Franciso J. Tapiador, físico y escritor :«Negar el cambio climático es como afirmar que la Tierra es plana»

Francisco J. Tapiador, físico y escritor
Francisco J. Tapiador, físico y escritor FOTO: La Razón

Cómo será el clima cuándo sus hijos se conviertan en adultos? Esta es la pregunta que pretende resolver el último libro de Francisco Javier Tapiador (Valladolid, 1973). Profesor de Física de la Tierra en la Universidad de Castilla-La Mancha, trabajó como científico para la NASA y fue vicepresidente del Grupo de la Atmósfera de la Sociedad Española de la Física, fundada en 1903 por el premio Nobel José Echegaray. En «El clima de tus hijos» (Next Door Publishers), Tapiador construye un puente entre las ciencias y las letras para que cualquier persona interesada en el clima pueda iniciarse en este campo y dotarse de razones sólidas para mejorar el planeta.

–Para un físico debe resultar complejo transmitir ideas complejas con tanta sencillez...

–La verdad es que ha costado. El efecto invernadero es difícil de explicar sin tecnicismos. Pero, mientras escribía el libro, me imaginé que se lo estaba contando a mi padre de 94 años. Tenía que lograr que una persona como él pudiera entender lo que está pasando.

–¿Su padre ha tenido la oportunidad de leerlo?

–Sí, cogió sus gafas y comenzó a leerlo despacito, porque no tuvo la oportunidad de estudiar.

–¿Y lo comprendió?

–Bastante bien. Hasta me preguntó cosas y todo. El libro está escrito con lenguaje sencillo, sin ningún gráfico y cuenta con las ventajas de que a la gente le van sonando los conceptos relacionados con el cambio climático.

–«El clima de tus hijos», ¿es un libro dirigido a las familias?

–Yo te diría que no. Definitivamente, no es un libro para niños, pero sí para que los padres y las madres puedan estar informadas de lo que supondrá no actuar contra el cambio climático. El mensaje es «si no lo haces por ti, hazlo por tus hijos». Porque la emergencia climática no es como la Covid, que nos la hemos «encontrado», es un problema a largo plazo. En 30 años, la situación será insostenible.

–¿Ya se notan sus efectos?

–Sí. Mi trabajo como investigador consiste en estudiar las precipitaciones y ya está comprobado que llueve a destiempo, que las estaciones se están alargando o acortándose y que tenemos temperaturas inusuales para las que tocaría en ciertas épocas del año. Con el tiempo, las lluvias serán cada vez más erráticas e irregulares. Habrá aguaceros y largos periodos de sequías. Esta situación afectará a los cultivos (lo que nos da de comer), a la disponibilidad de agua potable y a la salud de las personas. Eso es el cambio climático.

–Aún quedan quienes no se lo creen. ¿Qué les diría?

–Que la emergencia climática es real y que es un problema serio. No es una cosa de «cuatro perroflautas ecologistas», no es solo «preocupémonos por los osos polares y las plantitas», es «preocupémonos por nosotros mismos y nuestros descendientes». Las pruebas que relacionan la actividad humana con la aceleración del proceso de calentamiento calentamiento global son tan abrumadoras que nadie sensato sostiene otra cosa. Negarlo es como afirmar que la Tierra es plana. No conozco ningún climatólogo de nivel internacional que discuta los resultados que he recogido en este libro.

–Pero sí conocerá a algún político...

–Parece que ser ecologista va en un paquete ideológico y oponerte a ello va en otro. Pero el medio ambiente no es ni de derechas ni de izquierdas. Atajar el cambio climático es beneficioso para todos porque, seamos sensatos, ¿a quién le gusta respirar aire contaminado, sufrir un golpe de calor o beber agua sucia? A nadie. Así que pongámonos a trabajar para dejar un planeta decente a nuestros hijos. No hace falta renunciar al bienestar y al desarrollo. Tan solo hemos de cambiar la forma de lograrlos.

–¿Cuál sería esa forma?

–Por el momento, pasarnos a las energías renovables, dejar de emitir CO2 en la producción de cemento o en el transporte, reciclar más para gastar menos energía... Es cierto que lo que podemos hacer a nivel individual es poquito, pero en colectividad podemos exigir que los gobiernos y las empresas se pongan manos a la obra.