Gastro

Los restaurantes donde comerse la cuesta de enero en Madrid

En Barrio Salamanca también es posible comer sin tener que rehipotecar la casa

Los restaurantes donde comerse la cuesta de enero en Madrid
Los restaurantes donde comerse la cuesta de enero en MadridArchivo

Hay un refrán muy popular y siempre bien traído que dice algo así como «nochecitas alegres, mañanitas tristes». Eso le pasa ahora mismo a la gran mayoría de las carteras de los españoles y residentes. Llevamos más de un mes gastando alegre e insensatamente y ahora tenemos por delante dieciséis días complicados en los que se hace necesaria, y muchas veces obligatoria, una mesura cuasi monacal. Pero tabernario y «gambitero» como es su humilde escribiente, y como tal vez lo sea usted, querido lector, también es importante salir a que le de a uno el aire, darse un garbeíto y darle brillo al PIB, a través del esparcimiento gastronómico. Así pues, traemos una compilación de algunos de nuestros sitios BBB preferidos, buenos, bonitos y baratos.

Contamos con no pocas casas de comidas que nos proporcionan un inmenso placer culinario a precios contenidos. Una de ellas es la de Javi Estévez (una estrella Michelin en La Tasquería), El Lince. Aquí encontraremos, por supuesto, casquería, pero sobre todo una carta más abierta, menos radical, pensada para comer bien, con platos para que todo el mundo disfrute. Tortilla con salsa de callos, chicharrón de Cádiz, platos de cuchara… Un lujo. Además, su barmaid, Nagore Arregui, hace unos cócteles excepcionales. Destacamos el Bicarbonato, un gin tonic elaborado por ella lentamente con un rhin efervescente y tónica Schweppes que hace referencia a las sales de frutas, que era como se acababan antaño las comidas.

En Malasaña también nos gusta mucho Casa Fidel, una tasca de esas buenas y asequibles, con menús del día ricos, platos sustanciosos y un cocido de lo más recomendable, refugio de aquellos que valoran lo casero y lo de siempre en un barrio sometido a la pura y dura tendencia, donde el bao y el bubble tea tienen más peso que los callos y las croquetas. ¡Aquí fue Troya! Más modernito y joven, pero bajo la premisa de la cocina de toda la vida, Casa Macareno, también con una RCP excepcional, estupendos encurtidos y conservas, clásicos taberneros y algún platito más gourmet y refinado para el público más morrofino. Y en la zona de Bilbao, frontera malasañera, el nuevo Beata Pasta, el nuevo espacio de Ciro Cristiano, creador del muy exitoso Baldoria. Esta suerte de trattoria 2.0 da la voz cantante a la pasta fresca (también sin gluten), con deliciosos ingredientes y precios muy sensatos. Por 20, 25 euros por comensal, se disfruta fuerte.

No muy lejos, por plaza de España, tenemos un lugar para aquellos que buscan un buen equilibrio entre lo clásico y lo moderno: La Charca. Es un restaurante de buena comida asturiana con toques contemporáneos, donde si, sobre todo, uno se centra en los entrantes, sale bastante bien de precio y se mueve el bigote con mucho gusto. También astur, pero bastante más barato, muy gozoso y en Chamberí, nos encontramos con El Llar, muy castizo, de toda la vida, pero perfecto para disfrutar en grupo o en formatos menos multitudinarios.

En el barrio de Salamanca también es posible encontrar una oferta culinaria que no obligue a rehipotecar el hogar. Apura, la sanguchería de Mario Céspedes, ofrece ricas tapas y piqueos de aires peruanos, riquísimos bocadillos y hamburguesas y buen ambiente de copas por las tardes. Para todo el día, de la comida a la cena, nos decantamos por Bar H Emblemático, el homenaje a los buenos bares de siempre de los propietarios de Hevia. Su carta está basada en el producto de calidad, con raciones y pinchos clásicos donde también tienen cabida platos más contundentes.