. Nosotros lo que nos planteamos con una propuesta es si esto es bueno o malo para los madrileños y esta forma de empezar a plantearte las cosas cuando trabajas tiene que venir de lo profundo de cada uno, de cómo se plantea la vida.

– ¿Qué le parece cuando escucha al secretario general de la Conferencia Episcopal, Monseñor Argüello, decir sobre los indultos que «estamos como los obispos catalanes, por el diálogo»?

–La Iglesia no es el clero. La Conferencia Episcopal no representa al clero al completo y me parece muy bien que cada uno tenga su criterio. De hecho, no han creado ningún documento como tal. Es un poco equivocar dos planos. A Juan Pablo II le metieron un tiro y fue a la cárcel a perdonar al que le agredió, pero siguió en la cárcel. Se entiende que una persona que ha disparado al Papa tiene que cumplir una condena. Se ha confundido el plano del perdón como tal. Los obispos no han sido capaces de ponerse de acuerdo en esto, pero igual no tienen que meterse en este tema. Igual deberían hablar más de las cosas espirituales de la Iglesia y no tanto de temas políticos.

–¿Cómo cree que se va a desarrollar esta legislatura en la Asamblea de Madrid?

–Va a ser una legislatura corta pero intensa. En estos dos años previos hemos visto a un PP que se excusaba en Cs para todo aquello que no quería hacer. Ya no tiene a Cs donde se pueda esconder. Ahora se van a ver cuáles son las prioridades del PP y se va a poner de manifiesto esto que nos han vendido de «comunismo o libertad». Por otra parte tenemos una izquierda más radical que le gusta confrontar y generar el discurso del odio y está abandonando más a su sector: la clase obrera y trabajadora, abandonada por la parte política. Se van a poner de manifiesto las prioridades de cada uno. Está todo muy tenso. No he vivido otro momento en el que la política sea tanto el centro de todo. Nosotros tenemos mucho que aportar.

–¿Qué le gustaría que se cumpliese en política?

–Se necesitan años para lo que querría. Creo que hemos ganado un poco la batalla cultural. Antes se hablaba solo de lo que la izquierda quería y ahora hemos conseguido que allá donde estamos muchas veces el centro de atención sea Vox. Han calado a la sociedad ciertos temas ya olvidados como el de la vida y la familia como eje fundamental. Son dos asuntos muy atacados. Hemos tenido cierto éxito en esto y nos anima ver que esa preocupación existe.

–Esa bandera de la defensa de la familia y la natalidad la ha cogido ahora la presidenta Díaz Ayuso. ¿Eso no roba espacio político a Vox?

–Ojalá Ayuso se lo crea de verdad. Y si nos quita votos, pues que nos los quite, pero no me lo creo. En su discurso, Ayuso no mencionó en ningún momento a los padres. Estás hablando de ayudas a la familia pero para ella el padre no tiene ni voz ni voto. Ayuso se queda en el discurso. ¿Cuáles han sido sus primeras medidas estrella este verano? Un organismo para Toni Cantó y cambiar Telemadrid.

–Usted está muy comprometido con los jóvenes. Ha participado activamente en la ONG Children of África y ha dado clases de cocina en el club juvenil El Torcal.

–Estuve en una edición de Masterchef y llegué a la final del casting. Me gusta cocinar. En mi casa todo lo celebramos con comida y nos encanta a todos. No sé hacer unas lentejas, pero lo mío son los canapés y la comida de picoteo. Estuve en un club en el que la idea es que los jóvenes encontrasen espacios sanos para divertirse y una de las actividades era la cocina. Era una forma nueva de divertirse. Hacíamos una tortilla de patata con Doritos y esto nos ayudaba a fortalecer la amistad.