Los residuos que moverán tu coche

Ya es posible reaprovechar los productos que han finalizado su vida útil para convertirlos en fuentes de energía sostenible. Ese es el caso de los biocombustibles avanzados, que se fabrican a partir de residuos orgánicos y tienen baja, nula e incluso negativa huella de carbono. No solo contribuirán a la reducción de emisiones de la industria y la movilidad, sino que permitirán a la sociedad disminuir la cantidad de desechos que acaba en los vertederos

La basura que generamos puede convertirse en combustible
La basura que generamos puede convertirse en combustibleShutterstock

La basura que generamos puede convertirse en combustible y hacer que un vehículo se ponga en movimiento. Los biocombustibles avanzados, que se producen a partir de una amplia gama de residuos orgánicos, constituyen una alternativa para reducir emisiones de CO2 y cumplir las metas establecidas en el Acuerdo de París.

El primer paso es reciclar. Según el último informe de Eurostat, cada español generó aproximadamente unos 480 kilos de basura en 2019. En total se produjeron unos 22 millones de toneladas de residuos urbanos, de los que solo se recicló el 29,7%, mientras un 56,7% acabó en los vertederos del país. Recuperar estos desechos puede ser una oportunidad para gestionar de forma más eficiente los recursos, ya que, en la actualidad, la tecnología nos permite convertir en energía parte de esos desechos que generamos.

Residuos urbanos, forestales y agrícolas, aceites de fritura usados, grasas, papel o cartón son algunas de las materias primas con las que se pueden producir los biocombustibles avanzados, que tienen nulas o bajas e incluso negativas emisiones de CO2. Esta nueva generación de biocombustibles destaca por su gran versatilidad, con aplicaciones tanto en el sector de la movilidad como en la industria.

Desde hace años, los biocombustibles se mezclan con los combustibles convencionales, ya que tienen propiedades físico-químicas similares y como ellos, una elevada densidad energética. Por tanto, son totalmente compatibles con los motores que utilizan los coches actuales, lo que permite aprovechar las infraestructuras de distribución y repostaje ya existentes.

En España, Repsol incorpora biocombustibles a sus carburantes de automoción desde hace dos décadas. En los últimos años ha ido incrementando el contenido de biocombustibles, hasta alcanzar un 8,5% en el año 2020, de acuerdo con los requisitos regulatorios en España.

De la economía lineal a la circular

Los modelos clásicos de producción basados en «extraer, producir, consumir, tirar», han dado paso a otros más sostenibles, los basados en la economía circular, que apuestan por minimizar el consumo de recursos vírgenes y la generación de residuos, así como por fomentar el reaprovechamiento de los mismos.

Y así, por ejemplo, resulta posible crear biocombustibles a partir de aceites de cocina usados provenientes de los desperdicios de restaurantes. En su producción se utilizan restos que, de otro modo, acabarían en vertederos, y una vez allí, algunos se eliminarían a través de un proceso de combustión que generaría a su vez más emisiones de CO2.

Los residuos urbanos son una de las principales materias primas de los biocombustibles avanzados. Según la Asociación Nacional de Fabricantes de Biocombustibles y Combustibles renovables (Afabior) pueden contribuir a evitar que un 30% los desperdicios terminen en los basureros, favoreciendo así a que España cumpla con la nueva legislación medioambiental europea.

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Diferentes alternativas para la movilidad

En los próximos años, el desarrollo de los biocombustibles avanzados ofrecerá a los usuarios del transporte por carretera la posibilidad de elegir entre distintas tecnologías de bajas emisiones de carbono, entre las que también figurarán alternativas como la electricidad, el hidrógeno renovable o los combustibles sintéticos. Incluso el papel de los biocombustibles será más relevante en el transporte de larga distancia por carretera o en el sector marítimo o aeronáutico, donde opciones tecnológicas como la electrificación no son viables en estos momentos.

En el caso de la aviación, Repsol utilizó el pasado verano materia prima de origen vegetal para fabricar el primer lote de keroseno con biojet para el mercado español en su Complejo Industrial de Puertollano. La producción fue de 7.000 toneladas de combustible y su uso evitará la emisión de 440 toneladas de CO2 a la atmósfera; el equivalente a 40 vuelos Madrid-Barcelona.

La producción de estos primeros lotes de biojet a partir de materia prima de origen vegetal refleja el esfuerzo tecnológico que las empresas del sector energético están haciendo para adaptar sus instalaciones actuales. El reto es poder utilizar desechos de diferentes orígenes como materias primas y convertirlos en productos (combustibles y materiales) neutros en carbono. Concretamente, en el caso de Repsol, el objetivo es utilizar hasta 4 millones de toneladas anuales de residuos, ya que, en los próximos años, acelerará la producción de todo tipo de biocombustibles sostenibles, alcanzando un total de 1,3 millones de toneladas en 2025 y más de dos millones en 2030.

Desarrollo de biocombustibles en Repsol Technology Lab
Desarrollo de biocombustibles en Repsol Technology LabRepsol

Una de las instalaciones pioneras en España en el uso de residuos como materia prima será precisamente la planta que la compañía energética va a construir en su refinería de Cartagena, que, además, será la primera de este tipo en el país. Producirá 250.000 toneladas de biocombustibles avanzados a partir de 2023. Coches, camiones y aviones podrán usar este producto sostenible. 900.000 toneladas de CO2 al año serán evitadas. Esto es, aproximadamente, el equivalente a la absorción de CO2 de un bosque con una extensión similar a 180.000 campos de fútbol.

La planta de Repsol supondrá una inversión estimada de 188 millones de euros. Y es que, la economía circular es uno de los pilares del Plan Estratégico 2021-2025, con el que la compañía quiere acelerar la transición energética y seguir avanzando hacia su objetivo de ser cero emisiones netas en el año 2050.

El futuro pasa, por tanto, por proporcionar distintas alternativas para la movilidad, cada vez más sostenibles. Y si estas opciones además impulsan la economía circular en España, contarán con un valor añadido, al favorecer un uso y reutilización eficiente de los recursos y las materias primas a lo largo de su ciclo de vida.