Desescalada Verde: el reto de compatibilizar economía y clima

El parón productivo provocado por el virus ha reducido drásticamente las emisiones y, ahora que se afronta la recuperación, las políticas medioambientales se convierten en el caballo de batalla para economías como la europea o la española. Sin embargo, hay señales que alertan del peligro de que el clima vuelva al cajón y que no se aproveche esta oportunidad única para superar por fin la dualidad economía y medio ambiente

Ya en los primeros momentos de confinamiento, la fundación creada por Al Gore, Climate Reality, organizó un coloquio bajo el título «¿Tiene el coronavirus la llave del cambio climático?». El gran parón ha servido, quizá más que nunca, para ver qué ocurre en la naturaleza cuando nos quitamos de en medio. Incluso para entender el virus como una oportunidad, un prólogo al gran reto al que se enfrenta la humanidad del siglo XXI: conjugar economía y medio ambiente. «Veníamos de una situación muy complicada, con millones de hectáreas quemadas en Australia y graves tasas de deforestación en el Amazonas... Incendios en California, disminución del hielo en polos y olas de calor en media Europa. Sin embargo, la emergencia climática había conseguido que miles de personas salieran a la calle», recuerda Fernando Prieto, investigador del Observatorio de Sostenibilidad y doctor en Ecología de la Universidad Autónoma de Madrid.

Pero las señales positivas para el medio ambiente de estas semanas pueden convertirse en un anécdota. En los primeros 15 días con las fábricas paradas, China vio disminuir sus emisiones un 20%; sin embargo, los satélites muestran cómo, tras el confinamiento y la vuelta a la actividad, las concentraciones de contaminantes atmosféricos están volviendo a aumentar. «Países como China ya han dicho que no van a escatimar en costes ambientales para recuperar el frenazo económico. Vamos a tener varias realidades y algunas escalofriantes», afirma Fernando Valladares, director del grupo de Ecología y Cambio Global del Museo Nacional de Ciencias Naturales.

La Administración Trump tampoco ha perdido el tiempo y ya a primeros de abril suspendía las leyes contra la contaminación del aire y el agua. Aunque tampoco hay que salir de España para preocuparse. Greenpeace ha detectado al menos ocho CCAA en España con iniciativas que suponen un retroceso «de políticas ambientales con la excusa de la reactivación económica». Incluso, el relator sobre los derechos humanos y el medio ambiente de la

ONU ha alertado sobre esto. «A la luz de la crisis ambiental mundial que precede al COVID-19, estas acciones son irracionales, irresponsables y ponen en peligro los derechos de las personas vulnerables».

No todo son malas noticias. Esta semana se ha aprobado el anteproyecto la Ley de Cambio Climático y Transición Energética, un plan pendiente desde hace años y que pretende guiar la reconstrucción económica hacia la neutralidad de carbono para 2050. Entre los compromisos: que España reduzca sus emisiones un 20% en 2030 respecto al año 1990, alcanzar la neutralidad para 2050 y contar con un sistema eléctrico en el que las renovables copen el 100% de la generación... La ley se enmarca en los Acuerdos de París y, además, está en línea con el Pacto Verde Europeo, el marco de acción en clave medioambiental que se ha marcado la Comisión como guía para la recuperación económica.

Y es que las previsiones para la eurozona no son nada halagüeñas. «Hasta un tercio de los trabajos se perderán y la economía se va a contraer un 7,5%», se oía durante otro debate sobre la recuperación organizado esta misma semana por la organización WWF. «La descarbonización de la economía es inevitable, porque la emergencia climática sigue ahí. Y cuanto más tardemos en afrontar los cambios, más nos va a costar», dice Mar Asunción, responsable del programa de clima y energía de WWF.

Son decenas las voces que se han alzado estas semanas pidiendo aprovechar este momento, entre otros el economista Jeremy Rikfin, conocido por defender un gran Green New Deal ante el colapso de la sociedad basada en combustibles fósiles.

Algunas de las ideas que se han puesto en común van desde la prevención a las soluciones basadas en la naturaleza. «Deberíamos aplicar la misma acción temprana que se ha usado con la COVID-19 y aprovechar para reconducir ciertos sectores como, por ejemplo, el energético. Instalando un millón de tejados solares se apostaría por el autoabastecimiento», continuaba Prieto. «Nos atrampa la escala del corto plazo pero, por ejemplo, el turismo ofrece alternativas más sostenibles y menos propensas a grandes pelotazos. En cualquier caso, la naturaleza tiene que ir primero. Estas semanas hemos constatando todos los servicios que nos hace un ecosistema y una criosfera estable… Sin naturaleza, no hay nada», afirma Valladares.

«Hay sectores clave como el agrario, pesquero, forestal, agua y conservación. Si les apoyamos en la buena dirección generaremos empleo y seremos más resilientes a los cambios que nos vienen con la emergencia climática. Si no lo hacemos ahora, estamos abocados a un desastre que nos obligará a retomar estas políticas mucho más tarde y con un mayor coste», afirma Enrique Segovia, director de Conservación de WWF. Algunas ideas pasan por reorientar la PAC para ayudar a la agricultura ecológica (esta misma semana se aprobaban en Europa la Estrategia «De la Granja a la Mesa» y la Estrategia sobre la Biodiversidad) o incentivar la pesca sostenible y de pequeña escala. «Que se dé dinero a las empresas de automoción como han solicitado, pero que esté condicionado a un plan de descarbonización en esta década. Se deben desincentivar las inversiones en actividades emisoras. Tenemos la oportunidad de generar un modelo de transporte más sostenible, no motorizado, impulsando el teletrabajo, transporte público…», matiza Asunción.

La dificultad de compaginar este sistema económico con la conservación de la especie humana dentro del planeta provoca también que haya científicos que desconfíen de las declaraciones de intenciones. «Ha habido muchas Cumbres del Clima y las emisiones siguen rompiendo récords en las atmósfera. Es absurdo pretender que todo funcione como antes del coronavirus, porque es evidente que nada iba bien. Ahora mismo no se está aplicando la lógica de cambiar el sistema, sino que se quiere estabilizar. Sin embargo, hay que reorientar el cómo se produce y se consume», concluye Mario Giampietro, investigador del Instituto de Ciencia y Tecnología Ambientales de la Universidad Autónoma de Barcelona.